Obsesión con el pasado, obsesión con lo que fui, tuve y perdí

No hay descansos ni momentos para desconectar, la persona que se ha obsesionado con el pasado vive por y para rememorar cada uno de los instantes de la película que se proyecta en su pantalla interior. Pareces ausente, todo el presente se te antoja tedioso e inoportuno.

Cuando el ayer va ganando espacio al hoy, corres el peligro de quedarte atascado en ese pretérito viaje, y esto puede suceder por muchos motivos:

#1. Un amor al que no consigues decir adiós, y que resucita cada velada en sueños, a pesar de que la cruda realidad es incuestionable: ya no está aquí.

#2. Una parte de tu identidad o autoconcepto anterior  ha quedado idealizada. No te reconoces en la actualidad, porque sigues identificándose con el que eras antes. Esto puede darse cuando se sigue añorando exageradamente la juventud, la talla o complexión física previas, las habilidades motrices o destrezas de hace veinte años, etc.

#3. Un rol o estatus que la realidad ha dado por finalizado, pero que como adicto al pasado te resistes a clausurar, privándote de adquirir otros nuevos potencialmente enriquecedores. El jubilado que no acepta el cambio de ocupación, el que está en la bancarrota y sigue viviendo como en época de bonanza, etc.

#4. Un suceso traumático que revives con angustia, pues necesitas constantemente recordar lo que viviste, por qué y cómo: una pérdida de un ser querido, un accidente, un suceso de intimidación (robo, abuso, pelea, maltrato) etc.

Todos podemos sentir cierta nostalgia en algún aspecto de nuestra vida, y es normal, pero hay señales que delatan un abuso del pasado a las que tenemos que estar atentos:

  • Idealización. Magnificar las ventajas y cualidades de una persona, circunstancia o aspecto del pasado, y minimizar los inconvenientes o defectos al estilo de “cualquier tiempo pasado fue mejor…”
  • Monotemática. El ayer ocupa más espacio en las conversaciones y más tiempo en el pensamiento que el concedido al presente. Los allegados te lo detectan y suelen señalarlo con comentarios tales como “estás obsesionado con lo de antes”, “¿otra vez con el mismo tema?”, “siempre cuentas las mismas cosas, avanza”.
  • Incapacidad para dar cambios en el presente, excusándote en lo vivido antaño. Como víctima del pasado justificas tu pasividad actual en las limitaciones y condicionamientos que te ha dejado lo sufrido: “yo ahora ya no puedo”, “después de lo que pasé, no me veo con fuerzas”)
  • Rebobinado. Traes al momento presente una conversación, experiencia o emoción antiguas, con todo lujo de detalles, repasando al milímetro la escena, hasta convertirlo en un pensamiento negativo recurrente u obsesión.

Si has experimentado algunas de estas características con relativa frecuencia, y además, te provocan malestar en cierto grado, impidiéndote disfrutar completamente del aquí y el ahora, es bueno que sepas que no tienes porqué permanecer enganchado y resignarte.

Di “no” a tu obsesión, puedes solicitar asesoramiento psicológico y el profesional te orientará sobre qué estrategias seguir para romper con esta adicción al pasado.

 

Acabamos este artículo con la canción “Todo se olvida” de Carlos Baute, dedicada a todos los que ahora mismo estáis en ese proceso. ¡Ánimo!

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Photo Credit: Gabriel S. Delgado C.