¡Que levante la mano quien no se preocupe alguna vez! Todo el mundo se preocupa de vez en cuando, es inevitable, es un proceso que llevamos a cabo casi de manera automática.

Algo que has aprendido, que te han inculcado desde la infancia tus padres, profesores, la sociedad, las noticias, etc.

Es un valor que se transmite, de una generación a la siguiente, porque de alguna manera preocuparse aumenta el sentido de responsabilidad y compromiso, te hace ser más competente, productivo y precavido.

Sin embargo, excederte en la intensidad y frecuencia a la hora de preocuparte, provocaría justo lo contrario de lo que deseas: menor competencia, menor capacidad de reacción y menor eficacia en tus acciones.

¿Preocuparse puede ser positivo?

Para gestionar adecuadamente tus preocupaciones y no sucumbir a ellas, hay que entender su función.

¿Qué sentido tienen en tu vida? ¿Pueden tener alguna función positiva en cierta manera? La respuesta es ”sí”. Las preocupaciones, por sorprendente que te parezca, aparecen en tu cerebro con una misión muy concreta.

Te ayudan a poner el foco de tu atención en un tema que es de tu interés y que requiere de tu intervención, es decir, que están allí para trasladarte el mensaje de “ten en cuenta esto, no lo dejes pasar, hay algo de lo que tienes que ocuparte”

La preocupación es útil cuando:

  • Te avisa de un peligro o un obstáculo, y te permite adelantarte o tomar medidas al respecto. Por ejemplo: preocuparte por si pinchas una rueda antes de un viaje es positivo, porque te permite adelantarte al pinchazo y revisar el estado de los neumáticos.
  • Te ayuda a actuar. Por ejemplo, preocuparte cuando tienes un dolor que persiste, te ayuda a tomar la decisión de ir a consultar al médico; preocuparte por un examen es útil cuando te impulsa a dedicar un tiempo de estudio.
  • En general, las preocupaciones suelen ser positivas y útiles cuando te preparan para la acción, cuando responden a “¿qué puedo hacer para conseguir…?” y cuando al ocuparte o actuar desaparecen por sí solas

¿Cuándo es negativo preocuparse?

Las preocupaciones empiezan a perder su función positiva cuando se apoderan de ti, te invaden continuamente, empiezan a ocupar la mayor parte de tu tiempo, sientes que no puedes controlarlas ni detenerlas, o se manifiestan con tal intensidad y frecuencia que te llevan a un estado de alerta o angustia permanente.

¿Cómo identificar que son improductivas?

  • No te dejan atender otros aspectos de tu vida (leer un libro, enterarte de una película, seguir una conversación, rendir adecuadamente, etc.)
  • Son el primer y último pensamiento del día, y se cuelan de forma brusca y persistente a lo largo del día.
  • Llegas a somatizar, reflejando dolencias en tu cuerpo que no responden a alteraciones físicas, sino a tu estado psicológico: contracturas, diarrea, mareos, taquicardia, problemas de estómago, migrañas, etc.
  • Son tan intensas que te paralizan, haciendo que el miedo bloquee tu acción.

“Estoy tan preocupado porque mi negocio vaya mal, que me siento incapaz de empezar a tomar medidas para la acción: resolver, informarme, ocuparme, planificar tareas, emprender, decidir, asesorarme, etc. Entonces pospongo y evito la acción, con lo que finalmente ocurre lo que tanto me preocupaba. No hago nada para ocuparme y fracaso, el negocio se va a pique”

¿Cuáles son las preocupaciones más tóxicas?

En ocasiones, preocuparse es improductivo e ineficaz, porque los contenidos de las preocupaciones tratan sobre algo:

  • Poco importante. Para discriminarlas de las significativas, pregúntate ¿qué pensarás dentro de un mes, un año o cinco años de este problema?, ¿lo seguirás considerando relevante?, ¿comparado con otras experiencias duras que has vivido qué importancia tiene?
  • Incierto. ¿Qué sentido tiene preocuparse por cómo sobrevivirás si algún día te echan del trabajo, cuando a día de hoy tienes trabajo, y para poder actuar o hacer algo al respecto necesitarías tener más información (indemnización, situación del mercado laboral, recursos futuros, habilidades futuras, etc.) a partir de lo que ocurra?
  • Improbable. Preocuparse por cosas que son francamente improbables es invertir un esfuerzo y un tiempo en algo que sólo existe en nuestra mente. Las predicciones catastrofistas e improbables sólo sirven para restarnos energía y alejarnos de nuestra realidad presente.
    ¿Qué utilidad tiene ahora pensar qué ocurriría si vas andando por la calle y un árbol se te cae encima o te detectan una enfermedad “rara” (de bajísima prevalencia en la población)?
  • Incontrolable. Lo queramos o no hay variables que escapan a nuestro control, sobre las que tenemos poca capacidad de acción o respuesta. Preocuparnos por lo que no podemos cambiar, nos generará ansiedad y frustración.

Conclusiones:

Cuando tengas alguna preocupación, pásale el test de estos cuatro puntos de utilidad. Si no es muy importante, urgente, concreta, probable o controlable (depende de ti), has de saber que tu preocupación es improductiva.

Al empezar a ser plenamente consciente de que algo no es útil en tu vida, le permites que exista, pero comienza a perder fuerza, como una conversación que oyes sin escuchar, porque la consideras irrelevante.

Si te sientes identificado en algún grado, y crees que tus preocupaciones ejercen demasiado control sobre ti, consulta a un psicólogo que te ayude a gestionarlas adecuadamente.

¿Cómo son la mayor parte de tus preocupaciones?
¿Crees que gestionas bien tus preocupaciones?