Huelga decir que cualquier momento de la vida y del año es bueno para pedir ayuda, de hecho yo tengo trabajo todos los meses del año, por algo será; pero quería hacer un pequeño guiño a aquellos que se han resistido durante los meses anteriores a acudir a la consulta del psicólogo.

¿Llevas desde hace tiempo dándole vueltas a la idea de buscar ayuda de un profesional?

¿Eres de los que postergan las nuevas acciones, aunque sepan racionalmente que les pueden resultar beneficiosas?

Entonces sigue leyendo, porque este artículo va dedicado a ti que vas con el “ya… si eso el mes que viene me pongo con ello” en la frente. Tranquilo, vamos a tirar al cubo de la basura todos los miedos, excusas y prejuicios

Estos meses veraniegos te ofrecen la oportunidad de salir de la rueda (o jaula para algunos) en la que te has metido durante el año, y sentir que mudas la piel como las serpientes, y en algún grado hacer borrón y cuenta nueva.

Esto te da una perspectiva distinta desde la que mirar tu vida y cuestionarte si quieres cambiar de dirección, o “copiar-pegar” otra vez.

Y desde ese nuevo ángulo quiero darte algunas razones por las que cuando finalices tu periodo vacacional será uno de los mejores momentos que puedas encontrar para, por fin, decidirte a caminar acompañado de un psicólogo.

Veamos algunos de estos motivos:

#1. Empieza un ciclo nuevo y nuevos propósitos.

Sí, eres como el resto de los mortales y en Septiembre o Enero sueles comenzar con la mente llena de objetivos y nuevas acciones que vas a emprender.

Necesitas, como todos, sentir la motivación y la fuerza de los inicios, cuando todo está por venir y aún todo es posible.

¿Por qué no aprovechas este impulso extra que te otorga el periodo postvacacional para proponerte trabajar por tu bienestar y felicidad?

No hay una manera única de hacerlo, pero si llevas un tiempo intentándolo tú solo y no has obtenido los resultados que esperabas, quizá sea un buen instante para dejarte ayudar por un psicólogo.

Si vas a aprender un nuevo idioma, te vas apuntar a un gimnasio nuevo y probablemente harás alguna que otra actividad que antes no habías hecho, ¿por qué no optar por hacer algo distinto también a la hora de afrontar tus problemas emocionales? 4 ojos ven más que dos, sobre todo si disponen de otro ángulo de visión y de información distinta.

#2. Vienes despejado y receptivo

En el verano sueles desconectar de todo, o eso intentas, ¿verdad? No quieres ni pensar en posibles soluciones a problemas, quieres mandar todos los oscuros pensamientos a un cuarto bien cerrado con llave, y simplemente  vivir, estar, sentir.

La realidad es que luego se te cuelan las preocupaciones, como visitas  maleducadas, incluso cuando estás delante de ese paisaje tan hermoso o tumbado al sol, pero más o menos las mantienes a raya con mil y una distracciones que te ofrecen las vacaciones.

Así que, en términos generales, consigues una desconexión parcial, o casi total en el mejor de los casos, lo cual está fenomenal para desintoxicarte de la contaminación que te ha generado el pensamiento negativo acumulado.

 Llegas más limpio, relajado y descansado, un estado magnífico para afrontar esas dificultades, problemas, miedos, etc. que te tenían agobiado meses antes.

Ahora estás más receptivo y abierto al cambio, condición necesaria para aprovecharte de los beneficios de una psicoterapia.

#3. No quieres repetir el mismo camino.

Después de las vacaciones, vuelves con ganas de hacer las cosas de otra forma, de intentar afrontar las adversidades de otro modo.

La percepción de iniciar el curso te refuerza la idea de que las cosas pueden ser diferentes. Bueno la realidad es que tú puedes actuar de otra manera, si transformas tu pensamiento.

Y es en ese punto donde el asesoramiento psicológico puede resultarte de ayuda, porque con él adquieres herramientas y recursos con los que antes no contabas.

¿Quieres concederte la oportunidad de trazar otro camino? Si ya sabes que el anterior no te conduce a donde deseas, busca alternativa. Pregunta

#4. La felicidad va más allá de las vacaciones.

¿En vacaciones todo el mundo es feliz? No, lo cierto es que no, pero es más fácil aparentarlo.

La vuelta a la rutina es un buen momento para que tomes conciencia de que los problemas no han desaparecido, simplemente ha sido un paréntesis (muy necesario) para recuperar fuerzas, pero ahora te toca, sí o sí, afrontar lo que te provocaba malestar antes de tomarte ese descanso veraniego.

Septiembre es un buen mes para darte cuenta de que los problemas no se resuelven con irse de vacaciones , y  quizá ahora necesitas algo más que “despejarte”.

#5. No te imaginas dentro de un año exactamente igual.

El hecho de comenzar un nuevo trimestre puede facilitarte la visualización de lo que queda por delante.

 Puedes hacer un simple ejercicio en este caso, imagínate cómo sería tu vida dentro de un año:

  • ¿Crees que tus problemas estarán?
  • ¿Qué piensas que puedes hacer ahora para resolverlos?
  • ¿Qué necesitarías para acercarte un poco más hoy a lo que quieres lograr dentro de doce meses?
  • ¿Crees que para ello podría resultarte útil contar con la ayuda de un psicólogo?

Tómate un tiempo para contestarlas sin miedo a la respuesta, y si consideras que el asesoramiento psicológico puede serte útil, pregunta, consulta.

¿Sueles iniciar nuevas actividades a la vuelta de tus vacaciones?

¿Después del verano qué te has propuesto hacer?