Como tratar con un jefe tóxico

No era una de mis profesiones favoritas, pero creo que sí era adecuada para mí.

En principio, y sobre todo, la que elegí en algún momento de mi vida, en el que quería ante todo, trabajar cuanto antes.

Entré muy jovencita a trabajar en una empresa familiar, como secretaria. Me gustaba mi trabajo, lo tomé con mucha ilusión, utilizaba todas y cada una de las funciones para las que me había preparado durante dos años de estudios, incluidos los idiomas.

Después, al cabo de los años, se jubiló el jefe con el que yo más trabajaba y me quedé de secretaria del hijo del dueño de la empresa, persona no acostumbrada a respetar y tratar a su secretaria (ayudante) como una colaboradora con la que compartir y disfrutar del trabajo, sino con hábitos de dar órdenes, muchas veces levantando la voz y criticando los errores y despistes de su secretaria hasta la humillación.

Yo creía que mandar era “pedir con autoridad, pero con respeto”, no ordenar con exigencia y sin valorar a la persona que está, día a día, a tu lado ayudándote y colaborando contigo en el trabajo. Tu secretaria, tu ayudante, tu persona de confianza.

Pues han sido la friolera de 20 años, día tras día. Ahora que, por una reestructuración laboral, va a cambiar mi situación para bien; creo que por fin, voy a desarrollar mi labor, aquella para la que me preparé en mi día.

Realmente pienso que yo, y solo yo, he sido la culpable de esta situación, por miedo a perder mi empleo, por miedo a decir o expresar mis derechos y cómo me sentía.

De hecho, en los últimos años, supongo que por la edad y las experiencias vividas, si intenté expresar mi malestar en varias ocasiones, pero ya tarde imagino.

Decir mi opinión o queja por una conducta negativa de mi jefe contra mí, solo ha servido para que en más de una ocasión me haya amenazado con el despido, con motivo de “supuestamente levantarle la voz”.

He de decir también, que lo que he vivido en el trabajo me ha afectado negativamente en muchos aspectos de mi vida, en mi autoestima e incluso a veces en mi forma de hablar a mi hijo.

No sé si una conducta determinada sobre una persona, día tras día, durante años, puede hacer que esa persona tome esa conducta como suya, pero yo creo que a mí a veces me pasa en mi vida personal, hasta que abro los ojos y me doy cuenta de que “yo no soy así”.

Creo que es la diferencia entre las personas normales, como yo, y las que necesitan ponerse por encima de los demás para sentirse psicológicamente seguros.

Sé que puede parecer muy duro lo que digo, pero es un cúmulo de sentimientos que llevo dentro desde hace muchos años, y que muy pocas personas han podido comprender, porque yo, y solo yo, he vivido directamente la situación de ser una “secretaria sometida”.

Patricia, sólo te pido que nos des unas pautas y consejos para evitar estas situaciones antes de que lleguen a establecerse en tu vida.

Mil gracias por dejarme escribir mi testimonio en tu Blog. Un abrazo.

En primer lugar, agradecerte que compartas con los lectores del Blog tu historia de sometimiento laboral, porque si no lo exteriorizamos y compartimos, tampoco podremos cuestionarnos qué se puede hacer ante estas situaciones.

En segundo lugar, es importante dejar claro que tus miedos a perder el trabajo o recibir la desaprobación de tu jefe eran racionales, estaban fundamentados, pues se estaba dando un abuso de poder.

Sin embargo, lo que aquí queremos señalar es que, a pesar de esos miedos, merece la pena actuar por defender nuestros derechos desde la asertividad (esa habilidad que nos permite expresarnos sin agresividad ni sumisión), aunque no consigamos nuestros objetivos siempre.

Perder un trabajo no es un mal menor, por eso no pretendo, ni mucho menos, subestimar la repercusión que tendría en este caso, o en otros similares, irse a la calle.

Más bien, quiero animar a dignificar nuestro rol como trabajadores, ocupemos el rol o estatus jerárquico que ocupemos.

Es obligación del buen líder “mandar de forma constructiva”, que no “imponer criterios o instar a que se ejecuten acciones por coacción o temor”, esto último sería liderar de manera destructiva, tóxica e improductiva.

El buen líder es aquel que inspira y moviliza al cambio, el que sabe transmitir una idea para que otros la acaben desarrollando, reformulando o ampliando.

Como señala el Dr. Mario Alonso Puig, experto en motivación y comunicación, al líder se le puede seguir: por poder (miedo a perder el trabajo) o por autoridad (la integridad, credibilidad y coherencia que transmita).

