¿Miedo o fobia?

Del miedo normal al problema de la fobia

Que levante la mano quien no sienta miedo en algún aspecto de su vida, ante algún animal, circunstancia, objeto, vivencia o pensamiento. Nadie se libra, porque nadie está exento de experimentar una emoción que es absolutamente normal y que, lo queramos o no, nos acompaña siempre en algún grado.

¿Dónde localizas tu miedo? ¿En tu estómago, en la flojera de tus piernas, en la sudoración de tus manos, en la acelaración de tus latidos?

Todos estos y algunos más son los síntomas que puedes experimentar cuando sientes esa emoción, porque tu cuerpo lo que hace es prepararse para afrontar un peligro: aumento de la tasa cardiaca, dilatación pupilar, tensión muscular, incremento de la conductancia de la piel (se eriza el vello), etc.

Cuando detectas una amenaza necesitas activarte para huir o atacar si fuera necesario, y esos son los cambios que experimentas en tu organismo al estar frente a estímulos que consideras peligrosos, sean reales (alguien te amenaza con agredirte) o imaginados (recuerdas un hecho del pasado que te asusta o estás ante una escena de una película de terror).

A tu mente no le hace falta que el estímulo temido esté ahí delante en el presente, ni siquiera que exista, le basta con imaginárselo, recordarlo (el susto que te diste al salir a oscuras al portal y tropezar) o anticiparse a ello (miedo a que te echen del trabajo)

Si lo piensas detenidamente, el miedo tiene su función, su razón de ser: te hace ser precavido, responsable, comprometido, atento, etc. En realidad, ha seguido transmitiéndose, de generación en generación, porque evolutivamente es adaptativo, es decir, que nos ha venido bien para la supervivencia de la especie.

¿Te imaginas cómo hubiera llegado el hombre hasta la actualidad, si no hubiera tenido miedo de los rayos, de las fieras salvajes y de las conductas agresivas de sus congéneres? El miedo salvó muchas vidas, así que no le intentes silenciar, porque tiene su misión.

Puede que estés pensando: ¿y qué función positiva tiene que yo entré en pánico cada vez que piso un ascensor o me imagino uno, si estadísticamente es improbable que me ocurra algo negativo? ¿Qué sentido tiene este tipo de miedo, de qué me protege, de qué me avisa, para qué activa mi cuerpo, si el peligro ni es evidente ni es objetivo?

En este caso no estaríamos hablando de miedo, sino de fobia: un miedo exacerbado, irracional, que no tiene ninguna función positiva, que es desproporcionado, que se vuelve incontrolable y que te limita y condiciona la vida.

La fobia no te ayuda a sobrevivir, más bien te perjudica y coacciona, porque te impide moverte libremente por la vida. La fobia te lanza continuamente el mensaje de “No, tu eso no puedes. No, eso es horrible. No, eso es tremendamente peligroso, insoportable, evítalo a toda costa”.

La fobia hace que creas a pie juntillas el cartel de “peligro, alerta máxima” y no te permite cuestionar tu temor, ni comprobar que realmente no hay tal peligro. Es un trastorno psicológico que afecta mucho tu estado de ánimo, y en muchos casos tus relaciones laborales, familiares y personales.

Cómo diferenciar un miedo natural de una fobia:

#1. La fobia limita tu vida diaria, condiciona tus decisiones sobremanera.

El mismo miedo a un estímulo (por ejemplo, serpiente) puede limitar más o menos según sean tus circunstancias.

Por ejemplo, si tienes miedo a las serpientes y vives en una ciudad céntrica de un país desarrollado, la probabilidad de encontrarte con ellas es ínfima, por lo que tienes mucha más facilidad para desenvolverte en tu vida cotidiana sin pasarlo mal, y simplemente lo considerarás un miedo más.

Sin embargo, si vives en el campo o en la selva, la probabilidad de encontrarte con una serpiente es mucho mayor, por lo que tu cerebro tenderá a estar continuamente en alerta, y por tanto tu miedo tenderá a transformarse en una fobia que condicione muchísimo más tus movimientos diarios.

#2. El grado o intensidad con que se manifiesta el miedo.

¿Te desagrada pasar por un túnel y te sientes levemente molesto? o ¿Se te suelta la tripa, no puedes respirar y sientes que tienes que salir de ahí inmediatamente?

El miedo hace que prefieras que el estímulo temido (cucaracha, altura) no estuviera allí, pero la fobia te genera la necesidad de que el estímulo temido desaparezca urgentemente.

#3. La cercanía necesaria con la que el estímulo temido desencadena la ansiedad.

¿Te sientes un poco nervioso cuando estás a punto de despegar de un avión como le ocurre al 95% de los pasajeros? ¿O por el contrario, pasas noches sin dormir, tiemblas, te aumentan los latidos y te sudan las manos cuando piensas que tienes que coger un avión dentro de dos meses?

Si tu ansiedad es recurrente, incluso cuando aún falta mucho para que llegue la situación concreta, puedes estar desarrollando una fobia.

#4. La fobia tiene un gran componente evitativo.

Puede que seas consciente de que te cuesta empezar a hablar cuando conoces a gente nueva y pasas un poco de miedo antes de estas situaciones sociales; pero si tu ansiedad es tan alta, que se dispara con solo imaginar que tienes que acudir a un evento social con desconocidos y haces todo lo posible por evitar ir, entonces hablamos de fobia social.

En las fobias se produce una ansiedad exacerbada mientras “se soporta” el estímulo temido, o se hace todo lo posible por evitarlo mental y conductualmente, huyendo de forma abrupta si es viable.

En resumen, el miedo es una emoción primaria que nos permite alejarnos de situaciones indeseadas con realismo y lógica. La fobia es una respuesta de miedo irracional, exagerada y persistente que se hace imposible de controlar.

Si crees que puedes estar padeciendo una fobia, has de saber que tiene tratamiento y solución. Consulta con un profesional, pide ayuda.

A continuación, un vídeo del Psicólogo Jordi Pons sobre cómo pasamos del miedo a la fobia:

¿Tienes alguna fobia que te crea ansiedad y malestar?
¿Eres víctima de algún miedo que no puedes controlar?

Por | 2017-07-08T15:33:50+00:00 julio 8th, 2015|Psicología|2 Comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

2 Comentarios

  1. d.gencheva@cop.es'
    Psicologo Madrid 17 julio, 2015 en 6:06 pm - Responder

    Muy buen articulo, creo que deja muy clara la diferencia entre ambos conceptos. Es imprescendible saber valorar el miedo como algo adaptativo que garantiza la supervivencia y diferenciarlo de una reacción fisiológica desproporcionada. Me gustaría añadir que en el caso de las fobias a insectos y reptiles, a veces no está muy claro si lo que se siente es miedo o asco y puede llegar a ser un poco desconcertante para la persona que lo experimenta.

    • Patricia Córdoba 20 julio, 2015 en 1:00 pm - Responder

      Hola Denitsa,
      Gracias por tu aportación en los comentarios. Es cierto, el asco es una emoción básica, como el miedo o la ira, aunque no tan estudiada. Las reacciones fisiológicas del asco pueden ser muy similares a las del miedo (náuseas, sudoración, palidez, etc.). Ya hay estudios que demuestran que el asco predice síntomas fóbicos (a inyecciones, animales, etc.), por lo que ahora sabemos que en determinadas fobias hay que tratar también el nivel de asco asociado (más que de miedo).

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POR LA AUTORA DE ESTE BLOG

EXPERTA EN TERAPIA PAREJA

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