5 castigos ineficaces para los niños

“Ya no sé qué hacer con mi hijo”

“Parece que todo le da igual, no le importa ni que le castiguemos”

“Estamos desesperados, los castigos con mi hijo no sirven”

Frases frecuentes con las que los padres me expresan en consulta su frustración por no saber cómo manejar determinadas conductas de oposicionismo y desobediencia de su hijo.

Si te sientes identificado como padre y tienes dificultad para confrontar con tu hijo su comportamiento inadecuado, sigue leyendo este artículo, ya que entenderás mucho mejor por qué los castigos que estás imponiendo no te funcionan.

Como profesional de la psicología no soy partidaria de hablar de castigos en la modificación de conducta, sino más bien de aplicación de consecuencias, y como tal, trasladarle así al niño el concepto.

“Si suspendes este examen, tendrás que estudiar más horas para poder aprobarlo o recuperarlo, por lo que el fin de semana no podrás salir“ no tiene nada que ver  con “Este fin de castigado sin salir”. Si tú notas la diferencia, tú hijo también la percibirá.

Por otro lado, el castigo no puede contemplarse como el único recurso pedagógico para enseñar a un niño valores, comportamientos o habilidades. De hecho, no es eficaz ni en todas las situaciones ni con todos los niños.

Un castigo que además no se lleva a cabo de la manera adecuada, o que se excede en sus pretensiones, puede resultar más perjudicial que beneficioso.

Si observas que los castigos que aplicas a tu hijo le provocan más hostilidad, le hacen relacionarse contigo desde el miedo o el rencor, y no contribuyen a que muestre la conducta esperada, tal vez es que son ineficaces y merece la pena que consultes a un profesional para que te oriente.

En este sentido, vamos a enumerar algunos tipos de castigos sobre los que ya hay sobrada evidencia científica de que no resultan útiles como elementos psicoeducativos.

#1. Castigo físico.

 “Una buena bofetada a tiempo…”.

“Un azote es necesario y mano de santo”

Ahí están los argumentos que aún perduran en el siglo XXI para mantener el castigo físico e incluso reivindicarlo. Quizá ya no sea tan frecuente que el maestro o el padre coja la regla, el cinturón o la escoba para enderezar al niño que va por mal camino, pero sigue vigente la creencia de que en ocasiones el castigo físico está más que justificado y es lo único efectivo.

Sin embargo, si tu hijo hace lo que esperas cuando recibe un azote o una bofetada, no es tanto porque haya comprendido los beneficios de lo que le pides y esté aprendiendo, sino por el miedo.

A medio plazo, lo único que contribuirá este pésimo castigo es a que tu hijo intente vengarse, aprenda a ser agresivo cuando quiere obtener algo de los demás y a sentir miedo o rencor hacia ti o cualquiera que se lo infrinja.

Conclusión: El castigo físico es resultado de una mala gestión y falta de autocontrol de los padres, sólo genera más problemas.

#2. El castigo “te lo pongo, te lo quito”

Sí, lo sé, a veces te da pena, y te sientes incapaz como padre de mantener la consecuencia que le habías impuesto, pero es importante que seas consciente de que cuando retiras la consecuencia que ibas a aplicar, pierdes credibilidad ante tu hijo.

Desdecirte lo único que contribuirá es a que aprenda que cuando dices que “va a suceder A”,  no es tan seguro que eso vaya a darse, por lo que lo más probable es que no cese en su conducta.

Si además ha conseguido la retirada de la consecuencia tras llorar, suplicarte entre gritos o enrabietarse, la enseñanza que le queda es “insiste, llora, patalea que así puedes salirte con la tuya”.

Conclusión: Piensa bien qué consecuencia a su conducta quieres aplicar antes de decírsela, porque una vez que lo expreses lo mejor es que te mantengas firme.

