Esa negatividad que se cuela por tu mente

Todos hemos tenido la oportunidad de comprobar en alguna ocasión cómo otra persona ante las mismas circunstancias que nosotros se siente de forma distinta, y esto es porque lo que determina nuestras emociones no es lo que nos ocurre, sino la interpretación que hacemos de ello.

La realidad no nos llega a todos por igual, puesto que cada quien la percibe, interpreta y codifica según sus esquemas, creencias, valores o paradigmas.

Este ejercicio de intentar explicarnos lo que vivimos es constante,  tanto que no siempre somos conscientes de lo que estamos pensando, es entonces cuando hablamos de pensamientos automáticos. Lo primero que identificamos es la emoción: nos sentimos mal y no sabemos por qué; pero detrás de ese sentimiento, hay un pensamiento negativo que se ha desencadenado y del que a veces no nos percatamos.

Veamos algunas de sus características:

#1. Son mensajes específicos, discretos.

Esto quiere decir que, si te entrenas en detectarlos, puedes averiguar qué palabras y qué tono empleas para hablarte, de forma tan nítida como si fuera el discurso de alguien a quien escuchas con atención.

#2. A menudo parecen taquigrafiados.

Están compuestos por una palabra o frase corta recurrente que se convierte en una especie de título que te lleva a un grupo de recuerdos temidos, suposiciones o autorreproches, pudiendo acompañarse de una imagen fugaz.

El pensamiento negativo automático puede ser una breve reconstrucción de un suceso pasado (rebobinar), una creación ficticia (y si hubiera dicho o hecho…), una adivinación en negativo  (anticipar el futuro), una exigencia culpabilizadora (“habría de, tendría que, o debería”) etc.

#3. No importa lo irracionales que sean, casi siempre te resultan creíbles, porque apenas te cercioras de ellos.

Los das por válidos, sin cuestionarlos, confundiendo el mapa con el territorio y asumiendo que lo que piensas es lo que sucede. Sin embargo, una práctica continuada para traerlos al plano de la consciencia puede ayudarte a analizarlos desde la lógica y comprobar si te llevan a conclusiones exageradas.

#4. Son tan automáticos que se viven como espontáneos.

Entran brusca y repentinamente en tu mente, creando la ilusión de verdades absolutas cuando detrás esconden estereotipos, juicios de valor etc.

#5. Son aprendidos.

La forma que tienes de interpretar la realidad viene condicionada por la información que te han ido aportando desde la niñez las distintas fuentes de influencia: familia, amigos, medios de comunicación, etc.

#6. Son difíciles de desviar.

Llevan tanto tiempo contigo y les concedes tanta verosimilitud que se te cuelan en el diálogo interior, como una voz en off permanente.

Afortunadamente, a pesar de que ejercen una poderosa presión en tu forma de pensar, existen técnicas (parada de pensamiento, saciación, etc.) para poder detener estos pensamientos invasivos y cuestionarlos activamente. En próximos artículos hablaremos de ellas.

Para acabar, pongamos un toque de humor con un extracto de la película “Sopa de ganso” de los Hermanos Marx, que ejemplifica claramente la intromisión de los pensamientos negativos, a veces sin fundamento, junto con las emociones negativas que van generando rápidamente y las consecuencias nefastas  y absurdas que pueden acarrear.

“Lo que uno puede montarse en su cabecita en cuestión de segundos”:

Si sientes malestar de forma continuada porque no puedes parar este tipo de pensamientos negativos, pregunta, consulta.

¿Tienes pensamientos negativos automáticos?

¿Los detectas? ¿Puedes pararlos?

Photo Credit: Kryziz Bonny