Qué es un ataque de ansiedad, qué me está pasando

Todo el mundo ha experimentado en algún grado, por leve que sea, síntomas de ansiedad, y esto es porque es una respuesta relativamente frecuente cuando estamos ante lo que el cerebro interpreta como un peligro. Si la mente valora una situación como amenazante, envía señales al cuerpo para que se prepare para la acción: o bien se defiende o bien la evita, esto es lo que se conoce como respuesta de ataque o huida.

Esta reacción es sumamente adaptativa y puede llegar a activarse en cuestión de segundos, incluso salvarnos la vida, como por ejemplo cuando vamos distraídos cruzando un semáforo en rojo y, de repente, nos pita un coche que pasa muy cerca. En esos momentos, todos ponemos en marcha una respuesta de miedo que se asemeja mucho a lo que puede ser un ataque de ansiedad: aumenta nuestra respiración, el corazón late más deprisa, nuestras pupilas se dilatan, aumenta la conductancia de la piel (vello de punta), todos nuestros músculos se tensan y se disponen a actuar (salir corriendo). Poco a poco, segundos o minutos después, en cuanto detectamos que el riesgo ha desaparecido (estamos a salvo en la acera), vamos relajándonos y retornando a un estado de calma.

¿Te ha pasado? ¿Te reconoces?

Ahora imaginemos que está respuesta de activación del organismo se prolonga en el tiempo, sube de intensidad y no acaba de desactivarse completamente en ningún momento del día, entonces decimos que ha dejado de ser adaptativa y cumplir su función. Cuando esto es así, has desarrollado un trastorno de ansiedad,  estás en constante estado de alerta, como si en cualquier instante fuese a ocurrirte algo malo y tuvieras que estar al acecho. Lo paradójico del asunto, y que más te desconcierta, es que no  identificas ningún peligro objetivo, por lo que no entiendes por qué tu cuerpo responde así.

Las zonas cerebrales (como el tallo cerebral) que se activan ante el miedo, son las mismas que lo hacen durante un ataque de ansiedad, en ambos casos registran hiperactividad noradrenérgica, pero en una crisis permanecen en “on” casi de continuo, y necesitan de menor estimulación para encenderse, es decir, que estos ataques se pueden producir de forma repentina, sin que apenas haya surgido un estímulo amenazante.

Esta sensación de falta de control hace que empieces a desarrollar un gran miedo a volver a tener un ataque de pánico (ansiedad anticipatoria), lo cual te predispone a desencadenar de nuevo otro, como pescadilla que se muerde la cola. En un intento por protegerte, buscas la tranquilidad y seguridad, evitando cada vez más situaciones (salidas, ir al trabajo, conducir, etc.) llegando incluso a aislarte en casa, porque te siente incapaz de salir (evitación fóbica o agorafobia).

Es un trastorno muy limitante, que interfiere severamente con el buen desarrollo y calidad de la vida diaria. Por eso, es importante que consultes con un profesional especializado para poder abordarlo estratégicamente. En TuPsicologia podemos ayudarte a solucionarlo.

En este vídeo de practicopedia.com puedes aprender a identificar claramente una crisis de ansiedad para poder afrontarla adecuadamente cuanto antes:

¿Has tenido una crisis de ansiedad?

¿Sabías que eran síntomas de ansiedad?

Photo Credit: ArKangel