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Cómo no tomarse las cosas tan en serio

¿Te has fijado lo que se sufre a veces por tomarse las cosas con una seriedad exacerbada? Te quedas afectado, dándole vueltas a ese fallo tuyo, que consideras inadmisible, o a ese comentario inapropiado del otro que te deja mal sabor de boca.

Sin embargo, la seriedad también tiene sus ventajas, ¿verdad? Seguro que has conseguido muchas cosas a lo largo de tu vida por demostrar seriedad en tus acciones, relaciones y compromisos.

Es precisamente esas recompensas obtenidas lo que potencian tu sentido del deber y la seriedad, porque lo asocias a responsabilidad y competencia.

“Soy una persona seria” decimos en una entrevista de trabajo o en una página de contactos cuando queremos demostrar que somos de confianza, que no tenemos miedo al trabajo o al compromiso, que con nosotros se puede contar.

Y es que esta acepción del término “serio” entendido como formal y cumplidor es muy tentadora, especialmente si tienes tendencia a ser perfeccionista, y te mueves mucho desde el “tengo que”, “debería”, etc.

Lo que vengo hoy a contarte es que ser serio/responsable no está reñido con ser distendido, alegre y flexible. Como lo lees, puedes ser una persona comprometida a la vez que alguien relajado, puedes ser profesional a la vez que alguien con sentido del humor,etc.

Sin embargo, tomarte todo con trascendencia, rigidez y dramatismo, es de persona seria, sí, desde luego, pero ¿es productivo?, ¿es eficaz?, ¿es sano?

Lo cierto es que no. Ya se ha demostrado que tomarse las cosas tan a pecho no solo correlaciona con estrés, problemas cardiovasculares y ansiedad, sino que además nos hace perder creatividad, razonamiento práctico y satisfacción con la tarea.

¿Y si dejo de ser serio y no me toman en serio?
¿Y si llevo siendo serio toda mi vida?
¿Y si tomarme las cosas de manera más superficial me convierte en un irresponsable?

Si te haces estas preguntas, es que todavía muestras mucha resistencia a perder el control, y tienes miedo de llegar al caos, si te relajas un poco.

No temas, no se trata de que te conviertas en quien no eres, ni que hagas un cambio radical y pases a tomártelo todo a cachondeo.

Las cosas no son blancas o negras. Imagina la seriedad como un rasgo que se extiende en un continuo que va del o al 100, en el que puedes moverte según las circunstancias y los momentos.

No tienes que vestir siempre con el mismo traje serio. Hay una seriedad excesiva que deja de ser sana y pasa a convertirse en un corsé que te hace rígido, sobreprotector, obsesivo y tenso.

¿Cómo dejar de tomarme todo con tanta seriedad?

#1. Despersonaliza

Deja de ver ofensas y malas intenciones en las conductas de los demás. Esto no significa que no puedas molestarte, enfadarte o desaprobar lo que otros hagan o dejen de hacer.

Eres libre en mostrar acuerdo o desacuerdo, y emitir tus valoraciones. Pero hazte el favor a ti mismo de no leer agravios constantemente en los comportamientos de los demás que no te gustan o que no coinciden con los tuyos.

Lo que hace el otro que te desagrada no tiene por qué ser algo que te dañe u ofenda, de hecho no tiene que ir dirigido a ti con mala intención ni para perjudicarte.

Despersonaliza, busca otras explicaciones, que no justificaciones, a las conductas de otros que no encajan con tus esquemas, creencias o valores.

Lo que hace el otro no siempre tiene que ver contigo, sino que responde a formas de entender la vida del otro, sus creencias, sus patrones socio-culturales, hábitos, preferencias, etc.

#2. Diviértete, no estés siempre trascendiendo.

No todo tiene que tener un significado profundo, ni todas las conversaciones tienen que ser intensas, ni todas las conductas lógicas, ni todas las elecciones han de tener un sentido práctico y útil.

Deja un apartado en tu vida para la existencia de lo superficial, lo ameno, lo sencillamente entretenido y superfluo, lo que solo es intuitivo (versus racional), lo que solo persigue divertirse.

Deja un componente de ocio, diversión y entretenimiento. No tienes que estar produciendo siempre, ni invirtiendo tu tiempo en todo momento en obligaciones y tareas rentables.

Respira, afloja, descansa, sonríe y ríete más.

#3. Incorpora el sentido del humor

No hay nada mejor que el humor para aflojar al serio. Puedes empezar por ver el lado cómico de las cosas, incluidas las desafortunadas.

Si mi perro se come un billete de 50 euros, se comprende que los primeros segundos o minutos, ni pizca de gracia le vea al asunto.

Pero si trasciendes ese momento de seriedad, y te imaginas cómo lo vas a contar cuando veas a tus amigos, tú mismo te darás cuenta de que vas esbozando una sonrisa, porque empiezas a imaginarte a ti mismo buscando entre los excrementos, diciendo “¡es mío!”.

