Padre ausente emocionalmente, pero de cuerpo presente

¿Qué tal te llevas con tu padre? –le pregunto al niño, ya casi adolescente.
No contesta. Me mira con media sonrisa, un tanto forzada, se encoge de hombros, y después de largos segundos sin saber muy bien qué decir, se le escapa “pues…, bueno…, ni bien ni mal”.

Este tipo de respuesta infantil, años después la veo, de forma similar, en adultos que acuden a consulta. Cuando estoy recopilando la historia familiar observo que directamente no hablan de uno de los progenitores en absoluto. No hacen referencia alguna, como si no existiese, y cuando les señalo esto, me dicen abiertamente: “bueno es que con mi padre/ madre nunca he tenido relación”.

Esto lo he visto en familias aparentemente estructuradas, en las que los progenitores eran pareja y todos convivían en la misma casa con un funcionamiento supuestamente normal.

Y digo aparentemente, porque tras una evaluación más exhaustiva del sistema familiar se hallaba que el padre, al que el hijo no hacía mención alguna, era un padre emocionalmente ausente, es decir, sólo de cuerpo presente .

En algunos casos, detrás puede haber problemas de pareja, y es uno de los padres quien anula emocionalmente al otro en la psique del niño, siendo éste el mayor perjudicado.

La ausencia paterna física por fallecimiento, trabajo o divorcio es más fácil de explicar al pequeño, y éste lo asimila mejor. El menor encuentra variables externas que justifican que su padre, en contra de su voluntad y preferencia, tenga que alejarse temporalmente o definitivamente.

Sin embargo, la ausencia psicológica es mucho más complicada de hacer entender al niño, resulta más dañina y difícil de superar (incluso cuando se es adulto). Pensémoslo: ¿cómo explicar que papá está ahí, pero como si no estuviese?

En ocasiones, el otro progenitor, que se da cuenta de cómo su pareja se muestra emocionalmente ausente con su hijo, intenta encubrirle, defenderle o compensar su ausencia con un exceso de atención al menor. Ninguna de estas acciones por sí mismas logran eliminar el impacto negativo que tiene sobre la autoestima del niño.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias a medio o largo plazo en el niño?

  • Hostilidad, desconfianza, estar a la defensiva
  • Desapego e inseguridad en las relaciones que tenga en el futuro (con amigos, parejas, etc.)
  • Dependencia emocional: no atreverse a cortar determinados vínculos, aunque le resulten negativos, por miedo a sentirse solo o abandonado.
  • Relaciones tóxicas. En su necesidad por encontrar afecto y una figura paterna, puede integrarse en un núcleo social no deseable y tóxico del que ya no quiera salir.

Qué se puede hacer si esto sucede.

#1. Hablar directamente con el padre.

En primer lugar, obviamente señalarle esto directamente al padre que está ausente emocionalmente. Esta función a veces recae en el orientador pedagógico del centro escolar, en un profesor o en el otro progenitor.

De cualquier forma, es importante enfocarlo, no como una crítica, sino como una propuesta de cambio en positivo, subrayando los beneficios que tendría el establecer un vínculo más estrecho con su hijo para ambos.

#2.Incorporar una actividad en común para padre-hijo.

  • Fomentar la participación en una actividad que pueda ser afín a ambos: un deporte, un juego de mesa, un lugar a visitar, una película, o simplemente pasar un tiempo juntos.
  • Buscar actividades fuera de casa facilitará que la comunicación sea más activa, ya que en casa tenderán a repetir el mismo patrón de distanciamiento que inicialmente estaba.

#3. Invitarle a participar activamente de la educación del hijo.

El otro progenitor puede comenzar por pedirle su opinión en la toma de decisiones, para después ir delegando en algunos aspectos de la educación , normas de convivencia, etc.

Al principio, es probable que siga respondiendo pasivamente, pero irá incorporándose si ve que puede decidir, elegir, participar y opinar de asuntos concretos.

Los educadores y profesores tienen un papel fundamental a la hora de subrayar la importancia de que acudan ambos padres a reuniones, tutorías y eventos escolares.

#4. Proponerle acudir a escuelas para padres.

Proporcionarle información sobre la educación de los hijos, la inteligencia emocional de los padres, etc.; puede ser un buen paso para que empiece a familiarizarse con el tema, y simplemente ponga más el foco de atención en su hijo.

Otra propuesta que ayuda a la sensibilización en estos temas es asistir a charlas, cursos, talleres y conferencias para padres.

#5. Buscar asesoramiento psicológico.

Hay que tener en cuenta que detrás de esta conducta paterna puede haber grandes dificultades de comunicación, expresión de afecto, gestión de emociones (depresión, estrés, etc.), repetición de lo que ha vivido (puede ser a su vez hijo de otro padre ausente)

Todo esto hace que sea altamente recomendable que acuda a un psicólogo para adquirir habilidades que le ayuden a expresar lo que siente y piensa.

#6. Ayudar al niño a establecer otros vínculos de confianza y apego.

Existe la posibilidad de que el padre no quiera/pueda cambiar esta forma de relacionarse con su hijo, en cuyo caso puede optarse por apoyar al niño en su relación con otras figuras de apego.

Este es un recurso que con mucha frecuencia el pequeño busca por sí solo, buscando la identificación paterna con algún otro miembro de la familia (tío, abuelo, primo mayor, profesor, entrenador deportivo, etc.)

Finalizamos con un vídeo del programa de radio 690 dedicado a la educación donde el terapeuta José Luis García nos enseña cómo valorar si somos padres ausentes

 

¿Has tenido un padre emocionalmente ausente?
¿Cómo te ha influido en tu vida adulta el haber tenido un padre con el que no tenías relación?

Por | 2017-07-08T15:33:50+00:00 junio 30th, 2015|Psicología Infantil|3 Comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

3 Comentarios

  1. marco010812@live.com'
    Marco en - Responder

    Hola. Gracias por el artículo. Yo tuve un padre ausente y la verdad que es incomodo y tambien doloroso. Siento los efectos ya de adulto, 22 años. Es como si fuera buscando padres por la vida y en mis relaciones. Además, dejo de vivir como me gustaría, me falta iniciativa en mis relaciones personales y en todo. Sumado a esto, mi padre viene a verme una vez a la semana y realmente me hace sentir mal porque viene a dar ordenes. Ya no lo aguanto

    • eerojo@gmail.com'
      Francisco en - Responder

      Es bueno que lo hayas conceptualizado a los 22 y no más tarde como yo, que a los 32 me sigo dando cuenta de cosas que antes no veía por falta de perspectiva. Ánimo

  2. mali@hotmail.com'
    Neroli en - Responder

    Hola , yo tengo 34 años y todavia sufro la ausencia de mis padres , ellos estan vivos fisicamente , pero nunca estan … ni para dar un sconsejo , ni para. Escuchar ni acompañar … nunca les recrimine nada , por que entiendo que uno hace lo que puede con los recursos q tienee , y que eellos son los padres qson por la vida que tuvieron , pero duele , duele y dejan un vacio q es muy dificil llenar .

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POR LA AUTORA DE ESTE BLOG

EXPERTA EN TERAPIA PAREJA

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