Gestiona la ansiedad, no la elimines

Después de muchos años trabajando como psicoterapeuta, sigo comprobando que cuando propongo al paciente que no se marque como objetivo eliminar por completo la ansiedad, sino aprender a gestionarla (afrontarla, dirigirla, regularla, entenderla), me mira decepcionado y asustado.

¿Cómo? ¿Es que voy a tener que vivir toda mi vida con ansiedad?

¿Me estás diciendo que no voy a poder quitarme por completo esta angustia?

Entonces, es cuando empiezo a pedirle que me de unos minutos para poder argumentarle por qué no es necesario eliminar la ansiedad por completo para encontrarse sano mentalmente y para poder disfrutar del bienestar emocional.

Si estás sufriendo por tu ansiedad, sé que la consideras tu enemigo número uno, que habrás hecho lo habido y por haber por quitártela de en medio, por evitarla a toda costa, por escapar de sus garras asfixiantes, ¿verdad?

Sin embargo, aunque parezca extraño, cuanto más rechazo te provoca su presencia, más refuerzas la idea de que es algo terrible y más incontrolable se te hace, lo cual te genera aún más ansiedad o sube los niveles de la que tenías.

Cuando acudes a un psicólogo o inicias una psicoterapia, es importante que tengas claro que el objetivo no será eliminar la ansiedad, sino aprender a gestionarla. Y sé escéptico con quien te diga lo contrario.

La ansiedad en sí no es algo patológico, es algo inherente a la condición humana. Has de saber que es un sistema de alerta y activación ante situaciones consideradas amenazantes.

Es un fenómeno que vivimos todos, sin excepción; y que, bajo condiciones normales, mejora el rendimiento y la adaptación al medio social, laboral, o académico.

De hecho, tiene la función de movilizarte frente a circunstancias amenazantes o preocupantes, de forma que hagas lo necesario para evitar el riesgo, neutralizarlo, asumirlo o afrontarlo adecuadamente.

Por ejemplo, te ayuda a activarte energéticamente para estudiar, si tienes un examen, una entrevista de trabajo o una cita importante. También te ayuda a huir para protegerte de un peligro (coche que acelera, incendio, etc.)

Sin embargo, cuando supera determinados niveles, se vuelve entonces limitante, en lugar de adaptativa, lo cual acaba manifestándose en algo patológico y dañino.

No tienes por qué resignarte a vivir con un trastorno de ansiedad, lo que sí tienes es que aprender a regular los niveles de tu activación fisiológica y emocional para que no llegues a desencadenar dicho trastorno.

Es decir, que con la ansiedad puedes y debes aprender a convivir, adquiriendo herramientas para regular su intensidad y frecuencia, al tiempo que descubres qué cambios de comportamiento has de llevar a cabo para que la ansiedad no te hable tan alto.

Eso es lo que hace la ansiedad, subir su volumen o intensidad para darte un mensaje que no consigues oír. Suele traerte un aviso sobre un cambio pendiente, algo que es necesario que modifiques en tus hábitos, contexto, vínculos, etc. para que estés mucho más alineado con tus verdaderos valores.

Por supuesto, hay herramientas para que puedas regular más fácilmente estos niveles disfuncionales de ansiedad, pero has de utilizarlas teniendo claro que la meta no es que tu activación desaparezca por completo.

Si tienes esto en mente, cuando surja, no intentarás taparla a toda costa, consiguiendo el efecto contrario al deseado (no amordaces a quien tiene algo que decirte); sino que escucharás tu cuerpo para ponerte en marcha y utilizar algunas de estas estrategias:

#1. Stop, escúchate, cítate contigo a solas

Si los niveles de ansiedad que te acompañan, se han convertido en un ruido ensordecedor, es que hay algo que no quieres ver, oír o cuestionarte.

Por favor, detente, nota cómo llevas tu cuerpo a la revolución, extenuación o incluso maltrato. Reflexiona:

¿Estás tratándote bien últimamente?

¿Hay cosas importantes de tu autocuidado que te estás saltando?

¿Estás forzando la máquina cuerpo o mente, sometiéndote a un sobreesfuerzo?

¿Detrás de los síntomas puede haber un “¡basta ya!”?

Hazte una auditoría interna, busca un momento a la semana donde puedas estar tranquilo, a solas, para revisar dónde hay estrés, prisas, agobios, amenazas o desbordamientos.

Si ni siquiera tienes tiempo para hacer esto, entonces la sintomatología irá subiendo hasta llevarte a la enfermedad inhabilitante, así que es mejor que te detengas ahora y escuches lo que tú mismo, honestamente, tienes que decirte.

#2. ¿Te concedes unos minutos diarios de relajación?

Si te has encontrado en una situación que te ha provocado ansiedad, y aún después te sientes inquieto, puedes relajarte y minimizar el efecto de desasosiego posterior.

En otras palabras, usa la relajación como una técnica de autocontrol para el resto de tu vida, antes de una situación que te produzca ansiedad, durante la situación, mientras estás ansioso, y después de una situación ansiógena, si todavía estás intranquilo.

Hacer relajación una vez al día o en cualquier momento en que la necesites, te ayudará a mantener un nivel bajo de ansiedad, y sobre todo a disminuir la ansiedad anticipatoria (antes de un suceso preocupante o nuevo).

Si quieres más información sobre cómo aprender a entrenarte en respiración diafragmática, puedes leer este artículo.

#3. Si quieres que tu cuerpo no se active tanto, entonces disminuye tu dramatismo

Si observas bien, el sentido evolutivo de que tu cuerpo se active fisiológicamente (aumento de tasa cardíaca, hiperventilación, tensión muscular, dilatación pupilar, etc.) es prepararse para una amenaza, peligro o estímulo complejo.

Aunque tengas la sensación de que esto se instaura en ti en cuestión de milésismas de segundos, y es un mecanismo que actúa en automatismo, puedes hacer algo para contrarrestarlo a medio plazo.

A veces, minutos, horas o incluso días antes de un estado de ansiedad moderado, el pensamiento fatalista se apodera de ti, y te hace ver algo de manera dramática y desproporcionada, contándote que los hechos son más aversivos de lo que luego realmente son.

Por eso, es fundamental que estés atento al autodiálogo que te aplicas. Detecta cúando utilizas palabras absolutistas como “siempre, nunca, todo, nada, fatal, horrible, lo peor, etc.”, porque serán un reflejo de la narración dramática con la que describes algún obstáculo en tu camino.

Está bien que rebajes tu nivel de ansiedad fisiológica con técnicas de relajación, pero si no cambias la forma terribilis de hablarte, tu cuerpo seguirá poniéndose en estado de alerta ante la llegada inminente de la guerra que le aventuras.

¿Tienes o has tenido ansiedad alguna vez?

¿Crees que podrías estar sufriendo un trastorno de ansiedad?

Por | 2018-04-30T23:58:50+00:00 mayo 8th, 2018|Psicología|Sin comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

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POR LA AUTORA DE ESTE BLOG

EXPERTA EN TERAPIA PAREJA

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