#3. El castigo “desproporcionado”

En un momento de enfado y frustración puedes dejarte llevar por la ira y poner a tu hijo un castigo de estos que hacen historia, para después darte cuenta de que lo que le has impuesto es tan desproporcionado y exagerado que el niño acaba por sentir indiferencia de puro aburrimiento o rechazo ante la injusticia.

Ten en cuenta que si lleva una semana castigado sin salir de casa y sin ver la tele, lo más probable es que ya no puedas aplicarle más consecuencias en caso de que te conteste mal o te grite, por ejemplo.

Por otro lado, con castigos así el niño termina por habituarse de tanto tiempo que duran, por lo que no te sorprendas si ves que “parece que le da igual que le castigues”

Conclusión: Mejor consecuencias concretas, limitadas y proporcionales.

#4. El castigo que descalifica.

“Eres tonto”, “Hace falta ser cerdo”, “No he visto a nadie tan egoísta como tú”; “Eres lo peor” “Así, no vas a conseguir nada en la vida”.

Este tipo de verbalizaciones no son consecuencias válidas a aplicar tras una conducta inadecuada de tu hijo. No sólo no le indican qué es lo que esperas de él en concreto para que cambie, sino que lo que hacen es mermar su autoestima.

Como padre seguramente procuras enseñarle a tu hijo a que te hable con respeto, de la misma manera que es necesario que así te dirijas a él.

Conclusión: Descalificar es insano e improductivo para cambiar un comportamiento

#5. El castigo tardío.

Para que la aplicación de consecuencias sea efectiva ha de ser contingente, es decir que has de administrarla inmediatamente después de la conducta desadaptativa de tu hijo.

No esperes que haya cambios significativos si le dijiste el lunes “por gritarme te vas a quedar sin la Tablet este finde”, pues transcurre demasiado tiempo desde que te grita hasta que entiende, comprende y experimenta cuál es la consecuencia.

Conclusión: La consecuencia ha de aplicarse de forma inmediata para que sea efectiva.

¿Qué castigos o consecuencias aplicas a tu hijo para que cambie su comportamiento?

¿Crees que los castigos son útiles para educar?

Por | 2016-01-29T01:13:33+00:00 enero 26th, 2016|Psicología Infantil|4 Comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

4 Comentarios

  1. fatima.gonzalez1977@gmail.com'
    Fatima en - Responder

    Muchas gracias Patricia, qué buenos consejos! Quien dijo que educar fuera fácil?

    • Gracias a ti por tus palabras. Educar es un proceso de aprendizaje para padres y educadores. Hoy en día no vale eso de «a ser padres nadie te enseña», porque igual que nos formamos en distintas disciplinas para mejorar nuestro perfil profesional, la inteligencia emocional está ahí deseando ser descubierta para que los padres, y no padres, nos matriculemos en ella en beneficio de los que más queremos.

  2. cdiazreixa@gmail.com'
    Carmen en - Responder

    Hola Patricia,

    ¡Qué buenos consejos! Es curioso como cuando mis hijos han crecido me han confesado que el peor castigo del mundo es ver la cara de su madre tipo «Esto no es digno de ti». También yo recuerdo que la peor sensación del mundo con respecto a mi madre era pensar que no estaba contenta conmigo. ¡Se nota que el amor puede ser mejor modelo que los castigos!

    Gracias por estos sabidos consejos.

    • Hola Carmen,
      Efectivamente, la cara de una madre mostrando desaprobación es una consecuencia que no suele dejar indiferente. Ahora que lo comentas, aprovecho para aclarar, que esto ocurre si no vamos con esa cara de «enfadados» las 24 horas del día, porque si es así no la distinguirán de otras y dejará de causarles efecto alguno, que también en algunas consultas me han comentado como algunos niños se habituaban a esas caras, y es porque esos padres van con cara de «sargento americano» desde por la mañana.
      ¡Gracias por comentar Carmen!

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POR LA AUTORA DE ESTE BLOG

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