Lo que no debes decirle a alguien deprimido

Hoy en día, quien más, quien menos, ha tenido cerca a alguien con depresión. ¿Tu familiar, un conocido, un amigo tuyo, un compañero que se da de baja por este motivo?

Para el que la padece, disimularlo o esconderlo es francamente difícil. Si has compartido tiempo con alguien deprimido, habrás notado su bajo estado de ánimo en su mirada, en su inactividad, en su tristeza, en sus comentarios negativos y desesperanzados, en su desmotivación por vivir y en su incapacidad para disfrutar.

Al principio, no sabes si su irritabilidad se debe a que está atravesando una mala racha, a su pesimismo, o a si la tiene tomada contigo.

A medida que pasa el tiempo, y compruebas que su sombra negra permanece, empiezas a tener conciencia de que el otro tiene un problema, aunque aún no sabes cómo llamarlo.

Estar varias horas al día con un depresivo, deja huella, ¿verdad? Incluso cuando ya sabes que lo está pasando mal y que no es nada personal hacia ti, no puedes evitar, por momentos, desear alejarte con todas tus fuerzas de esa energía negativa que fluye alrededor.

A la vez, si la persona que tiene depresión es alguien al que aprecias, al que te une algo especial, intentarás por todos los medios sacarle de ese estado de sufrimiento.

En esos momentos, probablemente hagas o digas cosas, con la mejor de las intenciones, que no solo no son adecuadas, sino que pueden llegar a ser contraproducentes.

Nadie te juzga, la impotencia de ver a quien quieres así, y el desgaste que conlleva convivir con él/ ella, junto con el desconocimiento sobre lo que podría ayudarle verdaderamente, te pueden hacer decir cosas que, lejos de movilizarle, le estanquen más.

¿Te suena aquello de que si encuentras a alguien herido en la carretera no le toques y pidas auxilio médico, porque quizá al moverle puedas ocasionar una lesión mayor? Pues en este caso, ocurriría algo similar.

Si no sabes muy bien qué decir a alguien con depresión para ayudarle;

tranquilo, es mejor que no digas nada,

simplemente escúchale, acompáñale con todos los sentidos

Desde tu angustia por verle así, o desde tu propia incomodidad por estar expuesto a semejante negatividad, puedes decir algo que resulte más perjudicial que beneficioso. Veamos algunos ejemplos de ellos, para evitarlo en la medida de lo posible:

#1. “Sé cómo te sientes” (a secas y sin saberlo)

Estarás pensando “bueno, cuando lo dije yo sólo quería que se sintiese comprendido”. Claro, pero para ello tienes que tener en cuenta varias cosas:
• La persona que tiene depresión, de por sí ya se siente “incomprendida”, “rara”, “distinta”, como si los demás fuesen unos ilusos que no tienen la más mínima idea de lo que sufre, por lo que se mostrará especialmente escéptica ante esta frase tuya. Al oírla, puede pensar que te estás mofando de ella o tratando de forma condescendiente.

• Es bueno que te muestres empático, y le hagas saber que le comprendes, validando sus motivos “Sé que te cuesta hasta moverte y encontrar un motivo para levantarte”

• Empléala si, y solo si, de verdad eres capaz de “entender”, no intentes repetirla de forma mecánica e impostada, pues le harás sentir mayor frustración.

#2. “Vamos, tienes que poner más de tu parte”

Esta expresión, probablemente la utilizas cuando llegas al límite de tu paciencia, y ya no sabes qué hacer para que remonte tu familiar, pareja o amigo.

Con ella le estás diciendo que no está haciendo lo suficiente, que es cuestión de voluntad, y que en cierta manera “está así, porque quiere, porque si se esforzara, saldría de la depresión…”

Alguien deprimido ve cómo su cuerpo no le responde, cómo no puede llevar a cabo actividades que antes le gustaban. Escuchar esto, le hará sentir tal impotencia y culpabilidad, que tendrá otro motivo más para seguir viendo las cosas en modo gris.

La depresión no es cuestión de voluntad. Si quieres ayudarle, anímale a hacer actividades concretas gradualmente sin exigirle, sin enfadarte porque no las haga.

#3. “¿Por qué estás así con todo lo que tienes bueno?

Sé que con esta pregunta pretendes que tome conciencia de todas las cosas positivas que hay en su vida y relativice lo que le pueda angustiar.

