Recuerdo que tuve una paciente que contactó conmigo porque “el estrés estaba acabando con ella”. Acudió 10 minutos tarde a la primera cita, y además dijo que tenía que irse diez minutos antes, ya que tenía otro compromiso ineludible.

Antes de que pudiera tomarle algún que otro dato personal, me interrumpió atropelladamente para advertirme “yo lo que necesito es alguna técnica rápida para eliminar mi estrés, porque realmente no creo que pueda hacer una terapia, no dispongo de ese tiempo”.

Era el estrés personificado y, paradójicamente, su problema le impedía buscar solución. Tenía tanto estrés que, acudir a terapia anti-estrés, le resultaba estresante.

Cuando uno no puede permitirse poner solución a un problema,

es que verdaderamente tiene un problema.

Me costó algunas sesiones hacerle entender que estaba intentando boicotearse a sí misma, saboteando la terapia antes de haberla iniciado incluso. Quise hacerla llegar que para poder gestionar adecuadamente su estrés era necesario que cambiará el ritmo al que vivía, y al menos se concediera un tiempo para “pensar y actuar de forma distinta”.

Si sufres de estrés, te habrás sentido identificado, porque seguramente habrás pensado que no sabes salir de la rueda de hámster en la que te has metido, ¿por dónde empezar?, ¿cómo parar?

Bueno si es así, el solo hecho de que empieces a cuestionarte el curso de tus acciones y de tus pensamientos ya es buena señal. Si comienzas a poner en duda la forma en la que estás viviendo, estarás más cerca de poder provocar un cambio a tu favor.

El estrés, como señalábamos en otro artículo, es un exceso de demanda del ambiente porque no dispones, o así lo crees, de los recursos suficientes para afrontarlo. Si percibes que te exigen, o te exiges a ti mismo, más de lo que en el fondo puedes dar de forma saludable, lo más probable es que acabes agobiado y sobrepasado por las circunstancias.

¿Se puede hacer algo para gestionar mejor el estrés?

Rotundamente sí. Lo que no se puede es pretender que el estrés desaparezca, sin introducir ningún cambio en tu vida.

¿Quieres controlar tu estrés y que no sea éste el que te controle a ti? Entonces has de entender que es necesario modificar estas dos variables:
1. Disminuir la demanda o exigencia que te hace el ambiente (sean los otros, las circunstancias o tú mismo con tus creencias)
2. Aumentar los recursos de afrontamiento con los que cuentas (qué puedes hacer tú para llevarlo mejor).

Las técnicas que vamos a exponer a continuación van dirigidas a estos dos objetivos. Veamos cómo:

#1. Técnica de la priorización.

Cuando la demanda es elevada (trabajo, relaciones, rutinas, obligaciones, etc.), priorizar es una herramienta fundamental.

Pase lo que pase, dedica al día un tiempo para hacer un listado de las tareas o actividades a realizar, y clasifícalas en términos de prioritarias o secundarias.

Si te resulta complicado poder encontrar las secundarias, es que has dejado de discriminar lo urgente e importante de lo que “puede esperar” .

Vuelve entonces a repasar la lista, e intenta de nuevo elegir dos actividades o tareas de las que puedas prescindir esa semana, o que puedan posponerse.

Esto te permitirá disponer de un tiempo extra que, por supuesto, no has de emplear para cargarte de otra tarea más, sino para poder descansar, desconectar, disfrutar de tu ocio, o sencillamente disminuir la velocidad a la que realizas lo demás.

#2. Tecnica de los grises en la calidad

No hay una sola forma de hacer las cosas, ni todas las cosas han de hacerse de forma perfecta. Buscar constantemente la perfección, puede llevarte a la parálisis por sobreesfuerzo o al bloqueo cognitivo.

Si estás al límite, y no consigues llegar a todos los objetivos que te has marcado, es hora de que comiences a contemplar la escala de grises.

Todas las tareas aceptan una serie de grados intermedios en cuanto a calidad, que son admisibles en distintos momentos. Si destinas demasiado tiempo a cada una de las acciones que tienes pendientes, es normal que acabes sintiendo que el estrés se apodera de ti.

Prueba a aceptar los grises. Invierte un tercio menos de tiempo en el 30% de las tareas que tienes, es decir, que 3 de cada 10 tareas que tengas que hacer han de dejarte ahora un tiempo libre que antes no tenías.

Sí, eso significa que esas tareas no tendrán ahora el nivel de calidad que tenían antes; pero tranquilo, puedes permitírtelo, se trata de que bajes tu rendimiento en algún grado, sin que creas que una catástrofe se avecina.

Ese tiempo que ganes, podrás reinvertirlo simplemente en ti, o en alguna actividad relajante como escuchar música, respiración diafragmática, salir a andar o hablar con algún amigo.

#3. Técnica de los paréntesis programados.

Está más que demostrado que el rendimiento y la atención aumentan cuando el cerebro dispone de momentos de descanso para desconectar mentalmente de la tarea que estaba exigiéndole concentración y esfuerzo mental.

Sin embargo, este pequeño gran detalle se te olvida cuando te metes de lleno en las obligaciones diarias que te llevan de una actividad a otra, sin apenas desconexión entre ellas.

Pues bien, te propongo que introduzcas paréntesis de descanso después de 45 o 60 minutos en los que estés inserto en una actividad. Sí, incluye en tu programación y planificación unos 5 o 10 minutos por cada hora de máxima concentración que tengas.

Realmente optimizas mucho más tu tiempo, y desde luego tu estado de ánimo es más positivo, además de ver aumentada tu memoria y atención.

Finalizamos con un vídeo del programa “La noche temática” sobre el estrés:

¿Qué técnicas antiestrés utilizas?
¿Qué haces para reducir tu estrés?