Claustrofobia: por qué tengo este miedo

Causas del miedo irracional a los espacios cerrados

Llevaba 15 años sin poder montarse en un ascensor, ni montar en metro, ni por supuesto coger un avión. Cuando se iba de vacaciones tenía que mirar antes el mapa de carreteras para ver si en el trayecto había túneles y evitarlos, buscando así un recorrido alternativo, aunque tardara el doble. Nunca podía entrar a los probadores de las tiendas, y siempre que iba a un lugar por primera vez tenía que sentarse cerca de la ventana y tener localizadas las puertas y salidas de emergencia. Había rechazado dos trabajos por un miedo irracional a quedarse atrapada en espacios cerrados, y cuando llegó a la consulta tardó bastantes sesiones en permitirme cerrar por completo la puerta del despacho.

¿Qué pasa por la cabeza de una persona para limitar tanto su vida? La lista de “no puedo…” se hace interminable, porque con los años este miedo intenso e irracional se transforma en una fobia que cada vez va condicionando más la vida de quien la sufre.

Puedes sentir que te tiemblan las manos, flaquean las piernas, se te sale el corazón por la boca, te mareas, te falta aire, tienes náuseas, etc. en sitios cerrados.

¿Es tu caso? ¿Te sientes en algún grado identificado? Si eres claustrofóbico, sabrás lo que es sentir pánico a quedarte atrapado y no poder respirar en lugares pequeños, probablemente lleves meses o años preguntándote por qué te ha tenido que pasar a ti.

Bueno, pues es importante que conozcas posibles factores explicativos que te ayudarán a entender mejor lo que te ocurre para después ponerte en tratamiento y afrontarlo.

#1. Experiencia traumática.

Hay un porcentaje de personas, entre las que puede que te encuentres, que lo padecen tras experimentar un suceso angustiante, como por ejemplo sufrir un ataque de ansiedad en un sitio del que no podían salir rápidamente o el acceso estaba limitado, como un vagón de metro o un aseo con una puerta oxidada que tardó en abrirse.

Desde aquel momento, han asociado los espacios similares a algo ansiógeno o aversivo, por el temor a que les vuelva a suceder algo igual, sintiendo ansiedad con sólo pensarlo, imaginarlo o contarlo.

No obstante, hay gente que ha vivido un acontecimiento puntual de este tipo y no ha desarrollado tiempo después claustrofobia. De igual forma, hay quien sufre esta fobia y no recuerda haber vivido ningún episodio traumático similar. Todo esto puede explicarse teniendo en cuenta el siguiente factor explicativo.

#2. Dimensión del espacio personal.

Según algunos autores en la materia, todos nos movemos y relacionamos dentro de un espacio personal como si fuera una burbuja de protección, que nos acompaña a todos los lados. Cuánto más grande sea esta burbuja, es decir, cuánto más se extienda más allá de tu cuerpo, mayor será la tendencia a experimentar claustrofobia, sintiendo que te falta espacio para poder estar cómodo.

Los investigadores Emory Stella Lourenco y Matthew Longo, de la Universidad Londres (Reino Unido) han hallado a partir de un estudio que no todos percibimos el espacio de la misma manera.

De modo que las personas con un alto nivel de claustrofobia tienen un exagerado sentido del espacio que les rodea. Es probable que esta distorsión espacial genere el miedo, y una vez que éste está instalado se distorsione más la percepción del espacio, retroalimentándose.

En esta investigación se encontró a partir de las pruebas neuronales y comportamentales que los sujetos que puntuaban alto en claustrofobia subestimaban las distancias horizontales y sobreestimaban las verticales, lo que podría explicar porque si eres claustrofóbico, las dimensiones del ascensor te parecen menores que a tus acompañantes.

Entonces, ¿quiere decirse que si has vivido una experiencia traumática relacionada con no poder salir de un espacio cerrado y/o tiendes a distorsionar la percepción del espacio físico, tendrás claustrofobia? No, la respuesta es que no necesariamente, pues para padecerla hace falta que ese miedo irracional se mantenga a lo largo del tiempo a través de conductas y pensamientos tales como:

#1. La evitación

Cuánto más evites las situaciones temidas, más estarás reforzando y agrandando el miedo. Llegas a uno de estos lugares que te asustan (ascensor, habitación pequeña, metro, túnel) y valoras que “no puedes” entrar o estar allí, y huyes despavorido y aterrado.

Eso hace que te vayas pensando que ese sitio es “horrible”, tan “aterrador e insoportable” que has tenido que huir. Además, la evitación te devuelve una imagen de ti mismo de vulnerabilidad, de debilidad, de “no soy capaz”, por lo que aumenta la probabilidad de que la siguiente vez acabes huyendo antes, e incluso planifiques cómo hacer todo lo posible para evitar esa situación, aunque tengas que subir 15 pisos a pie, o no poder entrar en un baño público.

#2. La generalización.

El miedo que no se afronta, se propaga rápido como el fuego y se va extendiendo como una enfermedad avanzada. Si no te expones a los estímulos temidos y continúas evitándolos, lo más probable es que se produzca lo que se conoce como generalización.

Es decir, comienzas a tener miedo a montar en el ascensor, y después con el tiempo lo vas extrapolando a otras situaciones que guardan cierta similitud: tampoco montas en metro, ni en tren, ni entras en espacios sin ventanas, y acabas sin poder estar en lugares con la puerta cerrada o cerca de la salida.

Esto es lo que mantiene el miedo, pero de la misma manera que aumenta, puede extinguirse, disminuir y afrontarse. La claustrofobia no es un problema crónico al que tengas que resignarte, lleves el tiempo que lleves con ello.

Tus familiares y amigos probablemente habrán tratado de ayudarte, acompañándote a todos esos sitios que te producen temor y aliándose contigo para evitar esos lugares cerrados, por supuesto que lo habrán hecho con la mejor de las intenciones, sin embargo esa no es la solución, como ya habrás podido comprobar.

La terapia cognitivo-conductual ya ha demostrado altos niveles de éxito en la intervención de esta fobia, permitiendo al paciente volver a tener libertad en su vida.

Si quieres vivir sin miedo, no tienes por qué hacerlo solo, pregunta al profesional, consulta.

Finalizamos con un extracto de un interesante documental donde se ven los efectos positivos que pueden tener algunas técnicas de la terapia cognitivo-conductual sobre un miedo irracional como lo es la claustrofobia:

¿Has experimentado claustrofobia alguna vez?
¿Viviste algún episodio traumático relacionado con los espacios cerrados?

Photo Credit: Umberto Rotundo
Por | 2017-07-08T15:33:52+00:00 enero 27th, 2015|Psicología|Sin comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

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POR LA AUTORA DE ESTE BLOG

EXPERTA EN TERAPIA PAREJA

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