Los cuidadores que necesitan ser cuidados

No es ninguna novedad que los profesionales sanitarios son uno de los colectivos que mayor índice de estrés arrojan.

Hay numerosos estudios que avalan cómo este grupo puede llegar a experimentar el síndrome de estar quemado (síndrome de burning out), si no son escuchados y atendidos antes de que el estrés cronificado haya desembocado en trastorno de ansiedad, depresión, somatizaciones u otras patologías.

Afortunadamente, empieza a ser más normalizado el mensaje de que los cuidadores han de ser cuidados, y no solo los informales (personas con familiares en situación vulnerable o dependiente), sino también los cuidadores profesionales que se dedican, mucho más de lo que sería una jornada convencional, a la atención de otros.

Creencias limitantes de la sociedad

Los profesionales sanitarios aguantan más que otros antes de enfermar

Aunque la sociedad entiende, en líneas generales, que la calidad del servicio que reciban por parte de los profesionales sanitarios depende en gran medida del estado de salud de estos mismos, a la hora de la verdad, en situaciones de demanda, como se ha visto en algunos meses de la pandemia, lo que prima es el “necesito que alguien me atienda ya”.

Y esto se da no solo en la sanidad pública, sino también en la privada, donde actualmente desempeño mi quehacer profesional.

Los profesionales del desarrollo personal seguimos siendo vistos como individuos altruistas que regalan su tiempo, su energía y sus conocimientos, sin filtro, anteponiendo siempre el interés de otros al suyo propio.

Sin embargo, es importante decir que, aunque existen compañeros sanitarios que para mí son héroes y heroínas, no es nuestra obligación, ni cometido, dejarnos la vida y nuestra propia salud para salvar y cuidar la de otros.

Somos seres humamos y como tales, tenemos nuestras limitaciones, no estamos hechos de un material distinto, y podemos flaquear y enfermar de la misma manera que el resto de los mortales, si no nos cuidamos.

Así que no, no podemos con todo, no podemos aguantar más que otros (estando sanos claro), necesitamos desconectar igualmente del trabajo y, aunque retrasamos las bajas laborales por solidaridad con los compañeros y pacientes, eso no significa que las necesitemos menos que los demás.

Como su trabajo es vocacional, pueden estar disponibles las 24 horas.

No, ni 24/7, ni en pleno funcionamiento siempre.

Para que pueda entenderse, piensa en una actividad que te apasione, en la que además te consideres competente o habilidoso. Seguro que sientes que fluyes con ella y que te motiva, pero ¿realmente crees que por eso podrías dedicarle 24 horas?, ¿siempre tienes la misma motivación hacia ella?, ¿no necesitas, a veces, hacer otras cosas o descansar de esa tarea?

Para poder conectar de nuevo con los consultantes o pacientes, se necesita poder retirarse, limpiarse mentalmente, recargarse, porque todas las profesiones que son de cara al público, en especial las sanitarias o educativas, conllevan mucha implicación emocional.

Creencias limitantes de los propios sanitarios

En los últimos años, es bastante frecuente que acudan a mi consulta psicólogos, nutricionistas, médicos, coaches, terapeutas, etc. Eso significa que se están concediendo la oportunidad de cambiar los papeles y ser ellos los que reciben el cuidado.

No obstante, todavía, algunos me confiesan en las primeras sesiones que les ha costado dar ese paso, y que eran sus mismas creencias las que lo habían estado retrasando.

Me da vergüenza, se supone que yo tendría que tener recursos para no haber caído

Esta es uno de los pensamientos más comunes que postergan la petición de ayuda. Se sienten presionados por esa idea de que, si trabajas en el ámbito de la salud o del desarrollo personal, deberías de “hacer siempre lo que se tiene que hacer”, tener siempre pensamientos racionales, tener constantemente hábitos saludables y ser un ejemplo intachable de salud andante.

Evidentemente que, trabajando en este campo, y con los conocimientos que tenemos, tenemos más recursos prácticos para acceder a soluciones, pero es muy difícil extraerse uno su propia muela, debatirse uno mismo siempre sus propios pensamientos intrusivos, y autoprescribirse las pautas adecuadas.

Es complicado estar en las dos sillas, ¿no te parece? Ser el agente y el receptor, el que padece y atiende. Somos humanos, y el médico no siempre mantiene hábitos saludables, ni el dietista se relaciona siempre de forma impecable con la comida, ni los psicólogos estamos constantemente con pensamientos ajustados y racionales.

No tengo tiempo para mí, tengo que seguir cuidando a otros.

Puede resultar paradójico, pero así es. “No puedo pararme a afilar el hacha, porque tengo muchos árboles que cortar”. Y con esto, se cae en la trampa de posponer el mínimo de autocuidado por la gran demanda de trabajo para cuidar a otros.

La realidad es que en algún momento ha de revisarse el funcionamiento de la máquina para que esta pueda seguir activa, y la calidad del servicio que se dé, está directamente relacionada con el estado en el que se encuentren las personas que lo llevan a cabo.

De ahí que existan todas las combinaciones posibles que puedas imaginarte, y todas son adecuadas. Psicólogos que van a nutricionistas, dietistas que van a psiquiatras, psiquiatras que van a psicólogos, ginecólogos que van a coaches, y coaches que van a fisioterapeutas…

El cuidador ha de ser cuidado, es imprescindible. Y si es tu caso, no lo demores más, te mereces tener también tu propio espacio de atención.

Por | 2022-01-13T21:19:56+00:00 enero 13th, 2022|Desarrollo personal, Psicología|Sin comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

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