Quiero caer bien a los demás

¿Querer gustar a los demás puede ser un problema?

Quiero caer bien a los demás

Quien más, quien menos se preocupa de la imagen que da, de lo que otros piensan de él, de si ha causado buena impresión, etc.

No es extraño, somos seres sociales que solemos preferir que nuestras opiniones sean validadas por los grupos de referencia a los que pertenecemos.

No hay nada de sorprendente, ni de insano en querer agradar a los demás, siempre que esto no lo lleves al extremo y te esclavices al famoso “¿y qué dirán de mí?”

Por tanto, conviene diferenciar entre preferir caer bien y necesitar agradar a todos, siempre y a toda costa.

La segunda opción suele ser consecuencia de una baja autoestima y acaba condicionando la conducta.

Sin embargo, la primera opción es perfectamente saludable y normal.

En esa línea, te animo a que aprendas a ser simpático, no tanto por las razones que tú probablemente tengas en tu cabeza (“si soy simpático, me irá mejor en la vida, conseguiré más de la gente y tendré más éxito), sino por una en especial:

Cuando uno se relaciona con simpatía con los demás, la imagen que tiene de sí mismo es más agradable, más positiva, y eso reconforta, nutre y aumenta la autoestima.

Y fíjate bien que no he dicho “cuando uno cae bien” (sino cuando se muestra simpático), porque una conducta no es interpretada por todo el mundo de igual manera.

Es decir, ya puedes seguir las pautas que vamos aquí a dar, como las de cualquier otro manual de habilidades sociales, que siempre habrá alguien que pueda valorarte negativamente.

¿Por qué? Pues porque entre tu comportamiento y su valoración, hay un tercer elemento que es la interpretación que el receptor hace de tus gestos, palabras, etc.

Y en esa interpretación influye su estado anímico, su personalidad, sus costumbres, su cultura, sus creencias, etc.

Por todo ello, me reafirmo en que desarrolles esta habilidad por motivos propios, aunque mostrarte simpático, te abrirá puertas con mucha probabilidad.

“Pero eso de ser simpático es algo con lo que se nace, o no…”-puedes estar pensando.

Noooo, la simpatía es una habilidad social y como tal se puede aprender.

Algunos tienen más facilidad, y se nota, pero de cualquier forma todos podemos ejercitarnos en esta destreza de conectar en positivo con los demás.

Empecemos por una pequeña autoevaluación.

Autocuestionario de simpatía:

  • ¿Te consideras simpático?
  • ¿Sabes cuáles son las cualidades que te hacen parecer más simpático a los ojos de los demás?
  • ¿Tienes capacidad de escucha?
  • ¿Sabes hacerle entender al otro que le estás escuchando?
  • ¿Consideras que tienes sentido del humor?
  • ¿Eres consciente de tus gestos o tu lenguaje no verbal?
  • ¿Te interesas auténticamente por lo que otros te cuentan?
  • ¿Sabes interrumpir una conversación sin parecer grotesco o borde?
  • ¿Sonríes o ríes habitualmente?
  • ¿Haces uso de la amabilidad? ¿Reconocerías en ti conductas amables?
  • ¿Crees que aportas en las conversaciones contenidos o actitudes interesantes y enriquecedoras?

Si hay algo que quieres mejorar en este aspecto, algunas pautas que pueden serte de utilidad para desarrollar la simpatía con naturalidad son:

#1. Cuida tu lenguaje no verbal:

  • Regala una sonrisa cálida y relajada, sin que llegue a ser forzada (la que muestra los dientes en exceso tensando los labios). Si consigues concentrarte en lo que te está aportando esa persona en particular, te saldrá sola.
  • Ten contacto ocular a intervalos. Dirige la mirada a los ojos o al entrecejo, y retírala a ratos para no intimidar.
  • Acopla tu distancia física a la que te demanda el interlocutor. En los primeros minutos de la conversación puedes valorar el espacio con el que os sentís cómodos ambos y adaptarte a ello de forma fluida.
  • Asevera con movimientos afirmativos de la cabeza ante algunos comentarios del otro para hacerle ver que le entiendes y escuchas.

