¿Por qué me cuesta tanto cambiar?

Imagino que, a lo largo de tu vida, habrás intentado cambiar cosas de ti mismo que no te convencían. Tal vez, hayas querido también hacer cambiar a alguien que te ocasionaba daño con su conducta. Si te paras a pensar, el cambio es uno de los objetivos que te acompañan siempre con certeza.

En cierto modo, todos buscamos cambiar, mejorar o perfeccionar nuestras habilidades. Unas veces te retas a ti mismo, y otras quieres desesperadamente imprimir un cambio en los demás.

Y cuando éste no llega, te frustras, te sientes culpable, enfadado o decepcionado contigo mismo o con los otros. En ocasiones, mantienes la expectativa de que algo, o alguien, cambiará, rozando la fantasía, pues la realidad te golpea con la crudeza de esos hechos que se repiten, una y otra vez, como el día de la marmota.

Entonces, ¿es posible cambiar?

¿Es oro todo lo que reluce?
¿Queremos cambiar verdaderamente, o nos resistimos al cambio?
¿Puede alguien cambiar, si se lo propone?
¿Basta con querer cambiar para que ocurra?
¿Acaso no vuelves, una y otra vez, sobre tus mismos pasos?

Pues afortunadamente, todos estos interrogantes no pueden responderse con un sí o con un no, y he ahí donde reside la cuestión. Digo afortunadamente, porque es una buena noticia el hecho de que las cosas no sean blancas o negras, que no podamos afirmar con rotundidad que todo está perdido y que nadie cambia bajo ninguna circunstancia.

Tampoco se puede sobrestimar el poder del pensamiento, si no va seguido de una acción. Desear cambiar es un paso necesario, pero no suficiente. Es el primer peldaño de la escalera que te llevará de un estado a otro, de un nivel a otro.

En definitiva, que todo el mundo puede cambiar en algún grado, pero no todo el mundo lo hace. No es sorprendente, si tienes en cuenta que para cambiar hace falta ser consciente de que puedes hacerlo.

“Tanto si crees que puede como si no, estás en lo cierto” Henry Ford.

El peso que tienen tus creencias sobre tus acciones y el desarrollo de tus potencialidades es mayor del que te imaginas.

Si ni siquiera eres capaz de visualizar algo como posible, ¿por qué vas a empezar entonces a trabajar por ello? Ahora bien, una vez que sabes que puedes tener cierto control sobre tus circunstancias, y que puedes mejorar la versión de ti mismo en cualquier momento, es importante que entiendas que querer no es sinónimo de conseguir, es sólo el preludio.

¿Has deseado alguna vez algo con muchas fuerzas?
¿Has pasado del deseo a la acción planificada?
¿Has sido consciente de tu papel para materializar las ideas en acciones que hagan viables tus objetivos?

Si respondes afirmativamente, habrás comprobado por ti mismo que hace falta algo más que desear cambiar para lograrlo. Y tal vez te hayas preguntado alguna vez algo similar al título del artículo: “si el cambio es posible, ¿por qué entonces no consigo cambiar?; si todos podemos cambiar, ¿por qué la gente no cambia?”

Aquí te dejo algunas de las posibles razones que pueden estar frenando tu desarrollo:

#1. Miedo a lo desconocido.

A veces, es tan grande el miedo a la incertidumbre, a no saber exactamente qué es lo que va a pasar, o los obstáculos con los que te vas a encontrar si realizas un cambio, que te quedas anclado en una situación dañina o conflictiva para ti.

Ahora bien, es imposible que tengas todo bajo control y que puedas manejar con antelación todas las variables nuevas que surjan en tu camino.

Propuesta: Las condiciones idóneas para un cambio no garantizan que no pueden surgir problemas, más bien están conectadas con tu autoconfianza, con la capacidad para creerte capaz en cada momento de poder ir afrontando a tu paso las adversidades.

#2. Baja tolerancia al periodo de adaptación.

Un cambio profundo implica un proceso de adaptación, no es un acto abrupto que se produce mecánicamente en instantes, sin que apenas te des cuenta, o te requiera esfuerzo y energía.

Si esto no lo tienes en cuenta, puede que te asustes cuando veas que, hasta los cambios que son “para mejor”, te demandan un tiempo para que te acomodes a ellos.

Es normal que al principio te sientas extraño, incómodo, un poco desorientado, pues has salido de tu zona de confort (lo que ya dominabas y conocías) para adentrarte en terreno nuevo.

