Miedo escénico: 3 claves para superarlo

Miedo escénico: mayday, mayday, sáquenme de aquí

Hace unas semanas, la cantante Pastora Soler anunciaba su retirada de los escenarios y ponía nombre a su motivo: miedo escénico.

No es el primer personaje famoso (Barbra Streisand, Alejandro Sanz, Antonio Orozco, Marc Anthony, etc.) que sufre este temor intenso y paralizante, que se manifiesta ante un auditorio, cuando se va a bailar, cantar, interpretar o hacer una exposición oral.

De hecho, es algo que sucede al 85 % de la población cuando tiene que interaccionar con un público. ¿Te identificas con ello? Si es así, continúa leyendo, porque te gustará saber que es un problema que tiene solución.

Comencemos por entender las razones que te llevan a padecerlo. Para hacerle frente, te será útil entender lo que le ocurre a tu mente y a tu cuerpo en esas situaciones. ¿Sabes por qué te pasa? Pues para empezar porque obviamente lo que piense ese público no te es indiferente.

Tu miedo es una respuesta emocional y conductual que refleja el respeto y la responsabilidad con la que te tomas aquello que vas a mostrar a los asistentes.

Esto explica por qué es una misión imposible encontrar a alguien competente y con sensibilidad que haya logrado eliminar ese miedo de forma radical y definitiva.

Es decir, que la primera buena noticia es que el miedo ante un auditorio tiene una función positiva y adaptativa. Hace que quieras esforzarte y dar la mejor versión de ti mismo para compartirla con quien te escucha y te ve.

Si logras aceptar que tiene su razón de ser, puede que empieces a considerarlo no como el enemigo número uno a evitar, sino como mera información de tu cuerpo, que conviene gestionar y controlar para que no sobrepase su intensidad y te bloquee.

Imagínatelo como un asistente que viniera a informarte de la responsabilidad que tienes ante el público, de la importancia de que seas competente y lo des todo. En un principio, serviría de apoyo, pero si le dejaras que te fuera recordando esto de forma reiterada cada minuto, incluso cuando estás ya en escena, ¿qué efecto crees que tendría sobre ti este asistente pesado?

Efectivamente, tal y como te imaginas, pasaría de ser una ayuda a convertirse en alguien que te presiona, desanima y agobia.

¿Y cómo te avisa tu cuerpo de que le estás dando demasiado peso a esa responsabilidad y se está transformando en coacción? Pues te manda unos cuántos síntomas, de esos que tanto te asustan, por vía rápida e intensiva, para que le hagas caso sí o sí, lo que viene a conocerse como un ataque de pánico.

Te habrás dado cuenta de que estos síntomas se presentan a tres niveles:

  • Físico: dificultad para respirar, taquicardia, sudoración, hormigueo, diarreas, ganas constantes de orinar, fuerte dolor de cabeza, náuseas, enrojecimiento facial, boca seca, etc. Con este cuadro, se entiende de sobra que, de entrada, te asustes, especialmente al principio, si desconoces lo que te está pasando.
  • Psicológico. Puedes notarte dificultad para concentrarte y recordar. En ese momento, suelen dispararse una serie de pensamientos negativos relacionados con el temor al fracaso. Te castigas con la sola idea de cometer un error, quedarte en blanco, hacer el ridículo o defraudar al público.
  •  Conductual. En este nivel el problema se refleja en tu deseo por escapar de la situación, evitarla a toda costa, salir de allí cuanto antes, ¿verdad? En caso de no hacerlo, tiendes a hablar más rápido, tartamudear, trabarte, bajar el volumen de la voz, quedarte en silencio, flojera de piernas, tics nerviosos, En definitiva, quedas paralizado para la acción.

 

¿Y qué puedes hacer ante esto?

No existe la varita mágica, pero sí una solución basada en el entrenamiento continuado. Algunas claves para comenzar a afrontarlo son:

#1. No intentes eliminar los síntomas, tan sólo reduce su intensidad.

No trates de evitar los síntomas físicos, y mucho menos anularlos por completo, pues producirás el efecto contrario. Cuanto más intentas disimularlos, más intensos se hacen, como si quisieran chillarte cuánto más te tapas lo oídos.

Por eso, una vez llegan, acéptalos, tómalos como una señal de tu cuerpo de que aflojes, y simplemente intenta bajarlos un poco de intensidad.

Para ello puede serte de gran utilidad practicar técnicas de relajación como la respiración diafragmática, que te permitirá llevar más oxígeno a tu cerebro, relajar los músculos y recuperar la tranquilidad.

De esta manera, crearás una nueva conexión. Esta vez, la actuación pública la asociaras a un momento neutro de relajación.

Una técnica muy efectiva es visualizarte actuando/cantando/exponiendo de forma éxitosa y tranquila, al tiempo que practicas relajación. Vas imaginando la escena, a la vez que respiras lenta y profundamente, expandiendo la zona del diafragma.

Habrás establecido una nueva asociación saludable entre la escena pública y un estado de calma. Practícalo cada día durante unos minutos, y antes de salir a escena también.

#2. Date autoinstrucciones positivas y realistas sobre los errores

¿Te has fijado que cuanto más intolerable, crítico y rígido te vuelves contigo mismo, tu capacidad para la acción empeora? ¿De verdad crees que bajo presión intensa rindes mejor?

¿No verdad? Pues empieza por aceptar el error en tu actuación, de hecho sería muy positivo que lo hicieras evidente incluso. No sólo que no lo disimules, sino que con humor lo relativices y lo admitas.

El público es mucho más benévolo con los fallos que se confiesan que con los que se intentan negar o disimular. ¿Y tú, cómo eres con tus propios fallos? El precio por no aceptarlos ya sabes cuál es: el pánico escénico.

#3. Foco en ti, disfrutar de lo que estás haciendo.

¿Imaginar al público desnudo o vestido con trajes ridículos? ¿Mirar a un punto vago, sin concentrarse en nadie en particular? Estas son algunas de las recomendaciones que puedes encontrar en la red con el objeto de que el público no te intimide o presione.

Sin embargo, lo que más puede ayudarte es poner el foco en ti, en ser plenamente consciente de lo que estás haciendo, y no tanto en el público. No se trata tanto de no mirar a los asistentes, sino de incorporarles como un elemento más del ambiente y las circunstancias.

Es como respirar en medio del campo y contemplar las nubes sin detenerse en ninguna en particular, poniendo mucho más el foco de atención en tu respiración que en lo externo. El público es algo externo, luego procura que el foco esté en las sensaciones que te provocan lo que estás realizando (canción, texto, música, etc.).

Si eres actor o cantante, siente lo que estás interpretando. Si eres orador, métete en aquello que defiendes con tu palabra. El foco ha de estar en ese momento, en tu presente interno.

El miedo escénico no es algo que desaparece de la noche a la mañana, pero sí es algo que puede trabajarse y afrontarse positivamente.

Busca ayuda y orientación profesional, el camino te será más fácil. Consulta

Finalizamos con un vídeo del psicólogo y músico argentino Mauricio Weintraub que desde el año 2002 dedica gran parte de su trabajo a realizar actividades para comprender y transformar el Miedo en el momento de hacer música.

¿Has sentido miedo escénico alguna vez?

¿Qué técnicas has utilizado para superar ese pánico escénico?

Por | 2017-07-08T15:33:52+00:00 diciembre 9th, 2014|Psicología|Sin comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

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POR LA AUTORA DE ESTE BLOG

EXPERTA EN TERAPIA PAREJA

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      • Decir adiós a tu ex y poder empezar una vida nueva
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