Somatizar: un problema que va más allá del plano físico

Aún no somos del todo conscientes de la influencia mutua que existe entre la mente y el cuerpo. Sin embargo, todos de alguna manera la hemos experimentado en las dos direcciones. Veamos cómo:

#1. Cuerpo-mente

Cuando estás enfermo, tu cuerpo está lesionado, tus funciones orgánicas alteradas, y como no podía ser de otra manera, tu estado de ánimo se resiente y comienzas a sentirte decaído.

Si tu cuerpo está dañado, tu mente también cambia, generando emociones y pensamientos diferentes a los que tendrías cuando estás sano.

Al enfermar, puede que sientas preocupación, miedo, tristeza o ansiedad acerca de tus síntomas, o simplemente tengas menos capacidad para disfrutar de las cosas que te resultan gratificantes cuando estás bien.

#2. Mente-cuerpo.

Ya hace tiempo que en muchas unidades de Oncología han incluido psicoterapia y talleres de risoterapia, porque de verdad se ha demostrado que el humor y las emociones positivas ejercen una gran influencia en los procesos de recuperación de los enfermos de cáncer.

Tú mismo habrás comprobado alguna vez cómo un pensamiento positivo o sentir amor y compañía han contribuido a que sintieras menos dolor o molestia en una herida de tu cuerpo.

Y es que la ansiedad, el estrés y la depresión actúan sobre distintas hormonas, debilitan nuestro sistema inmunológico o de defensa, con lo que aumentan la probabilidad de enfermedades o hacen que sea más difícil su recuperación.

Luego cuando nuestra mente está bien, es menos probable que nuestro cuerpo salga dañado, y cuando éste está lesionado, nos influye en nuestras emociones.

Y en esta interacción de lo psicológico y lo físico es donde surgen las enfermedades psicosomáticas, aquellas cuyos síntomas físicos no pueden ser explicados por una enfermedad orgánica, tal y como demuestran las oportunas pruebas médicas.

En este sentido, consideramos la causa como emocional o psicológica, lo cual no implica que la alteración física no exista o sea simulada. De hecho, la enfermedad está ahí y el cuerpo está alterado en su funcionamiento o estructura, pero los síntomas y sus consecuencias (limitaciones en la vida diaria, dolor, etc.) son excesivos en comparación con lo que cabría esperar.

Los síntomas y síndromes que puedes manifestar si eres un paciente con somatizaciones son de lo más variado, desde leves hasta otros que revisten más gravedad:

  • Digestivos: intolerancias alimentarias, gases, dolor abdominal, diarrea, hinchazón, náuseas, etc.
  • Pseudoneurológicos: pseudoconvulsiones, dificultad para orinar, amnesia, dificultad al tragar, visión borrosa, pérdida de voz, debilidad muscular, etc.
  • Dolor crónico: dolor al orinar, dolor no focalizado, dolor en extremidades, dolor en articulaciones, dolor de espalda, dolor de cabeza, etc.
  • Aparato reproductor: dispareunia (dolor durante el coito), dismenorrea (ausencia de menstruación) , irregularidad en ciclos menstruales, hipermenorrea, sensación de quemazón en los órganos sexuales.
  • Cardiopulmonares: dificultad respiratoria en reposo, palpitaciones, dolor torácico, mareos, etc.
  • Síndromes: alergias alimentarias extrañas, síndrome de fatiga crónica, síndrome de articulación temporomandibular, fibromialgia, sensibilidad a diversos medicamentos, etc.

Las reacciones psicosomáticas son bastante frecuentes entre la población (12%) y se calcula que 1 de cada 4 pacientes que acude a su médico de cabecera presenta somatizaciones de algún tipo.

La atención sanitaria que recibe el paciente suele ir dirigida al alivio de los síntomas, por lo que sin erradicar la causa, lo más probable es que la enfermedad siga manteniéndose en el tiempo, y tienda a hacerse crónica.

No obstante, en mi experiencia, cada vez son más los pacientes que acuden a la consulta del psicólogo derivados por sus propios médicos de atención primaria, una vez que han descartado causa orgánica.

El médico les remite al psicólogo, porque los síntomas sólo disminuyen por un tiempo o son sustituidos por otros nuevos, a pesar de haber realizado varios tratamientos y haber tomado analgésicos y ansiolíticos.

Al paciente le cuesta mucho aceptar la idea de que sea un problema psicológico lo que pueda estar causando su enfermedad. Cuando le envían al psicólogo, va con cierta resistencia, porque no entiende cómo sus pensamientos o emociones pueden ser los causantes de algo que le duele, palpable, real y tan físico.

El paciente psicosomático puede visitar varios especialistas en busca de una solución a su enfermedad, y suele reaccionar con hostilidad y frustración ante el médico cuando éste le dice que no puede prescribirle nada más.

Es comprensible que te resistas a creer que puedes ser el causante de tu enfermedad, pensar esto puede malinterpretarse como que eres el culpable de estar enfermo, y que si lo estás es porque quieres. Pero nada más lejos de la realidad, ¿quién quiere estar enfermo voluntariamente?

Te invito a que interpretes tu diagnóstico de otra manera. Si tienes una enfermedad psicosomática, no es que seas culpable, es que tienes cierta responsabilidad sobre tu enfermedad, pero no te desanimes ni te enfades, porque es una buena noticia.

Si eres en parte responsable del problema, también eres en parte responsable de la solución. Si tus pensamientos y emociones tienen mucha relación con lo que daña a tu cuerpo, alégrate, porque entonces puedes sanar, ya que lo que piensas puede modificarse.

Los trastornos psicosomáticos suelen estar asociados a trastornos de ansiedad; y ésta, como ya explicábamos en un artículo anterior, suele traer un mensaje que puedes escuchar o ignorar: “hay algo que te causa malestar en tu vida y es hora de cambiarlo”

Del mismo modo, la somatización es la forma que tiene el cuerpo de comunicarse contigo para traer al plano consciente la angustia, frustración, insatisfacción o estrés.

El dolor físico es el que da la cara, pero detrás hay un dolor emocional que reclama tu atención también.

Por tanto, si tomas conciencia de cómo la ansiedad, la depresión y el estrés influyen en el origen y la evolución de las distintas enfermedades de tu cuerpo, entenderás mejor cómo el psicólogo es, precisamente, el profesional sanitario indicado para ayudarte cuando tu dolencia es psicosomática.

Si padeces alguna enfermedad y el médico ha descartado que sea de origen físico, merece la pena que vayas a la raíz del problema, consulta al psicólogo, déjate ayudar.

A continuación un Programa sobre enfermedades psicosomáticas con la intervención del doctor J. Carlos Baeza, de la Clínica de la Ansiedad:

¿Crees que somatizas o tienes alguna enfermedad psicosomática?
¿Tus emociones te hacen enfermar?