No sé si soy normal o estoy loco: la temida etiqueta de los trastornos mentales.

 “¿Estoy loco?” o “¿Es normal lo que me pasa?” son dos de las preguntas más frecuentes con las que nos topamos los psicólogos. Un interrogante con el que conviven algunos durante meses, o incluso años, antes de consultar a un profesional, sufriendo desde el más angustioso desconocimiento, no sólo por el problema con el que se enfrentan, sino por la valoración que hacen de él.

Lo ven como una enfermedad grave que les incapacita mentalmente para llevar una vida digna. La cosa se complica más aún cuando es un trastorno que genera mofas o rechazo social. Esto hace que retrasen el momento de enfrentarse a ser evaluados, lo que por otro lado, y paradójicamente, es el primer paso para ver luz al final del túnel.

¿Te sientes identificado de alguna manera?

 Y es que está aún muy presente en el inconsciente colectivo la asociación entre sufrimiento emocional con enfermedad o trastorno mental. No son pocos los pacientes que me han consultado a lo largo de estos años creyendo fervientemente que se estaban “volviendo locos” por no saber detener un pensamiento obsesivo, hiperventilar en una situación social o no poder controlar su ira.

En ese momento, estaban absolutamente convencidos de que su dificultad para gestionar sus emociones y pensamientos distorsionados se debía a una enfermedad mental grave que estaba pasando desapercibida por los médicos a los que anteriormente habían consultado.

 Este miedo a ser estigmatizado y etiquetado con un trastorno psiquiátrico proviene de la idea de que si uno lo padece es “anormal”, y además no puede hacer nada para cambiarlo, pase lo que pase, como mucho esperar a que le curen pasivamente.

Algo que tampoco ayuda es la falsa creencia acerca de los manuales de diagnóstico psiquiátrico como clasificadores de personas, cuando lo que realmente clasifican son los trastornos de las personas que los padecen.

Hace décadas se hacía hincapié en la normalidad o anormalidad de los sujetos, actualmente en psicología y psicoterapia somos más los que optamos por hablar de:

  • conductas normales versus anormales
  • comportamientos adaptativos versus desadaptativos
  • conductas sanas versus tóxicas

No obstante, hay que señalar la parte práctica y funcional de las etiquetas médicas. Para los expertos en Salud Mental, hacer diagnósticos clínicos con los que poder identificar trastornos y sus respectivos tratamientos es inevitable, a la vez que necesario para facilitar la comunicación entre profesionales de la materia.

Ahora bien,  etiquetar a los pacientes de forma inamovible y rígida en términos absolutistas de “es” o “no es” no siempre es la vía más adecuada para dar con ese tratamiento de éxito que debería ajustarse individualmente a cada paciente.

No perdamos de vista nunca el hecho de que es más constructivo hablar de enfermos que de enfermedades, haciendo que sea la valoración de cada paciente con su manifestación particular del problema la que guíe la intervención.

Observemos la diferencia:

¿Qué preferirías escuchar: Ud es un TOC (trastorno obsesivo-compulsivo o ud tiene pensamientos obsesivos y conductas compulsivas?

Aparentemente podríamos estar hablando de lo mismo, sin embargo en el primer caso se pone el foco en lo que el paciente “es” patológicamente hablando, y en el segundo caso se subraya la patología de los pensamientos y conductas que el paciente manifiesta.

Cambiar lo que uno “es” se considera más difícil que cambiar lo que uno tiene (pensamientos y conductas negativas), de ahí que sea importante insistir en que la etiqueta no es algo fijo e inamovible con lo que haya que resignarse pasivamente.

Más allá de la comunicación entre expertos, expresar que una persona/ comportamiento es “normal o anormal” parece un juicio demasiado global y simplista, pues no se especifica con ello qué criterio se utiliza para hacer tal valoración.

Por eso, en la medida de lo posible, hablemos de lo que manifiestan versus lo que son. Evitemos caer en etiquetas estigmatizadoras prescindibles y ampliemos la perspectiva haciendo uso de constructos menos peyorativos como:

  • conductas adaptativas y desadaptativas
  • pensamientos racionales o distorsionados
  • conductas más o menos frecuentes según la estadística, etc.

 Confiemos en la potencialidad del hombre en perpetua evolución, defendiendo un concepto dinámico del individuo, reivindicando su derecho a seguir construyéndose en su experiencia, más allá de clasificaciones rígidas que no pueden dar cuenta de todo lo que es y seguirá siendo.

 ¿Persona normal o anormal?

La disyuntiva se me antoja cuando menos controvertida, pues a veces se acude a psicoterapia por conductas, sufrimiento, emociones, etc., que no están asociadas tanto a trastornos mentales o patologías médicas, como al mismo hecho de existir y ser. Por ejemplo, sentir cierta inseguridad, tristeza, miedo a lo desconocido, es consustancial a la vida y no te hace “anormal”, ni su ausencia “normal”.

Hay personas que padecen trastornos mentales que no acuden a un centro sanitario, y por tanto se privan de ser evaluados y tratados. Al igual que un alto porcentaje de pacientes que llevan a cabo psicoterapia no cumplen los requisitos para ser diagnosticados de un trastorno mental según criterios clínicos.

Por eso, en la consulta de un psicólogo ni son todos los que están, ni están todos los que son.

 Los malos de la película no son las etiquetas psiquiátricas en sí, sino el uso rígido y estereotipado que hagamos de ellas los profesionales, sin tener en cuenta los miedos y creencias distorsionadas con las que cada paciente en particular se enfrenta cuando se le coloca, cual carpeta sin ojos, la pegatina con el sello del diagnóstico.

Así que, si después de leer este artículo sigues preguntándote si eres normal o anormal, porque algunos de tus pensamientos o emociones te provocan malestar que arrastras desde hace tiempo, te invitamos a que consultes con un experto en salud mental para que puedas ser evaluado sin juicios de valor.

Y cuando tengas el diagnóstico, lo afrontes tan sólo como una explicación teórica de lo que te ocurre, no como lo que te define por completo.

Eres mucho más que un diagnóstico,

la etiqueta clínica es sólo un primer peldaño en tu proceso de recuperación, ni mucho menos la losa final.

A continuación, un vídeo que reivindica la necesidad de desprenderse de determinadas etiquetas especialmente estigmatizadoras para los niños:

¿Has pensado alguna vez que no eras normal?

¿Qué te vendría a la mente si te dicen “tienes un trastorno mental”?

Photo Pin: Chesi-Fotos CC