Y si te lo tomas con humor en cualquier caso, recuperes o no el billete, lo habrás incorporado como algo de lo que fuiste capaz de reírte a pesar de lo negativo que implicaba.

Mira las parodias de los cómicos: son hechos reales llevados al absurdo. Todos podemos hacer eso sin salir en televisión.

#4. Sé flexible.

Significa que contemples las cosas desde un ángulo no determinista. Nada es tan dramático, irreversible y trascendente para no poder revertir su efecto negativo en algún grado, y si no, poder aprender de ello, o tener otra oportunidad.

Una característica de la gente extremadamente seria es que suele ver los problemas o decisiones en términos dicotómicos, de blanco o negro, con lo que cada elección se torna en algo trascendente y vital.

Comienza por contemplar los grados intermedios de las situaciones, eso te facilitará el no tomarte las cosas tan a pecho.

Pregúntate: ¿realmente esto es tan, tan determinante, tan, tan importante?

#5. Rodéate de gente divertida y positiva.

No subestimes esta última propuesta. Busca a aquellas personas de tu alrededor que te generen paz, energía positiva, alegría, etc.

No hace falta que te hagas íntimo o que tengas que crear un grupo de cero para ello. Basta con que detectes dónde están y las elijas para pasar unos minutos.

Lo vas a sentir rápidamente en ti, en tu cuerpo, como cuando sales de ver una película de risa o hacer deporte. Ve hacia ellas, date tu dosis de gente positiva.

Observa cómo no van encorsetados, cómo se relajan, cómo se ríen de sí mismos, de sus errores y de las circunstancias adversas, haciendo de un obstáculo una anécdota con la que entretenerse luego.

En serio, no te lo tomes todo tan en serio.
¿Te lo tomas todo muy a pecho?

Por | 2017-11-22T15:36:10+00:00 enero 16th, 2018|Desarrollo personal|4 Comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

4 Comentarios

  1. arquimedes8@yahoo.es'
    Fran 16 enero, 2018 en 11:24 am - Responder

    Muy buen artículo Patricia. Te felicito por ello. Creo que hay personas serias que tienen precisamente esos problemas, y que pueden ser más flexibles, y ser conscientes de una serie de elementos que has descrito muy bien para darse cuenta de que es bueno efectuar esos cambios. No se trata de que esa persona deje de ser como es, sino que determinados rasgos de su personalidad tiene que reorientarlos para mejorar su relación consigo misma y con los demás, aparte de todos los efectos positivos que supondrán en su vida, y de alguna manera “desintoxicarse de determinados comportamientos” que se tienen, y desdramatizar situaciones para que no nos perjudiquen. Muchas gracias, no sólo por este artículo, sino también por la maravillosa labor que estás realizando con tu trabajo, tu blog, y lo que haces cada día. Te agradezco mucho las cosas que haces y cómo las haces. Un abrazo muy fuerte y Feliz año.

  2. Patricia Córdoba 16 enero, 2018 en 1:32 pm - Responder

    Hola Fran,

    Gracias por tus palabras, cómo me motivas a seguir escribiendo, da gusto tener lectores así, que transmiten esa fuerza para seguir compartiendo contenidos que sumen.

    Yo siempre me consideré una persona seria en el sentido de responsable con mis tareas y con los otros, pero no puedo evitar, desde pequeña, encontrarle el lado cómico a las cosas, y doy fe de que es absolutamente compatible ser comprometido con ser “payaso” y utilizar el absurdo para desdramatizar.
    ¡Qué importante eso que señalas de no pretender cambiar en esencia! Cada uno es el que es, pero las lentes con las que miramos el mundo bien pueden limpiarse, cambiarse o al menos probar otras de vez en cuando.

    Mil gracias por pasarte por el Blog!

  3. itiaga@yahoo.es'
    Arancha Herrero fernandez 16 enero, 2018 en 7:53 pm - Responder

    Como me gustaría poder seguir los consejos de tu artículo ,pero parece que en el pesimismo y los pensamientos negativos tengo mi zona de confort,no se porqué pero no me permito ser feliz

    • Patricia Córdoba 16 enero, 2018 en 8:12 pm - Responder

      Hola Arancha,
      Bueno tú lo has dicho, porque a veces pensar en negativo es “cómodo”, de puro conocido, ya que lo convertimos en un automatismo. La propuesta es probar algo diferente, desconocido tal vez, empezar a preguntarse: ¿Cómo se lo tomaría esto Fulanito que es menos dramático?

      Gracias por tu comentario, te animo a probar otras lentes de vez en cuando!

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POR LA AUTORA DE ESTE BLOG

EXPERTA EN TERAPIA PAREJA

  • Aprender a manejar la tristeza y la culpa
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