Estudio del apego: ¿qué preferimos afecto o comida?

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Estudio del apego: ¿qué preferimos afecto o comida?

Estudio del apego de Harlow:  el amor como el mejor alimento

Sabemos que, más allá de lo material, un factor clave para el buen desarrollo emocional y cognitivo del niño es la calidad del vínculo que haya tenido con sus progenitores o principales cuidadores en sus primeros años de vida.

Es lo que quiso demostrar el científico Harry Harlow en los años 60: el peso del afecto por encima de las necesidades fisiológicas. Para ello, separó a dos monos recién nacidos de sus madres y los colocó a cada uno en una situación experimental distinta. A uno con una madre hecha de metal, que suministraba comida periódicamente; y a  otro, con una madre hecha de una tela muy suave y cálida, sin ningún alimento.

El asombro vino al comprobar que los monitos preferían pasar más tiempo con la madre de tela que con la metálica. Incluso cuando bebían leche de ésta última seguían aferrados parcialmente a la madre de tela. Posteriores experimentos revelaron otras preferencias de los bebés mono: las madres que se mecían frente a las quietas, y las que estaban calientes frente a las frías.

monos de Harlow

Todo lo cual reforzaba la idea de que el bebé percibía en su madre algo más que una fuente de alimento, pues anteponía la obtención del cariño, calor y protección a la de la comida.

Si esto lo trasladamos a los seres humanos, corroboraríamos lo que en muchos países subdesarrollados se vive diariamente, y es, el hecho de que el afecto y la seguridad transmitidas a través del contacto físico con la madre y otras figuras de apego es determinante en la felicidad de los más pequeños.

De alguna manera, se compensarían así las grandes carencias materiales, y se responde así a la pregunta que muchos nos hacemos ante realidades tan hostiles “¿Cómo pueden ser felices con tan pocas cosas?”

En el lado opuesto, encontraríamos a muchos niños, pertenecientes a un estrato socioeconómico alto que, educados en un contexto de privación afectiva, sin haber mantenido vínculos de apego sanos y estables, llegan a convertirse en adultos insatisfechos emocionalmente o con baja autoestima, a pesar de haberlo tenido todo en el orden de lo pragmático.

Ahora podemos confirmar que cuando abrazamos, besamos, cogemos y acariciamos a los niños, les estamos dando el mayor de los bienes, el mejor de los regalos y la auténtica defensa contra los obstáculos de la vida, les estamos entregando amor.

No hay nada que puedan necesitar más y que sea más beneficioso para ellos, como el saber que hay alguien en quien pueden arroparse literal y simbólicamente hablando.

¿Qué importancia le das al amor y el afecto en tu vida?

¿El amor todo lo puede o es un algo utópico?

Photo Credit: DanielAtun

Por | 2017-08-08T00:10:37+00:00 julio 22nd, 2014|Psicología|2 Comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

2 Comentarios

  1. susanalorentegomez@gmail.com'

    Comparar al ser humano con el animal es obviar un hecho fundamental para comprender el psiquismo y es que hablamos, tenemos un lenguaje, estamos sobredeterminados por el inconsciente. Sino no hay manera de explicar cómo el niño rechaza comer a una madre que desborda de amor al niño… Tal vez precisamente por eso la rechaza. Creo que es algo para seguir investigando. Gracias por el artículo. Un saludo.

    • Estoy completamente de acuerdo Susana que hay grandes diferencias y distancias entre los animales y el ser humano, sólo éste último tiene conciencia de estar vivo, y puede hablar y reflexionar sobre sus emociones y sentimientos.No obstante, el comportamiento animal y su observación es un gran libro que tampoco podemos desaprovechar para acercarnos al conocimiento humano, aunque existe mucha controversia acerca de la ética en la experimentación con animales.
      Muy interesante el caso que planteas: una madre que desborda amor, y pese a ello el niño manifiesta «resistencia» al alimento. Sabemos que en la conducta de rechazo a la comida, pueden estar influyendo varios factores psíquicos, ambientales, primeras experiencias con otros adultos, etc. Es asombroso cómo afortunadamente la conducta humana no está determinada exclusivamente por un sólo factor inamovible, por lo que podemos ser optimistas en cuanto a los cambios que puede alcanzar ese niño y cualquier otro.

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POR LA AUTORA DE ESTE BLOG

EXPERTA EN TERAPIA PAREJA

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