Me da miedo decir lo que pienso

La cantidad de emociones que pueden llegar a reprimirse para evitar conflictos con los que queremos.

Por mi consulta han pasado muchas personas que, por primera vez, ponían nombre a lo que les dolía, porque llevaban meses, o incluso años, sin atreverse a decir lo que pensaban o sentían.

María era una de esas mujeres jóvenes a las que les cuesta hablar de sí mismas.

Solía escudarse en que era introvertida o de pocas palabras, pero lo cierto es que cuando se encontraba en un contexto de confianza tenía muchas ideas que aportar, era locuaz e ingeniosa.

¡Cómo puedo mostrarme tan diferente con unas personas u otras! -se preguntaba a sí misma hasta casi la tortura.

Se sentía un bicho raro en situaciones sociales en las que pensaba que su opinión era absurda.

Creía que lo que iba a decir era ridículo y que, lógicamente, no tenía derecho a participar en conversaciones, si no tenía algo interesante o enriquecedor que aportar.

Eso le provocaba una opresión en el pecho que acababa manifestándose en silencios.

Evitaba participar, y mucho más, discrepar de aquellos que, especialmente, se expresaban con determinación y vehemencia.

Se sentía abrumada por todos los que ponían pasión a su discurso, y jamás se permitía empezar frases con “yo no lo veo así”,” no estoy de acuerdo” o “en mi opinión”.

El miedo a la confrontación de ideas, a sentirse apabullada por la fluidez verbal de otros y el temor a ponerse en ridículo y ser valorada negativamente, la dominaban y le hacían esclava del bloqueo.

Ella acudió a consulta convencidísima de que necesitaba aprender habilidades sociales, pero no tardó mucho en darse cuenta de que ese no era su verdadero problema.

Es más, cuando estaba relajada, era una conversadora social competente.

Sin embargo, después de evaluarla descubrimos que el trabajo terapéutico principal debía de enfocarse en las creencias irracionales acerca de sí misma.

Concretamente, hallamos 3 creencias demoledoras que reforzaban su miedo social y que, afortunadamente, fuimos poniendo en cuestionamiento y refutando a lo largo de las sesiones.

1. Si no puedes decir algo brillante, mejor cállate

Este pensamiento denota una hiperexigencia patológica.

Puede parecer exagerado cuando lo dices en voz alta, pero lo cierto es que puedes llevarlo tan interiorizado que hayas aprendido a creértelo sin rechistar.

Cada vez que algún paciente manifiesta esta creencia en consulta, mi primera réplica, casi automática es:

¿Y a qué juez externo vamos a llamar en cada interacción social que tengas para que diga qué se considera brillante y por qué?

Cuando te venga esta idea boicoteadora a la mente, ten en cuenta que:

  • La valoración de la conversación es subjetiva, y hay tantos criterios como participantes. El tuyo es el tuyo, no ha de ser ni mejor ni peor.
  • Permítete, como lo haces con los demás, no ser perfecto. Concédete el derecho a expresarte, tal y como te ha sido concedido desde que naciste.
  • Vive y manifiéstate. Claro que puedes aprender a mejorar tu discurso, pero la vida no es un concurso permanente de elocuencia y oratoria.

2. Si vas a discutir con alguien, mejor cállate.

Pudiera parecer que evitar las discusiones te resta ansiedad, y te libra de problemas.

Pudiera parecer que esta conducta puede ser adaptativa en escenarios conflictivos.

Lo entiendo. No te gustan las discusiones, te tensan, te duele el estomago y te entra dolor de cabeza.

Pero, ¿has pensado que esto puede deberse a la interpretación que le das al hecho de discutir y al cómo lo hagas?

Si tienes en cuenta todo esto, podrás comprobar que dialogar con alguien con el que discrepas no tiene por qué ser en sí algo negativo.

