Excusas para no ir al psicólogo: pilladas, detectadas y descartadas

¿Conoces esa sensación de saber que algo es bueno para ti, pero no atreverte a dar el paso? En artículos anteriores, he intentado acercarte algunos de los motivos más frecuentes para acudir al psicólogo, haciendo hincapié en cómo no hace falta tocar fondo o padecer un trastorno mental tipificado para consultar, pues del asesoramiento psicológico pueden beneficiarse multitud de personas.

Has detectado que tienes un problema y necesitas ayuda, pero te pones las trabas tú mismo para que el hecho de ir al psicólogo se convierta en una asignatura pendiente que vas postergando mes tras mes. Sí, excusas que se van acumulando y te lo ponen francamente difícil para poder sentirte bien.

“Sí, me gustaría, pero…”

“Sí, sé que lo necesito, pero…”

“Sé que me vendría bien ir, pero…”

“Ojalá pudiera ir, pero no puedo porque…”

Estas son sólo algunas de las frases con las que arranca tu buena intención antes de ser noqueada por doña excusas, camuflada de mil maneras distintas para llevar a cabo su cometido: boicotear el cambio, cargarse tu bienestar.

Aquí te destapo algunas de esas excusas para que, de una vez por todas, las detectes y las mandes a paseo:

#1. Es que me da cosa contarle a alguien que no conozco mis problemas más íntimos.

El hecho de que no mantengamos un vínculo personal con el psicólogo es lo que lo dota precisamente de objetividad, pues el psicólogo es un profesional sanitario que nos va a asesorar desde un punto de vista profesional, sin juzgarnos ni censurarnos.

De la misma manera que cuando acudo al médico a que me examinen me desnudo, ir al psicólogo supone también un desnudo emocional, inevitable para que el otro pueda conocerme y ayudarme desde lo que pienso y siento auténticamente.

Un psicólogo no es un amigo, pero tendrás una relación cálida y de apoyo con absoluta confidencialidad con respecto a lo que habléis y trabajéis. Además, es bueno que sientas que conectas con el profesional, que te encuentras cómodo, que te sientes comprendido.

Para ello, estás en tu perfecto derecho de probar la experiencia, conocer al profesional, y darte la oportunidad de intentarlo.

#2. Es que tampoco estoy todos los días tan mal.

Esta es una de las excusas que me provocan, con la mejor de las sonrisas, esta contestación: “Hombre, faltaría más. Nadie puede permanecer en un estado de malestar intenso permanentemente”.  Incluso en una etapa especialmente dolorosa de nuestra vida, el malestar varía de un momento a otro, y de un día a otro, afortunadamente”.

Ahora bien, el hecho de que tengas momentos en los que el problema no está entre tus prioridades o principales ocupaciones no significa que se haya resuelto; y que, de alguna manera, no te esté influyendo en tu salud y felicidad.

No hace falta llegar a un nivel máximo de malestar y dolor emocional para solicitar asesoramiento. ¿Sólo vas al médico en situación de urgencia cuando ya no soportas el dolor  agudo y su intensidad?

Si haces eso, tanto en un caso como en el otro, te estás privando de beneficiarte de la atención adecuada en las primeras fases de un problema, cuando todos sabemos que es más fácil abordarlo con éxito.

#3. Es que realmente no tengo tiempo para ir al psicólogo.

Entonces quieres decir que no tienes tiempo para ti, para concederte ayuda. Efectivamente, para ir al psicólogo hay que disponer de tiempo para uno mismo. Si hay algo que te provoca inquietud y malestar, no va a resolverse de la noche a la mañana de manera mágica. Fantasear con eso, es evadir la parte de responsabilidad que tienes en  tu presente.

  • ¿Qué tiempo dedicas a tu salud?
  • ¿Cuántas horas inviertes en los demás, en tu trabajo, en dormir, en comer, en ver la tele?
  • ¿Cuántos minutos tienes improductivos?

Piensa en una actividad semanal de la que puedas prescindir, porque no sea prioritaria, algo que de no hacerlo, no tenga repercusión en tu vida. Bien, ahora que lo tienes  identificado, deja de hacer esa actividad e invierte ese tiempo semanal en tu salud mental, en tu bienestar. ¿Tampoco tienes tiempo para intentar sentirte bien y ser feliz?

Si aun así, sigues enganchándote a eso de “con este horario de trabajo; con los niños es difícil; no me daría tiempo allegar a la consulta” etc., aparca ya tus excusas.

Hoy en día tienes la psicoterapia on line (Skype, videollamada, email) con la que puedes recibir asesoramiento psicológico con la misma calidad y eficacia que el presencial, pero desde la comodidad de tu casa y con horarios ampliados (noches y fines de semana)

Compatibilizar tu vida laboral-familiar con tu salud mental es posible.  Ahora ya, pon otro “pero”.

#4. Es que yo no tengo dinero para pagar un psicólogo

Es evidente que no todo el mundo tiene el mismo poder adquisitivo, pero ¿no lo  es también el hecho de que no todo el mundo invierte su dinero en las mismas cosas? Todos somos testigos cada día de cómo cada uno elige no sólo en qué invierte su tiempo y con quien se relaciona, sino también en qué invierte su dinero.

¿En un coche, en un viaje a un hotel, en unas vacaciones, en unas copas el fin de semana, en ropa de marca, en un tratamiento de estética que pago a crédito, en una moto que me financian, en unos muebles, en una tablet, en un blanqueamiento dental, en el gimnasio, en comer fuera de casa?

Lo que da bastante información de las personas no es tanto el dinero del que disponen, sino en qué lo invierten, que no es lo mismo que decir en qué lo gastan. La elección que hagas a la hora de invertir tu dinero hablará de ti, de tus prioridades, de tus valores, de tu salud y del cuidado que te concedes a ti y a los tuyos.

  • ¿Inviertes en tu salud?
  •  ¿Inviertes en tu bienestar y felicidad?
  • ¿Crees que tu bienestar te lo va a dar lo que adquieras, acumules y tengas?

En la actualidad, ir al psicólogo no es un bien de lujo, hay una amplia oferta que ha hecho asequible la salud mental a un amplio porcentaje de la población sin perder la calidad, eficacia y profesionalidad de la psicoterapia.

Una prueba de ello es la psicoterapia on line que, al disminuir los costes en desplazamiento y espacio físico para el profesional, abarata los costes también para los pacientes, ofreciendo una psicoterapia de calidad y más económica.

En definitiva que, el que quiere buscar “peros” siempre los encontrará; la situación ideal no existe. La solución y los recursos están ahí, ahora ya te toca a ti decidir si sigues con excusas o te das la oportunidad de hacer algo diferente.

Si ya se te han acabado las excusas, ahora ya puedes concentrarte en

“cómo” resuelves tu problema. Pregunta, consulta

¿Te imaginas que se te acabaran las excusas y te decidieras a ir?

¿Te imaginas que  pasaras de los “pero es que yo…” y tuvieras esa oportunidad a tu alcance?

¿Cuáles son tus excusas para no ir al psicólogo?