Cómo premiar a los niños de forma eficaz

Cómo, cuánto, cuándo y con qué premiar a los niños

“Si te portas bien, te compro unas chuches” A todos nos han dicho esta frase o similar en la infancia, y si tratamos con niños, con seguridad la habremos pronunciado más de una vez.

El premio como modificador de conducta es algo que se enseña de padres a hijos. Es uno de los grandes motivadores desde que nacemos. Si después de un comportamiento, obtenemos una recompensa, lo más probable es que lo volvamos a hacer. Podemos observarlo ya en bebés cuando reproducen una y otra vez un gesto tras recibir el beso y la sonrisa de la madre.

Desde que llegamos al mundo repetimos aquellas acciones que son premiadas. En psicología al premio le llamamos reforzador positivo, esto es cualquier estímulo positivo que, al aplicarse inmediatamente después de una acción, hace que ésta se repita con mayor probabilidad.

Así que, si quieres que tu hijo realice algo en particular y lo convierta en un hábito, empieza por premiarle cuando lo logré o se aproxime a ello.

¿Qué premios puedes emplear?

  • Los materiales. Son los reforzadores positivos más utilizados por los padres, especialmente cuando estás desesperado y buscas un cambio de comportamiento rápido en tu hijo. En este grupo están los juguetes, el dinero, los comestibles, etc. Su uso ha de ser limitado, no sólo por la economía de quien los otorga, sino porque producen habituación por parte del niño con mayor facilidad.
  • Los hechos. Son estupendos reforzadores, porque les permiten disfrutar de la actividad en sí y de su preparación (planificar, preparar, comentarla después de haberla vivido, etc.). Por ejemplo: ir al cine, salir a comer fuera, montar una fiesta con amigos, etc.
  • Las palabras y los gestos. Suelen quedar como los reforzadores olvidados, sin embargo son muy valorados por los más pequeños, porque transmiten la aprobación y el afecto que siempre buscan en sus mayores. Por ejemplo: un elogio, una palabra de cariño, un abrazo, una caricia, etc.
  • Los privilegios. No se utilizan mucho, pese a ello resultan especialmente atractivos para los niños desde muy corta edad. Al conseguir la conducta deseada, le puedes premiar con “ser el encargado de abrir la puerta con las llaves, utilizar la tablet de papá 10 minutos, poder sentarse al volante de tu coche (sin que esté en marcha, ¡se entiende!), elegir el camino por el que ir al cole, etc». El privilegio dependerá de la edad de tu hijo, sus gustos y el sistema familiar.

Ahora que ya sabes con qué premiarle, veamos cómo hacerlo.

Para ello, has de tener en cuenta una serie de recomendaciones, pues de no llevarlas a cabo, no es de extrañar que el premio no ejerza el efecto deseado.

#1. Contingencia.

Has de administrar el premio inmediatamente después de la conducta deseada. Si dejas transcurrir mucho tiempo para premiar, el niño no lo asociará con su comportamiento y perderás credibilidad ante él.

Las prisas cotidianas pueden hacerte olvidar el premio que prometiste (“ah sí, sí, mañana te lo compro»), o aplicarlo sin mucha efusividad y de manera rápida (“muy bien, hala a dormir”), restando valor al esfuerzo que tu niño ha puesto en la consecución del objetivo que os habíais marcado en familia.

Esto no significa que haya que estar toda la vida premiando una conducta, pero sí hay que tener especial cuidado cuando recientemente acaba de instaurarse, y además te comprometes a premiarla de forma explícita. Son niños, pero tienen muy buena memoria.

#2. Consistentes en el tiempo.

Al principio, han de suministrarse siempre. Una vez que la conducta deseada va dándose la mayoría de las veces, la frecuencia de los refuerzos puede espaciarse en el tiempo y hacer más variable su aparición.
Ten paciencia, no basta con felicitarle un solo día por hacer la cama, hay que mantener este elogio por un tiempo al inicio.

#3. Valoración positiva por parte del niño.

Los reforzadores materiales han de ir acompañados de reforzadores verbales, sociales o relacionales, y no han de ser fácilmente asequibles por otros medios distintos a la realización del comportamiento deseado. Si le premias con ir al circo, asegúrate de que los abuelos no le van a regalar las entradas por su cumpleaños.

#4. Premiar la conducta por encima de la forma de ser.

Premiar la conducta es una forma de educarle en el esfuerzo, de transmitirle que los cambios son posibles si nos los proponemos, que hay un margen de cosas que dependen de nosotros.

Si premias la forma de ser únicamente “Qué guapo eres, qué listo, eres el mejor”, lo más probable es que el día que no consiga lo que se propone lo atribuya de nuevo a un problema de su forma de ser.

Niños y adultos consideramos que es más fácil cambiar cómo nos comportamos que lo que somos, luego da más peso y valor a las conductas, que son el verdadero motor de cambio. Por ejemplo: “cuánto te has esforzado, está fenomenal que hayas ido a los entrenamientos”

#5. Variados.

Es conveniente que utilices ampliamente la gran variedad de reforzadores de conducta de los que dispones. Emplear exclusivamente los premios materiales no sólo otorga demasiado valor al “tener”, sino que además priva al pequeño de aprender a motivarse a través de la acción (ir al teatro o patinar) y de la expresión del afecto (abrazo, beso).
Lo ideal sería poder alternarlos y combinarlos.

#6. Sí como incentivos, no cómo la única razón para la acción.

Cuidado con utilizar de manera rígida y persistente los premios para conseguir que el niño haga un cambio en su comportamiento (recoger sus zapatos al llegar del colegio). Corres el peligro de que tu hijo sólo cambie superficialmente por el premio, no por aprendizaje o verdadero convencimiento.

¿Qué puedes hacer? Según la edad del niño, adaptarás la explicación, pero es importante que le aclares que la razón para llevar a cabo esa conducta no es únicamente el premio (refuerzo verbal o material), pues éste a veces se dará y otras no.

En ese momento, podéis juntos enumerar la gran cantidad de ventajas que tiene “recoger los zapatos al llegar a casa”: más espacio para sacar juguetes sin tropezar, al día siguiente los encontramos rápido, si estaban sucios de barro al guardarlos no manchan el suelo, etc.

De este modo, ayudarás a tu hijo a desarrollar la motivación intrínseca, un motivo propio para hacer la conducta deseada, sin que necesariamente vaya seguido de un premio externo.

A continuación, un vídeo con algunas sugerencias para premiar a los más pequeños:

¿Con qué premias a tus hijos o alumnos?
¿Te resultan los premios eficaces para enseñarles una conducta?

Por | 2017-07-08T15:33:52+00:00 febrero 3rd, 2015|Psicología Infantil|Sin comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

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