Puede ser algo enriquecedor, que os haga reflexionar a ambos, que os sirva de estímulo y aprendizaje, siempre y cuando se haga desde el respeto y la asertividad (el arte de comunicarse sin sumisión ni agresividad).

Te animo a que enfoques siempre estas discusiones como intercambio de opiniones, no como luchas de poder en la que gana quien tiene la razón.

Si tu objetivo no es competir, dogmatizar o demostrar la verdad absoluta de tus planteamientos, entonces puedes empezar a disfrutar de conversar con alguien con el que difieres.

Cuando el otro se muestre agresivo, prejuicioso o irrespetuoso, puedes señalárselo con asertividad, y decidir posponer la conversación hasta que se elimine la toxicidad dialéctica, pero no inhibas tu derecho a expresarte

3. Si no eres seguro al hablar, mejor cállate

Obviamente a todos nos resulta más impactante y admirable aquel que defiende sus ideas con pasión y vehemencia, pero el derecho a expresarse es universal, no es algo que solo sea concedido a los maestros de la oratoria o a los líderes natos.

La seguridad en la forma de expresarse es algo que se puede adquirir, no es una cuestión meramente de carisma que se tiene o no se tiene.

Si tienes esta creencia, eres tú mismo quién se está poniendo límites.

Preguntas para cuestionarte esta distorsión

  • ¿Cómo vas a ganar en seguridad a la hora de comunicarte, si no te expones a situaciones en las que puedas practicar?
  • ¿Alguna vez has juzgado de manera benévola los errores de comunicación de otra persona
  • ¿Por qué no te ha parecido tan grave que alguien mostrase sus dudas cuando se expresaba?
  • ¿Por qué crees que los demás no podrían juzgar también de forma benévola tus fallos?
  • ¿Has observado que cuando alguien reconoce abiertamente que duda o reconoce un error, solemos verlo de una manera más indulgente?
  • ¿Has observado que además de la seguridad en la comunicación también valoramos positivamente la autenticidad, la honestidad y que el emisor admita sus imperfecciones?

La comunicación debería ser concebida como un salir al encuentro del otro, no como un juicio, un casting o una competición.

¿Y si vencieras el temor a mostrarte tal cual eres, con tus imperfecciones y tus puntos fuertes?

Si quieres que te ayude y trabajemos juntos a vencer ese miedo, escríbeme y consulta

Para complementar, te dejo un vídeo de Saber vivir «Aprendiendo a decir lo que pienso»

¿Tienes miedo a decir lo que piensas?
¿Crees que no tienes nada interesante que decir?
¿Lo pasas mal cuando los otros hablan con una determinación y seguridad que tú no tienes?

Por | 2019-05-20T10:01:27+00:00 julio 10th, 2019|Psicología|2 Comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

2 Comentarios

  1. marketing@psicoterapiasenvanguardia.com'

    Buen aporte Patricia, muy completa. La comunicación es vital en nuestra sociedad y las emociones están siempre a flor de piel. No es mentira que el mayor temor es enfrentarte a tus miedos.

  2. MALENALGETE@HOTMAIL.COM'
    MALENACHILL en - Responder

    El problema es que hay temas en los que cuesta expresarse, porque parece que por no entender demasido no se deben tocar. A mí me pasa con la política, no me gusta, no entiendo, pero tengo mi criterio, claro. Nunca hablaba del tema pero ahora tengo a mi hijo que ya es mayor y le encanta, entiende y opina sin ningún tipo de vergüenza ni miedo y de verdad que me está ayudando mucho poder debatir con él, cada uno con nuestro punto de vista y ¿sabes qué pasa? que saca de mí lo que ni yo pensaba que había dentro.Ahora el reto es sacar al exterior mis opiniones, con amistades, en el trabajo, ufff, siempre me ha parecido un tema tan propicio para la discusión y quizás por eso huyo de ello. Es miedo, si, miedo a comunicar mis ideas y que molesten o no gusten.

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