#2. Da feedback verbal

Esto significa que le hagas saber a la otra persona que le escuchas, que estás ahí atendiendo lo que dice, que le das importancia a lo que comparte contigo.

Más vale una interacción corta que una larga en la que empiezas a dar señales de “No te escucho. Me desconecté hace tiempo”.

Interésate auténticamente por las opiniones y sentimientos del otro. Todo el mundo tiene algo que aportar.

Puedes hacer el juego del eco, en el que repites (no textualmente) el mensaje que te ha llegado de la otra persona (“Sí, lo que tú quieres decir es que…; claro, lo que comentas es que…”).

También puedes hacer preguntas que le permitan al interlocutor explayarse en algún tema de su interés.

#3. Escucha y habla al 50%

Dirígete a la otra persona por su nombre, y tenlo en cuenta a lo largo de la charla.

Busca un equilibrio entre hablar y oír, sin volcar demasiado el foco en ti mismo, ni someter a un interrogatorio al que está en frente.

Algunos estudios reflejan como las personas que hablan y escuchan en porcentajes equitativos (al 50 o 60-40%) suelen ser percibidas como más simpáticas que aquellas que mayoritariamente hablan, superando incluso a las que escuchan en un porcentaje mayor.

Es decir, nos atrae y nos despierta más simpatía quien nos escucha con atención, y a la vez tiene algo interesante que aportar.

#4. Busca con rapidez un contenido o información en común

Detecta en los primeros momentos del diálogo qué es lo que puede unirte al otro.

Reconduce la conversación hacia esos valores, aficiones, pensamientos, contextos, etc. afines, creando pronto una sensación de complicidad e identificación de ideas.

Con esto, minimizas las diferencias o discrepancias, sin  ser falso o “dar la razón como a los tontos”.

No se trata de mostrar interés por una conversación que no te llama en grado alguno.

Más bien, es olfatear habilidosamente dónde hay temas potencialmente comunes, que crean esa intersección tan necesaria para provocar simpatía.

#5. Utiliza el sentido del humor

Esta es la pauta estrella que también puede potenciarse.

No se trata de contar chistes o hacerse el gracioso, basta con estar abierto a ver el lado cómico o absurdo de las cosas y señalarlo.

Cualquier imprevisto o situación del contexto puede ser una buena oportunidad para mostrarse positivo, relajado y por qué no reírse de los propios fallos de uno.

#6. Sé honesto y sé tú mismo

Esto no es una frase hecha, es lo que más valoramos en los demás: la autenticidad.

Esa capacidad de mostrarse uno tal cual es, con educación, sensibilidad y tacto, pero sin una exacerbada necesidad de aprobación social.

Por tanto, no finjas, ¿qué sentido tiene mostrarte simpático con alguien que a ti no te lo parece?

Esto nos hace retomar el planteamiento del qué partíamos: para qué quieres ser simpático.

Aprende a serlo, para elegir cuándo serlo y cuándo no.

#7. Ten en mente dos aspectos a evitar:

  • Paternalismo. Procura alejarte del tono dogmático, sentando cátedra en cada afirmación y dando consejos no solicitados.

La simpatía es como la expresión del pensamiento, un derecho que se puede ejercer o no, somos libres de hacerlo.

¿Te gustaría aprender a ganar en simpatía?

¿Crees que es una habilidad social que se puede aprender?

Si en algún momento has pensado que te gustaría aprender o entrenarte en habilidades sociales para mejorar tus relaciones, consulta y pregunta.

Por | 2019-03-26T14:22:52+00:00 marzo 11th, 2019|Desarrollo personal|Sin comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

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POR LA AUTORA DE ESTE BLOG

EXPERTA EN TERAPIA PAREJA

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