Las relaciones sociales también pueden ser tóxicas

La sociedad está bastante sensibilizada con el peligro que entraña el consumo de sustancias tóxicas, sin embargo se tiene menos conciencia sobre la toxicidad que podemos encontrar en el mundo de las relaciones humanas: vínculos que resultan nocivos.

¿Existen personas tóxicas?

Algunos autores han descrito a estas personas como un grupo de sujetos, fácilmente identificables, de los cuales hay que huir en cuanto los detectes, porque el trato con ellos puede causar perjuicios para la salud. Incluso hay quien ha trazado varios perfiles de personas tóxicas, con el objeto de que sean rápidamente descubiertas entre conocidos, familiares, amigos, etc. y poder esquivarlos.

Bernardo Stamateas en su libro “Gente Tóxica” te acerca la figura del mete-culpas, el envidioso, el descalificador, el agresivo verbal, el falso, el psicópata, el mediocre, el jefe autoritario, el neurótico, el manipulador, el orgulloso y el quejoso.

Es cierto que puedes hallar a personas que se ajusten a estas etiquetas, y que todos nos hemos relacionado alguna vez con ellos, pero ¿quién no se ha comportado alguna vez como una persona tóxica en algún grado?

Por otro lado, ten en cuenta que aquellos individuos que tienden a manifestarse de una manera nociva la mayor parte de su vida, desarrollando hábitos tóxicos, en ocasiones son capaces de tener conductas y pensamientos sanos. De hecho, las personas tóxicas pueden cambiarno hay por qué colocarles de forma inamovible esa etiqueta estigmatizadora.

Luego, resulta más coherente y apropiado hablar de conductas tóxicas en lugar de personas tóxicas, dando una oportunidad a quien quiera apostar por el cambio.

 Algunos de los comportamientos tóxicos que con más frecuencia te encontrarás en tus relaciones sociales son:

#1. El negativismo.

Poner constantemente el foco en el aspecto negativo de las cosas, haciendo que la mayoría de los comentarios vayan precedidos de “lo malo de eso es que…”. Analiza algunos ejemplos al tiempo que te das cuenta del efecto desmoralizador que ejercen rápidamente:

  • “no creo que nos salga”
  • “ahí siempre te roban o sales perjudicado”
  • “puede hartarse y dejarte”
  • “eso va a acabar mal”, etc.

Si observas detenidamente esta conducta negativista, apreciarás cómo anula o minimiza lo positivo y vaticina consecuencias nefastas. Cuando esto es lo que recibes de alguien de forma intensa, no es de extrañar que tengas la sensación de que te ha pasado un camión por encima al acabar la conversación.

¿Ganas de volver a ver a esta persona? Cualquiera que se estime en una justa medida contestará: “nooooo”.

#2. El egocentrismo.

Invadir todas las conversaciones con “yo, a mí, me, conmigo”, anteponiendo perpetuamente las necesidades propias a las de los demás, contaminando la comunicación con un monólogo, sin empatía ni capacidad de escucha.

Buscando la interacción únicamente para descargar las angustias personales en otros, utilizándolos como depositarios al servicio de las inquietudes de uno.

Cuando alguien se pone el traje de egocentrismo desmedido suele engancharse al prójimo como una lapa y no lo suelta fácilmente. ¿Reconoces estos comportamientos asfixiantes? Son aquellos que pueden hablar durante horas y horas de sí mismos, sin darse por aludidos a pesar de los gestos de impaciencia, cansancio o desinterés del interlocutor.

Es más, rápidamente encuentran la fórmula de retenerte con un par de batallitas y circunloquios más, llegando incluso a agarrarte físicamente si fuera necesario e intentar escaparse. Frases famosas con las que reconocerle al instante:

“eso es como lo que a mí me ocurrió cuando…”,

  • “yo sé”
  • “yo pienso”
  • “yo siento”
  • “en mi caso…”
  • “fíjate a mí…”
  • “yo, yo, yo…”

#3. La eterna duda.

Dejarse llevar por una inseguridad permanente en cada una de las decisiones que se presentan, trasladando la vacilación angustiosa a los demás. Esta conducta resulta especialmente tóxica cuando el que se muestra extremadamente inseguro es un eslabón de una cadena, por la que no se puede avanzar hasta que no se decida.

Si forma parte de un equipo, la ambigüedad e inseguridad que trasmite puede bloquear el trabajo grupal; si es en pareja, el que lo recibe puede dudar de las verdaderas intenciones y sentimientos de quien no acaba por definirse.

En la intimidad estas vacilaciones se materializan en reiteradas preguntas, tales como:

  •  “¿habré hecho lo correcto?”
  • “¿seguro que esto es lo adecuado?”
  • “No sé; bueno sí, bueno no”.

Estos interrogantes hacen que vivas con ansiedad cada elección que ha de hacer alguien así, además de cansarte, marearte y frustrarte, porque no sabes a qué atenerte con este tipo de comportamientos inciertos y volubles.

#4. La agresividad verbal y no verbal.

En el momento en que se experimenta desacuerdo o se detecta algo que objetar, se abren las compuertas, expresando todo aquello que se piensa y siente, sin filtro ni autocontrol, espolvoreado de descalificativos y ofensas hacia los demás o las circunstancias.

En ese momento, toda esa basura agresiva salpica a los que se encuentran allí, y según con quien tope, provoca que se aparten bruscamente, se limpien o se encienda la batalla.

La agresividad es una de las conductas más tóxicas, porque como sucede con algunas drogas tremendamente peligrosas, sus efectos se mantienen durante mucho tiempo en el organismo del que la manifiesta y del que la recibe, si no sabe retirarse a tiempo.

En ocasiones, esta agresividad puede ir acompañada de un lenguaje no verbal y paraverbal tan contaminante como:

  • gritos
  • acortamiento de la distancia física con el interlocutor
  • fijar la mirada de modo desafiante
  • abrir la boca y los ojos sobremanera
  • utilizar un tono intimidatorio, sarcástico o hiriente, etc.

Al ser tan explícita es una de las acciones tóxicas más fácilmente reconocibles y que crean un rechazo mayor. Cuando la percibes con asiduidad, optas por evitar a la persona o por entrar en una escalada de mayor agresividad compitiendo con el famoso “y tú más”; y es que el ser humano ante una amenaza suele responder con el ataque o la huida.

Todos y cada uno de los comportamientos tóxicos que aquí hemos señalado hacen que las relaciones sociales salgan gravemente perjudicadas, y esto es porque a nadie le gusta no ser escuchado, que le insulten o que le contagien pesimismo e inseguridad.

Finalizamos con una entrevista a Bernardo Stamateas hablando de las conductas tóxicas:

¿Mantienes relaciones sociales tóxicas?

¿Reconoces conductas tóxicas en algunos de tus familiares o amigos?

Photo Credit: Galeria de vidadecambio