Autodependencia: tu felicidad depende de ti

Todo lo que necesitas ya está en ti

¿Te has fijado en todas las pequeñas decisiones que tomas cada día? En cada una de ellas tienes una oportunidad de ser activo en tu vida. Es cierto que podrás errar o responder de manera adecuada, pero de cualquier forma habrás ejercido tu libertad de pensamiento y acción.

Sin embargo, cuando esperas a que sean otros los que decidan por ti, cuando esperas a que sean otros los que te hagan feliz, cuando esperas a que las cosas sean diferentes para encontrar la felicidad, pues tan sólo pasa eso: que esperas y esperas, depositando algo interno tan valioso como es tu bienestar en algo externo. Cuando eso ocurre te conviertes en dependiente.

¿Eres feliz? “Mmm, pues depende, depende de lo que haga mi pareja, de lo que a mí hijos les suceda, de lo que encuentre en mi trabajo, etc.” Cuanto más larga te salga esta lista, más doblegado estarás a colocar tu felicidad en un estado de dependencia o condición.

¿Y si todo lo que necesitas dependiera de ti?

Escucha este pequeño relato de Bucay:
“Me acuerdo siempre de esta escena:
Mi primo, mucho más chico que yo, tenía tres años. Yo tenía uno doce… Estábamos en el comedor diario de la casa de mi abuela. Mi primito vino corriendo y se llevó la mesa ratona por delante. Cayó sentado de culo en el piso llorando.

Se había dado un golpe fuerte y poco después un bultito del tamaño de un hueso de durazno le apareció en la frente. Mi tía que estaba en la habitación corrió a abrazarlo y mientras me pedía que trajera hielo le decía a mi primo: Pobrecito, mala la mesa que te pegó, chas chas a la mesa…, mientras le daba palmadas al mueble invitando a mi pobre primo a que la imitara… Y yo pensaba: ¿…? ¿Cuál es la enseñanza? La responsabilidad no es tuya que sos un torpe, que tenés tres años y que no mirás por dónde caminás; la culpa es de la mesa. La mesa es mala.

Yo intentaba entender más o menos sorprendido el mensaje oculto de la mala intencionalidad de los objetos. Y mi tía insistía para que mi primo le pegara a la mesa…

Me parece gracioso como símbolo, pero como aprendizaje me parece siniestro: vos nunca sos responsable de lo que hiciste, la culpa siempre la tiene el otro, la culpa es del afuera, vos no, es el otro el que tiene que dejar de estar en tu
camino para que vos no te golpees…Tuve que recorrer un largo trecho para apartarme de los mensajes de las tías
del mundo.

Es mi responsabilidad apartarme de lo que me daña. Es mi responsabilidad defenderme de los que me hacen daño. Es mi responsabilidad hacerme cargo de lo que me pasa y saber mi cuota de participación en los hechos.

Tengo que darme cuenta de la influencia que tiene cada cosa que hago. Para que las cosas que me pasan me pasen, yo tengo que hacer lo que hago. Y no digo que puedo manejar todo lo que me pasa, sino que soy responsable de lo que me pasa porque en algo, aunque sea pequeño, he colaborado para que
suceda.

Yo no puedo controlar la actitud de todos a mi alrededor, pero puedo controlar la mía. Puedo actuar libremente con lo que hago. Tendré que decidir qué hago. Con mis limitaciones, con mis miserias, con mis ignorancias, con todo lo que sé y aprendí, con todo eso, tendré que decidir cuál es la mejor manera de actuar.

Y tendré que actuar de esa mejor manera. Tendré que conocerme más para saber cuáles son mis recursos. Tendré que quererme tanto como para privilegiarme y saber que esta es mi decisión. Y tendré, entonces, algo que viene con la autonomía y que es la otra cara de la libertad: el coraje. Tendré el coraje de actuar como mi conciencia me dicta y de pagar el precio.

Tendré que ser libre aunque a vos no te guste. Y si no vas a quererme así como soy; y si te vas a ir de mi lado, así como soy; y si en la noche más larga y más fría del invierno me vas a dejar solo y te vas a ir… cierra la puerta, ¿viste? porque entra viento. Cierra la puerta. Si esa es tu decisión, cierra la puerta. No voy a pedirte que te quedes un minuto más de lo que vos quieras.

Te digo: cierra la puerta porque yo me quedo y hace frío. Y esta va a ser mi decisión. Esto me transforma en una especie de ser inmanejable. Porque los autodependientes son inmanejables. Porque a un autodependiente solamente
lo manejas si él quiere. Esto significa un paso muy adelante en tu historia y en tu desarrollo, una manera diferente de vivir el mundo y probablemente signifique empezar a conocer un poco más a quien está a tu lado.

Si sos autodependiente, de verdad, es probable que algunas personas de las que están a tu lado se vayan… Quizás algunos no quieran quedarse. Bueno, habrá que pagar ese precio también. Habrá que pagar el precio de soportar las
partidas de algunos a mi alrededor y prepararse para festejar la llegada de otros (Quizás…)”

Extraído de “26 cuentos para pensar” de Jorge Bucay.

Espero querido lector que, después de escuchar este cuento del psicólogo argentino, te entren más ganas de asumir tu parte de responsabilidad en esta película que es la vida, porque sólo siendo parte del problema, serás parte de la solución.

¿Has observado con qué esfuerzo los niños intentan echar balones fuera con eso de “yo no he sido, ha sido Fulanito”, como si eso les colocara en un lugar seguro, privilegiado, fuera de peligro?

¿Has observado como el adolescente lo sigue haciendo “No es mi culpa, el profesor me ha suspendido, me tiene manía”; recreándose una vez más en la pasividad que otorga en el no tener que ver con el problema en cuestión?

¿Has observado cómo el adulto sigue retrasando el momento de tomar cartas en el asunto, postergando aún más el asumir su responsabilidad en la vida que lleva con eso de “mi matrimonio ha fracasado por terceras personas, no tengo trabajo por la crisis, no pude estudiar por el ambiente que había en mi familia, estoy donde estoy por la mala suerte, etc.?

Si crees que todo lo que te ocurre es culpa de otros, las circunstancias o la mala suerte, significa que tu bienestar está en manos de terceros o algo externo, dependes absolutamente de otros. Estás esclavizado, vives en función de lo que otros digan, hagan, piensen o tengan preparado para ti.

¿De quién quieres que dependa tu bienestar? ¿Quieres sentir que tienes algo que ver con tu destino? ¿Quieres sentirte agente activo de tus circunstancias? ¿Quieres caminar hacia la autodependencia?

Si la respuesta es afirmativa, entonces te pregunto, ¿estás dispuesto a poner el foco en lo que depende de ti, en aquello a lo que contribuyes? Sólo asumiendo tu responsabilidad, sin temor a que la flecha del cambio apunte a tu persona, sentirás que tienes el volante para conducir tu vida.

A continuación, te dejo con el audio-libro “Cuentos para pensar” del escritor argentino Jorge Bucay:

¿Te consideras autodependiente?
¿De qué depende tu bienestar y felicidad?

Por | 2017-07-08T15:33:51+00:00 febrero 27th, 2015|Cuentos y frases célebres|1 comentario

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

Un comentario

  1. […] condiciones tus objetivos a terceros. Sigue el recorrido de la autodependencia, donde haces acopio de tu talento, ingenio y habilidades para que la ayuda del otro se convierta en […]

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POR LA AUTORA DE ESTE BLOG

EXPERTA EN TERAPIA PAREJA

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