“Se acabó lo bueno” –puede que te levantes con esta frase taladrándote la cabeza después de haber estado unas semanas de vacaciones, olvidándote de todo, aislándote en esa burbuja donde no existen las obligaciones, las relaciones tóxicas de oficina y los madrugones para vivir una interminable jornada mecánica y repetitiva.

Si te cuentas algo semejante al párrafo anterior, no es de extrañar que el fin de las vacaciones se te haga cuesta arriba, porque estarás enfatizando en todo lo negativo que implica ir a trabajar, presentándotelo como algo tedioso e insoportable.

Cuando esto ocurre, justo después de aterrizar de tu descanso estival, y va acompañado de síntomas depresivos y ansiógenos como tristeza, apatía, pensamientos negativos recurrentes sobre el trabajo, dificultad para dormir o incluso comer, palpitaciones, sudoración, aumento de la frecuencia respiratoria y cardíaca, temblores, cambios de humor, etc; entonces estamos hablando del síndrome postvacacional.

No es una enfermedad, es una alteración significativa del estado de ánimo,

 temporal y situacional, y por lo tanto, puede revertirse con mayor facilidad,

si tienes en cuenta una serie de recomendaciones.

Tampoco podemos decir que sea algo universal, de hecho hay personas para las que la vuelta al trabajo no se convierte en un periodo de desapatación que les provoca malestar. Incluso, se ha encontrado que en las sociedades que valoran el trabajo como algo creativo, con sentido por sí mismo y digno para el ser humano, el estrés postvacacional prácticamente no existe.

Todo esto, te da pistas de algo que es fundamental, tu vuelta al trabajo dependerá en gran medida de cómo tú interpretes este hecho, de cómo lo enfoques y hacia donde dirijas tu atención cuando reanudes tu jornada laboral.

Esto es una buena noticia, porque significa que tú puedes hacer algo para que la vuelta sea más positiva.

Veamos algunas de las pautas que puedes llevar a cabo para que esto suceda:

#1. Objetivos pequeños

No pretendas ponerte al día en prácticamente 24 horas. Asume que tu vuelta ha de ser gradual, y como tal, durante un tiempo las cosas no estarán “completamente” controladas, ni actualizadas ni resueltas.

Si es necesario, habla con tus compañeros y superiores para que cuenten con unos días de margen para “mayor organización de todos”. Sé asertivo, expresa lo que estás sintiendo o pensando, no des por sentado que los otros tienen presente que acabas de incorporarte, díselo tú, por muy evidente que a ti te parezca.

Se trata de que, en la medida de lo posible, comiences con pequeñas acciones que te permitan ir metiéndote en la actividad de forma gradual, sin tanta presión y estrés. Haz una revisión de tus tareas, y empieza por las que te demanden menos esfuerzo.

#2. Introduce elementos nuevos.

Para que no te venza el rechazo a la rutina, date la oportunidad de inaugurar temporada, acompañándote de algunos cambios que tú mismo puedes introducir para crear un ambiente novedoso que te aporte energía.

Puedes comenzar por el contexto espacial, aprovecha para cambiar tu mesa de trabajo, organiza tus papeles y objetos con otra distribución, elimina cosas que ya no te hagan falta, coloca fotos nuevas, etc.; en fin, dale otro aire a tu sitio de trabajo.

#3. Focaliza en lo positivo de tu trabajo.

Quizá no le estés dando importancia, pero el autodiálogo negativo es una losa que llevas contigo y que te predispone, sin duda, a sentirte más agobiado y pesimista con respecto a tu reincorporación.

Por eso, algo que puede ayudarte mucho es hacer una selección de todos aquellos aspectos positivos de tu puesto de trabajo: qué te provoca satisfacción, qué te genera emociones positivas, qué ventajas y beneficios te aporta el poder trabajar, qué variables o características son especialmente buenas, etc.

No se trata de que te autoengañes, contándote que te gusta algo que te disgusta, más bien es entrenarte durante unos días en identificar y subrayar lo que sí te es favorable, para que poco a poco el autodiálogo positivo gane espacio al negativo.

#4. Ejercicio y descanso.

Es inevitable que los primeros días, o incluso las primeras semanas, estés más activado de lo normal, pues has pasado de un estado de tranquilidad y ritmo sosegado al ajetreo y las prisas de la rutina diaria.

No obstante, algo que puede ayudarte a realizar esa transición de manera más positiva es practicar alguna actividad aeróbica, durante al menos 45 minutos, 2 o 3 veces por semana.

El deporte te permitirá liberar endorfinas, al tiempo que tu mente desconecta de las preocupaciones para focalizar la atención en la ejecución de la actividad.

Por otro lado, tener un sueño reparador es esencial para que tu cuerpo ayude a tu mente a afrontar la vuelta. Procura unos días antes de volver a incorporarte a tu trabajo, comenzar a tener una rutina de sueño en cuanto a horarios lo más semejante a la que vas a tener cuando trabajes.

#5. Crea espacios de ocio.

La vuelta se te hará más llevadera, si sabes que no tienes que esperar exactamente un año entero para tener un momento de desconexión mental y física.

Si puedes elegir, reparte a lo largo del año tus periodos vacacionales, para que el contraste entre ocio y obligación no sea tan brusco, y te sea más fácil adaptarte a los cambios.

Otra opción, es la de hacer pequeñas escapadas o salidas de fines de semana a un entorno completamente distinto al habitual, que te permitan recuperarte de la rutina semanal.

Tener esto en mente, y saber que puedes volver a crear espacios de ocio y descanso, te ayudará en esta fase de adaptación.

Finalizamos con un vídeo de una entrevista a Lourdes Garrido, psicóloga, en el programa Directos al Mediodía sobre el Síndrome postvacacional:

¿Te cuesta afrontar la vuelta al trabajo?
¿Sufres el síndrome postvacacional?