Propuesta: Después del cambio, puede que notes que estás más tenso y activado, pero no interpretes estas señales como algo negativo que tienes que evitar a toda costa, sino como la respuesta normal que necesita exteriorizar tu cuerpo y tu mente para decirte “esto es nuevo”, “atento”, “con cautela”.

#3. La expectativa del cambio externo.

Si atribuyes tu malestar en un gran porcentaje a las circunstancias, a la mala suerte, a las conductas de los otros, etc. es bastante probable que te sientas impotente, frustrado y que pienses que nada puedes hacer por cambiar tu situación.

En cambio, si das mucho más peso a variables que tienen que ver contigo (atribución interna) como tu actitud, tu esfuerzo, tus pensamientos, tu trabajo, etc., empezarás a sentirte agente activo de tu vida, y será más probable que contribuyas a la transformación de tus circunstancias.

Propuesta: El cambio empieza por ti. Concéntrate en lo que depende de ti.

#4. Objetivos poco realistas o ambiguos.

Puedes estar muy motivado a dar un cambio, incluso puedes haber manifestado en palabras lo que quieres lograr; pero si no defines de manera concreta, medible y realista lo que quieres, te será más difícil saber qué pasos tienes que dar exactamente para alcanzarlo.

Cómo describas tus metas, será clave para que puedas delimitar la dirección y los pasos a dar.

Propuesta: Procura que el objetivo que te marques para cambiar sea tan conciso, que sepas con exactitud medir tu evolución (saber si lo vas consiguiendo o no). Por ejemplo:

Es mejor concretar en “destinar 1 hora a la semana a ordenar mi habitación (armarios, mesa y papeles)” que un objetivo ambiguo como “ser más ordenado”

La lista de razones o excusas para no cambiar no acaba aquí:

Miedo a perder lo que eres, o lo que tienes en tu presente.
No percibir el beneficio o lo que ganarías con el cambio.
No disponer de la información necesaria para llevar a cabo el cambio, y negarse a preguntar, pedir ayuda o apoyo.

¿Cuál es la tuya?

Te dejo con un vídeo basado en la novela de No es Obvio del Dr. Eliyahu Goldratt, presenta un planteamiento único para tratar de explicar por qué las personas se resisten al cambio.

¿Por qué crees que no logras cambiar?
¿Cuáles son tus razones para posponer o boicotear tus cambios?

Por | 2017-07-08T15:33:41+00:00 mayo 17th, 2016|Desarrollo personal|5 Comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

5 Comentarios

  1. pensamientocarlosreyes@outlook.es'

    A menudo nos cuesta cambiar porque nos planteamos cambios demasiado relevantes en un plazo de tiempo demasiado corto. Yo entiendo «el cambio» como una manera de estar en este mundo, pienso que lo más importante es educarse para adquirir una serie de pequeños hábitos diarios que terminen por transformarnos en gente que ame transformar aquello de su vida con lo que no está satisfecha. Pequeños pasos terminan por recorrer largos caminos.

    • Hola Carlos,
      Me gusta mucho tu propuesta, el cambio como una forma de estar en el mundo, sobre todo porque nos pongamos como nos pongamos lo único constante y seguro es el cambio, así que si nos dejamos fluir con él y no nos resistimos a él, mejor que mejor, ¿verdad?.

      Tu apunte sobre los pequeños pasos es tan acertado, si nos concediéramos el derecho de hacer esas pequeñas aproximaciones, habría menos frustración y disfrutaríamos más del camino.

      Muchas gracias por tus reflexiones.

  2. mail@jonsegura.com'

    Hola Patricia!

    Intención + acción, es la parte que más me ha gustado del texto.

    Confío plenamente en la profesión de la psicología para sanar «esas cuestiones» que impiden el cambio en la gente.

    La acción yo la veo más como una consecuencia de personas sanas.

    Me ha gustado también el vídeo de youtube, así que comparto el artículo 🙂

    Un saludo!!!

    • Hola Jon,
      Gracias por pasarte y tus aportaciones. Sí, son necesarias las dos cosas, y la una sin la otra es insuficiente. Incluso una acción si no tiene intención, no tiene dirección, y como tú bien sabes, más que hacer mucho es hacer lo adecuado; y ne ese sentido es donde un psicólogo también puede ayudarte y acompañarte a dar pasos con dirección hacia tus objetivos.

      Me ha gustado tu Blog. ¡Empiezo a seguirte!

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