Derechos asertivos : defiende lo que es tuyo
Creces con una larga serie de obligaciones: “tienes que madrugar, tienes que recoger tus zapatos, tienes que hacerme caso, tienes que hacer los deberes, etc.” El concepto de “deber” se te inculca desde los inicios, mucho más que la educación en tus derechos. Estos últimos pasan más inadvertidos, incluso pueden llegar a obviarse en determinadas circunstancias.
Los educadores y los padres invertimos mucho tiempo y energía en recalcar a los más pequeños sus obligaciones, aquello que tienen que hacer o que no deberían hacer; y dejamos en segundo plano los derechos, aquello que los niños han de interiorizar con confianza y determinación para que en el futuro puedan reclamarlos si les son usurpados.
Por eso, nunca está de más que repases tus derechos fundamentales e inherentes al mismo hecho de existir, aunque al leeros detenidamente te sorprendas diciéndote a ti mismo:
“Yo pensaba que no tenía ese derecho y que eso no “podía” hacerse o no “debía” sentirse o pensarse”
Y es que ser capaz de expresar lo que piensas y sientes, actuando en consecuencia, sin culpabilidad ni faltar el respeto a terceros es algo a lo que tienes derecho. Suena bien, ¿verdad? Pues resulta que esa capacidad está en ti, podemos desplegarla o inhibirla.
Hablamos de la asertividad, la habilidad para defender tus derechos sin agredir ni ser agredido. Muchas veces no la pones en marcha por miedo a la desaprobación o por simple desconocimiento de lo que te corresponde como ser único e irrepetible. Es importante que los tengas muy presentes en tus relaciones sociales, porque si ni siquiera sabes lo que te corresponde, ¿cómo vas a lucharlo?.
Son múltiples las ocasiones en las que esto puede darse, como por ejemplo cuando intentan manipularte o coaccionarte haciéndote sentir responsable de los sentimientos de terceros para beneficiarse de ello.
Aquí comparto una muestra de algunos de estos derechos con el objeto de que seas más consciente de lo que puedes hacer, pensar o decir en pleno uso de tu libertad:
- El derecho a mantener tu dignidad y respeto, comportándote de forma habilidosa o asertiva, aun cuando la otra persona se sienta herida o molesta, siempre que no violes los derechos humanos básicos de los demás.
- El derecho a ser tratado con respeto y dignidad. Cuando te lleguen mensajes que atentan a tu dignidad o te descalifican, tienes derecho a ignorarlos y/o no identificarte con ellos.
- El derecho a rechazar peticiones sin tener que sentirte culpable o egoísta. Por supuesto que el otro puede pedir, pero en ti reside la opción de valorar lo que puedes o quieres dar y las implicaciones que para ti puede tener lo que te piden.
- El derecho a manifestar y expresar tus propios sentimientos. El hacer uso de este derecho es uno de los recursos más útiles para evitar la frustración y el enfado. Si buscas las formas adecuadas y constructivas, prácticamente todo puede ser expresado.
- El derecho a establecer tus prioridades y tomar tus propias decisiones. Es esencial recordar que los criterios para valorar el mundo no son universales y absolutos, por lo que tu jerarquía de valores es tan válida como la de cualquier otra en principio, siempre y cuando no atente contra los derechos de los demás.
- El derecho a decir NO sin culpa. Puedes negarte a hacer un favor, puedes discrepar, puedes estar en desacuerdo, puedes declinar una invitación y una propuesta.
- El derecho a tu descanso y aislamiento, siendo asertivo. No hace falta esperar a que los demás se den cuenta de que estás exhausto o estresado, tienes el derecho a cuidar de ti mismo y buscar las condiciones adecuadas para recuperar tu energía y salud.
- El derecho a superarte, aun superando a los demás. Es lícito marcarte tus propios objetivos de desarrollo, y no inhibirte en tu crecimiento por una humildad malentendida. Tienes derecho a marcarte metas de superación, a sobresalir en algunas habilidades o competencias y a no pedir perdón por ello.
- El derecho a detenerte y pensar antes de actuar. Aunque los demás te exijan una respuesta inmediata, tienes el derecho a reflexionar, a postergar tu decisión hasta que te sientas seguro, y no sentirte presionado por la urgencia de otro.
- El derecho a cambiar de opinión. Si bien es cierto que la coherencia te hace estar en paz contigo mismo, no lo es menos el hecho de que la flexibilidad en el pensamiento y la capacidad de cambiar de opinión es un síntoma de inteligencia y un derecho ineludible.
- El derecho a pedir lo que quieras (dándote cuenta de que la otra persona tiene derecho a decirte “no”). No has de sentirme mal por pedir, siempre y cuando tengas en mente que el otro tampoco ha de hacerlo si quiere dar un “no” por respuesta.
- El derecho a hacer menos de lo que humanamente eres capaz de hacer. No siempre tienes que dar lo mejor de ti mismo ni rendir al 100%, ni estar incondicionalmente. Tienes derecho a no ser perfecto ni ejemplar.
- El derecho a ser independiente y buscar tus propios espacios.
- El derecho a decidir qué hacer con tu propio cuerpo, tiempo y propiedad. Cada uno distribuye, organiza y dispone de lo suyo como mejor entiende, sabe y puede; al tiempo que acepta las consecuencias que su elección implican.
- El derecho a pedir información. ¿Por qué tendrías que saber todo de todo?
- El derecho a cometer errores, y ser responsable de ellos. La imperfección es una realidad incuestionable y un derecho
- El derecho a sentirte a gusto contigo mismo.
- El derecho a tener tus propias necesidades y que esas necesidades sean tan importantes como las de los demás.
- Además tienes el derecho de pedir (no exigir) a los demás que respondan a tus necesidades y de decidir si satisfaces las necesidades de los demás. Libertad de acción que otorgas y asumes.
- El derecho a tener opiniones y expresarlas.
- El derecho a decidir si satisfaces las expectativas de otras personas o si te comportas siguiendo tus intereses, siempre que no violes los derechos de los demás.
- El derecho a hablar sobre el problema con la persona involucrada y aclararlo, en casos límite en que los derechos no están del todo claros.
- El derecho a obtener aquello por lo que pagas.
- El derecho a escoger no comportarte de manera asertiva o socialmente habilidosa (siempre que tu elección no se deba al miedo o a no saber qué hacer o decir).
- El derecho a tener derechos y defenderlos.
- El derecho a ser escuchado y a ser tomado en serio.
- El derecho a hacer cualquier cosa mientras no violes los derechos de alguna otra persona.
Finalizamos con un vídeo de estos 30 derechos tan fundamentales como desconocidos para algunos:
¿Sabías que tenías estos derecho asertivos?
¿Haces uso de ellos o te cuesta defenderlos?
Si tienes dudas sobre alguno de estos derechos, pregunta, consulta.
Photo Credit: ANSESGOB
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