Antes de tomar una decisión, hazte estas 10 preguntas

Hay quien dedica días y meses a tomar una decisión, y quien se mueve desde el impulso e improvisa sobre la marcha su apuesta.

En cualquier caso, los extremos ya se ha demostrado que no resultan muy productivos, y aunque para gustos los colores, lo deseable es que la decisión no nos pase factura por imprudencia o por bloqueo.

Recursos de eficacia limitada para la toma de decisiones:

Probablemente, cuando te enfrentas a una decisión, sueles utilizar estos dos recursos tan manidos que, si bien pueden ayudarte, también pueden ocasionarte más confusión:

Preguntar a gente de tu confianza qué haría en tu lugar

El asesoramiento es un instrumento potente, ¡qué voy a decir yo, no tiraré piedras sobre mi propio tejado!

Sin embargo, es necesario que, quien te asesora, tenga alguna vinculación o conocimiento sobre la materia de interés, además de habilidades para facilitar este proceso.

Al contrario de lo que la mayoría piensa, el buen asesoramiento es el que te enseña a acceder a información que no considerabas, el que te cuestiona algunas creencias limitantes y distorsionadas, y el que te ayuda a generar una nueva versión de tus interpretaciones.

Si el asesor, sea un profesional, un amigo o un familiar, decide por ti, no te está facilitando, más bien te está dificultando la toma de decisiones.

Valorar simplemente los pros y los contras de cada una de las opciones.

Como primera aproximación está bien.

El problema es que resulta insuficiente e interminable, en el sentido de que puedes permanecer durante semanas alargando esta lista de ventajas y desventajas sin decidirte.

Es más, seguro que te has descubierto a ti mismo en esta situación, pasando en bucle de la columna de lo bueno de una opción a lo malo de la otra.

Y cuando ya tenías decidido A, empiezas a ver todos los problemas que te va a dar, y te vas a B en un círculo vicioso y eterno.

Preguntas productivas para facilitar la toma de decisiones.

Puede ocurrir que estés tan orientado a buscar respuestas, que olvides que es necesario formularte las preguntas adecuadas.

No tengas prisa, no las leas sin más, no hagas que sean otros los que las contesten por ti. Deja la mente libre y atrévete a responderlas, poco a poco:

 #1. ¿Esta decisión afectará a mi vida dentro de 1 año? ¿Y de 5 o de 10?

Algo que puede ayudarte es distinguir bien el alcance que tu decisión puede tener en tu vida a corto, a medio y a largo plazo.

Esto influirá en que estés más o menos dispuesto a arriesgar ciertas cosas y a afrontar algunas dificultades añadidas.

Intenta visualizarte a lo largo de una línea de tiempo, y observar la repercusión que puede tener en ti esta decisión.

#2. ¿Qué está ocurriendo en estos momentos en tu vida? ¿Qué perdidas estás teniendo ahora que te encuentras ante esta decisión?

Puedes estar posponiendo esta resolución, e incluso llevar meses con ello, porque te olvidas de cuál es el motivo que te ha colocado ante este cambio.

El bloqueo puede disminuir, si tomas conciencia de lo que estás perdiendo. Conecta con lo que tu pasado y tu presente te están demandando para que decidas.

Tener esto en mente ayudará a no procrastinar más la acción de tomar una determinación.

#3. ¿Qué es lo peor que podría pasar, si te equivocaras?

Esta pregunta ayuda a desmontar expectativas dramatizadoras, al tiempo que tomas conciencia de la repercusión práctica real.

Una vez que visualizas el resultado más negativo de la opción elegida, pregúntate si las consecuencias afectarían a un área importante de tu vida, cómo y cuánto.

¿Te imaginas afrontándolo?

¿Te sientes capaz de abordar el peor de los escenarios?

Y de estas reflexiones, enlazaríamos con la siguiente cuestión.

#4. ¿Se te ocurre alguna manera de hacer reversible en algún grado los inconvenientes que acarreara la opción elegida?

Imagina por un momento qué recursos necesitarías para poder minimizar el impacto de las desventajas.

  • Qué ayudas externas serían adecuadas, y quién te las proporcionaría.
  • Qué habilidades o destrezas tendrías que desarrollar para desarmar los contras que aparecieran.

Una vez que hayas hecho esta estimación, sabrás exactamente el riesgo que corres y cómo disminuirlo.

#5. ¿Puedes utilizar alguna experiencia similar pasada en la toma de decisiones para obtener alguna información de ti mismo?

No hay dos situaciones iguales, de acuerdo, pero seguramente hayas tenido con anterioridad otras experiencias que tengan alguna similitud con la actual.

¿Qué información fue importante en aquellas decisiones?

¿Qué recuerdas que te ayudó de forma determinante en aquel entonces?

¿Qué has aprendido desde aquella ocasión que ahora harías de forma diferente y en este presente?

#6. ¿A qué ventajas serías capaz de renunciar en tu decisión?

Esta pregunta es clave para no volver atrás cuando escojas una opción.

Cuántas veces tomas una decisión (opción A), sientes que es la mejor, y prácticamente horas después, empiezas a pensar: “Me voy a perder esto de B, tampoco tendré esto de C, y voy a echar de menos esto de …”

Te castigas haciendo hincapié en lo que dejas atrás en lugar de hacer foco en lo que has seleccionado y que entra nuevo.

“Escoger un camino significa abandonar otros. Si pretendes recorrer todos los caminos posibles acabarás no recorriendo ninguno” – Paulo Coelho

Sé consciente de aquello a lo que renuncias voluntariamente, y comprométete contigo mismo a respetarlo.

 

#7. ¿Cuál de las opciones que se te presentan pueden estar más alineadas con tus valores actuales y tu yo actual?

La mejor opción no es ni evidente, ni universal, ni estática. Esto significa que variará según los valores y la etapa vital del protagonista.

Haz que la alternativa que escojas sea personalizada, esté hecha a la medida de tus valores actuales y originales, aquellos que no son prestados.

#8. ¿Tienes alguna creencia o pensamiento relacionado con miedos que te impida escoger la opción que intuitivamente quieres?

Elige desde el amor (lo que quieres) y no desde el miedo (lo que evitas, lo que temes).

Cuando descartas opciones que deseas, porque no te sientes capaz, porque te da miedo hacer el ridículo o perder la aprobación de terceros, te estás traicionando a ti mismo.

Explora tus creencias limitantes, las que te están haciendo postergar esa decisión. Y si el camino se te hace duro, busca el asesoramiento de un profesional.

#9. ¿Qué estás dispuesto a hacer (compromiso) por desarrollar al máximo cada una de las opciones?

Decidir no es un acto de fe, ni debe simplificarse meramente a la intuición, aunque esta sea un elemento importante.

Implica también una toma de conciencia y un compromiso con lo que decides. Sea cual sea la opción escogida, va a demandarte una serie de cambios.

  • ¿Estás dispuesto a desarrollar nuevas habilidades con constancia?
  • ¿A salir de tu zona de confort?

 

#10. ¿Necesitas obtener alguna información más para decidirte?

Con esta última cuestión, te invito a recopilar toda la información que necesites y consideres, recordando que un exceso de la misma, puede conducirte a una parálisis por análisis (de tanto analizar, me bloqueo y detengo la acción)

 

¿Qué preguntas sueles hacerte antes de tomar una decisión?

Cuando tienes que escoger entre varias opciones, ¿qué te ayuda?

Por | 2019-10-08T21:18:19+00:00 octubre 14th, 2019|Desarrollo personal, Psicología|Sin comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

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