Por qué tengo ansiedad y para qué

La ansiedad tiene algo que decirte. Tu cuerpo te envía cientos de señales para avisarte de que algo no marcha bien. Algunas son sutiles y pasan prácticamente inadvertidas, mientras que otras, como la fiebre, se hacen tan evidentes que tomas medidas rápidamente, porque sabes que detrás puede esconderse algo importante: infección, trastornos inflamatorios o autoinmunes, etc.

Cuando lo que el organismo te envía son síntomas de ansiedad como aumento de la tasa cardiaca, tensión muscular, mareos, dificultad para respirar con normalidad, etc., al principio no sueles identificarlos como tal y sólo, tras una primera visita a tu médico de atención primaria, quien descarta que se correspondan con una enfermedad física, es cuando empiezas a tomar conciencia de que lo que te ocurre ha llegado a tu cuerpo, pero no se ha originado allí.

La ansiedad, como la fiebre, también trae encerrado un mensaje que te toca descifrar, pero si corres a taparla o eliminarla de forma radical desde el inicio con algunos psicofármacos como única solución, puede que te estés privando de escuchar lo que tiene que decirte: “algo de tu vida no va bien, te produce malestar e insatisfacción y, quieras o no, tu cuerpo ha captado lo que tu mente tenía que transmitirte”.

Una vez que has experimentado ansiedad, que sabes identificarla y que un profesional te ha confirmado el diagnóstico, sería bueno poder darle un sentido y descubrir la función que está teniendo en ti, ¿no crees?. Cada quien tendrá que buscar el significado individual, aunque los motivos más frecuentes por los que suele aparecer pueden agruparse en:

#1.“Vas demasiado deprisa, quieres hacer más cosas de las que realmente puedes”.

Esta es una de las principales razones por las que puede invadirte la sintomatología ansiosa. Has adquirido demasiados compromisos, no sabes o no quieres delegar en otras personas y la sobrecarga de obligaciones está haciendo mella.

Tienes la sensación de que te faltan horas y días en el calendario (mala gestión del tiempo), encadenas unas actividades con otras, llegando atropelladamente a los sitios. Cuando la ansiedad aparece, es hora de parar, repartir tareas y responsabilidades, saber decir “no” y reconocer que estás desbordado.

#2. “Hay algo que estás haciendo que no quieres hacer. Estás actuando coaccionado e inhibido”.

 Observa si te sientes manipulado o coartado en tu libertad de acción; si estás llevando a cabo cometidos sin pleno convencimiento o agrado; si estás anteponiendo las necesidades y gustos de otros a las tuyas por miedo a decir “no”; si cedes en la mayoría de ocasiones y hace tiempo que has dejado de tomar decisiones voluntariamente, etc.

Detrás de respuestas afirmativas, la ansiedad asoma para recordarte que puedes volver a tomar las riendas de tu vida y elegir cómo quieres vivirla. Tu opinión y tus sentimientos cuentan, al menos tanto como los de los demás.

#3. “Deseas hacer algo y no llegas a realizarlo. Lo estás retrasando indefinidamente”.

El peso de tener asignaturas pendientes te lo vas cargando a las espaldas, traduciéndolo en una tensión y preocupación constante. Búscale una utilidad y aprovecha para afrontar los miedos, tabúes, prejuicios e inseguridades que hay detrás. La ansiedad ha llegado para avisarte de que la diferencia entre tu yo ideal y el yo actual es excesiva, y es bueno que empieces a acortarla.

El malestar por no intentarlo es ya mayor que la incomodidad o el temor que puedas llegar a sentir si las cosas no salen del todo bien o como esperas. Entre hacer y no hacer, elije la acción.

Vive con tranquilidad, libertad y sin posponer.

Te dejo con un vídeo de Eva González, Practitioner Pnl y ex-ansiosa, como ella misma se define, en el que nos deja su testimonio sobre el gran paso que supuso para ella comenzar a entender el mensaje que le traía su ansiedad:

 

Si quieres empezar a buscarle un sentido a tu ansiedad y combatirla, pregunta, consulta.

 

Ansiedad: ¿Cuál es el mensaje que te ha traído a ti?

¿para qué crees que tienes ansiedad?