Recuerda que el deprimido ve el mundo a través de unas gafas grises que captan con rapidez y nitidez todos los aspectos negativos de cualquier circunstancia, con el añadido de que no cree llevar esas gafas, sino que está convencido de que la realidad es tal cual la ve.

Sabe todo lo que posee, pero no puede sentir ilusión por ello, su dolor es más profundo y va más allá de lo que tiene. Enumerarle todo lo que tiene o decirle que hay otras personas que están peor que él, le hará encerrarse más en sí mismo y tender al mutismo.

Invítale a participar de lo positivo poco a poco, aunque no lo disfrute como antes, y por supuesto, sin reprocharle o cuestionarle.

#4. “Te estás volviendo insoportable, contigo no se puede”

Si tú mismo te sientes impotente a la hora de ayudarle, retírate antes de expresar tu frustración de esta manera. Puedes pedir ayuda a un psicólogo para que te dé herramientas para afrontar más sanamente la depresión de tu ser querido.

Puedes señalarle algunos de los comportamientos o pensamientos que le hacen daño (estos se pueden cambiar), pero no le etiquetes como insoportable o le traslades la idea de que el problema es su forma de ser, lo cual le parecerá imposible de cambiar y le hará sentir más angustiado.

Deja que te ayude a ayudarle. Consulta.

Finalizamos con un vídeo de la doctora Marisa Azaret de CNN en Español sobre cómo ayudar a una persona deprimida:

¿Has dicho algunas de estas frases a alguien deprimido para ayudarle?
¿Te ocurre que no sabes muy bien qué decir a alguien deprimido?

Por | 2017-07-08T15:33:41+00:00 mayo 10th, 2016|Psicología|2 Comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

2 Comentarios

  1. irtha.lopez.m@gmail.com'
    Irtha 22 marzo, 2017 en 10:53 pm - Responder

    Hola, Patricia.

    He vuelto a tu blog buscando artículos sobre depresión, y me gustaría felicitarte porque, aunque diría que lo pensé en su momento, creo que no llegué a decírtelo: me encantan tus artículos porque guardan un equilibrio perfecto entre información científica-personal, teórico-prácticos y, además, concisos. A mí me cuesta horrores escribir algo concreto y útil en pequeño formato.

    En fin, aparte de esto, quería enviarte un comentario para añadir una que he escuchado bastante en los últimos meses y que a mí me fastidia muchísimo cuando estoy pasando una época de estado de ánimo más deprimido (leí tu artículo sobre distimia, y creo que está bien reconocerme que fui una adolescente distímica).

    La frase es: “yo también era como tú, y salí de ahí; si yo pude, tú puedes”. Me repatea el alma. Es una mezcla de las 4. Lo hacen con buena intención, como ejemplo positivo de que es posible, pero de verdad, que lo que me entran son ganas de decirle: “me importan un comino tú y tu vida”.

    Intento ser compasiva con esa persona, pero es difícil cuando busco apoyo y me encuentro con lo contrario. Recientemente me han dicho incluso, literalmente: “tú no tienes derecho a quejarte, porque no haces nada”. Y tan feliz se quedó el tipo.

    Gracias por ayudar a concienciar sobre alternativas más sanas para todos en estos casos. Me ayuda a mí también a saber qué falla y a saber qué puedo pedir, si lo necesito o me parece que merece la pena hacerlo.

    Un abrazo.

    • Patricia Córdoba 27 marzo, 2017 en 3:12 pm - Responder

      Hola Irtha,

      Gracias por tus palabras, lo cierto es que es justo lo que intento con el Blog: acercar la Psicología como ciencia al lector, con conceptos concretos, tangibles, en los que rápidamente pueda uno o verse reflejado o identificar a otros con los que se relaciona, y empezara establecer entre todos un código común para entendernos, respetarnos y empatizar más y mejor.

      Esa frase de “si yo puedes, tú puedes”, es cierto, la pueden dar con la mejor de ls intenciones, pero a veces se echa en falta un poco más de empatía, porque verdaderamente cada uno somos un mundo distinto, y lo que para ti es secundario para mí es prioritario, y lo que para ti es un recurso de ayuda para mí no lo es.

      Por supuesto, que tenemos derecho a quejarnos, y sobre todo a pedir o preguntar.
      Gracias por pasarte por el Blog y por tu valiosa aportación.
      Un abrazo!

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POR LA AUTORA DE ESTE BLOG

EXPERTA EN TERAPIA PAREJA

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