Las personas que padecen amaxofobia o miedo a conducir hacen verdaderos esfuerzos para llevar a cabo lo que para otros es una acción cotidiana y automática. En un post anterior, apuntábamos como detrás de este miedo hay temores que llamamos racionales, estrechamente unidos al instinto de supervivencia,  que parten de una realidad y nos ayudan a mejorar nuestra conducción (siempre que los mantengamos en un nivel óptimo). Por otro lado, están los temores irracionales, que no se sustentan en la lógica, sino que se alimentan de fantasías, suposiciones o sensaciones, y por añadidura, se presentan en una intensidad tan elevada que imposibilitan la conducción. Veamos algunos de estos últimos, y la réplica con la que podemos hacerlos frente:


Miedo a ser observado por otros conductores
, a ser el foco de atención en la carretera, a que se enfaden, te increpen, te desaprueben o se mofen. Sin embargo, estás obviando que: cada conductor suele ir pendiente de su  coche, no del de los demás; todos podemos observar y valorar la conducción de otros, sin que ello tenga repercusiones tan drásticas en la autoestima o conducción de terceros, etc. Este es un tipo de miedo a cuestionar y rebatir, como lo haríamos con nuestra necesidad de aprobación. Por ejemplo, así: “Acepta que preferirías pasar desapercibido, que no te reprendiesen. Sí, lo prefieres, pero no lo necesitas. El que los demás conductores no detecten o no desaprueben tus errores al volante es tu preferencia, pero no quieres convertirlo en una necesidad”. Equipáralo a otras situaciones en las que distingues entre preferencia y necesidad, viendo de este modo más clara la diferencia. Ejemplo: “preferirías tener 1 millón de euros ganados, pero no lo necesitas para ser feliz”.

Miedo a equivocarte. La creencia de “si cometo errores, no puedo ponerme al volante” es irracional, porque plantea la acción de conducir en términos absolutos y la eficacia como una dicotomía (o conduzco bien o conduzco mal); cuando en realidad, puedes cometer fallos en distinta cuantía e importancia, y resulta irracional esperar a alcanzar un desempeño perfecto para atreverse a realizarla. Además, paradójicamente, es necesario que tus fallos tengan algunos costes para recordarlos mejor y progresar. Si no te permites equivocarte, no aprenderás nada y no perfeccionarás tus destrezas para la conducción.

Miedo a coger el coche y matarte. Este es un pensamiento catastrofista que acabará por paralizarte en tu propósito. No es útil colocarte mentalmente en la peor de las situaciones, la cual es estadísticamente muy poco probable. Es importante que intentes refutártelo: “Conducir implica un riesgo, y lo aceptas, pero con precauciones. Irás conduciendo gradualmente, asumiendo más dificultades en los recorridos, serás precavido y, poco a poco, irás ganando habilidad. Elige concentrarte en las cosas que dependen de ti. La muerte es algo que se escapa a tu control, luego renuncia a preocuparte por ello”

Como puedes ver en este vídeo de España Directo de TVE, hoy en día ya existen autoescuelas que ofrecen cursos especializados para personas que quieren afrontar su miedo al volante de una vez por todas, porque el apoyo psicológico profesional es fundamental en estos casos:

¿Tienes miedo a conducir?

¿Evitas coger el coche?

¿Cuáles son tus miedos al volante?

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Photo Credit: Héctor Rodríguez