Ahora bien, una vez que topamos con un jefe que no sabe liderar de manera constructiva, es nuestra obligación protegernos a nosotros mismos, intentar amortiguar en la medida de lo posible los efectos de su toxicidad en nuestra autoestima.

Esto puede hacerse a través de una herramienta muy potente, que no mágica, que es la asertividad, una habilidad entrenable para defender nuestros derechos.

Veamos algunos ejemplos prácticos:

#1. Cuida tu lenguaje no verbal

Expresa lo que piensas y sientes a tu jefe, pero mostrando seguridad al hablar. Si subes el tono (agresividad), el mensaje va a tener menos efectividad, porque las formas eclipsarán el contenido.

De la misma manera que, si bajas la mirada por temor o pudor, tu mensaje perderá fuerza, y será prácticamente ignorado.

#2. Cesa la comunicación cuando te hablan con agresividad

Si tu jefe te descalifica, o vuelca sobre ti su ira, lo mejor es que lo ignores tanto verbal (no le contestes a ello) como no verbal (retira tu atención visual de él).

A la vez, es importante que dejes claro que te parece más positivo hablar en un tono más tranquilo y respetuoso con posterioridad.

Este último mensaje hay que transmitirlo con seguridad, “entendiendo” el enfado de la otra persona, pero mostrándose firme con “la forma tóxica” y el aplazamiento de la comunicación.

Lo que se lee entre lineas de tu respuesta es: “con agresividad, no tienes mi atención; con tranquilidad y respeto, te presto atención”

#3. El objetivo es ejercer tu derecho a expresarte, no cambiar a tu jefe.

Quede claro que la asertividad no es la solución a todos los problemas de comunicación, ni una varita mágica para que el otro cambie.

Es más, a corto plazo, puede que el que te haya visto con actitud sumisa, confronte más contigo, si de repente ve que ya no te callas resignadamente.

Lo que sí es seguro es que te permitirá expresar tus necesidades y tus límites, y aumentará la probabilidad de que los demás te respeten y de que lleguéis a acuerdos.

Es conveniente señalar que, en casos de acoso laboral o en los que eres el cabeza de turco, la asertividad no es suficiente, y cabe plantearse otro tipo de recursos, e incluso ayuda profesional.

Cuanto más autoestima y asertividad desarrolles, menos probabilidad tendrás de sufrir mobbing, o por lo menos será más viable amortiguar su impacto.

¿Tienes un jefe tóxico?

¿Crees que abusan de ti en tu trabajo?

Por | 2017-08-07T19:59:20+00:00 junio 13th, 2017|Desarrollo personal|6 Comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

6 Comentarios

  1. furuikisui3@gmail.com'
    Emmanuel Arroyo 14 junio, 2017 en 6:32 am - Responder

    Es alarmante escuchar ese testimonio, realmente agrega valor al sitio y Patricia nos aconseja a no vivir con ello.
    Ademas de agradecer los valiosos consejos de Patricia, me gustaría dedicarle unas palabras a aquella srta. secretaria. Que despues de trabajar por mucho tiempo, pienso que tiene la posibilidad de emprender un proyecto que la haga sentirse viva de nuevo, y superar ese amrgo sabor, como secretaria estoy seguro que puede enseñar: etiqueta, modales, idiomas, taquigrafia, computacion orientada al secretariado, organizacion, etc. Podrías por ejemplo, hacer algun tutorial en youtube para que poco a poco vayas resarciendo ese daño psicologico que nos deja trabajar durante tantos años.

    Mereces ser feliz, y que agradable escuchar que haya secretarias tan buenas en su trabajo como ud.

    • Patricia Córdoba 14 junio, 2017 en 11:50 am - Responder

      Muchas gracias por tu aporte Emmanuel.
      Lo cierto es que testimonios así no son infrecuentes, y nos hacen replantearnos la necesidad de formar a nuestros jefes y líderes en inteligencia emocional, para que realmente puedan liderar sana y productivamente un equipo.
      Es importante trasladar una visión esperanzador en el sentido de que podemos hacer algo, de que debemos empezar a indignarnos con este trato, a no normalizarlo ni mucho menos resignarnos.
      Da pena los grandes profesionales que son ninguneados y desaprovechados, pero por autorrespeto y solidaridad para con nuestros compañeros, podemos empezar a salirnos (al menos mentalmente) de esas conversaciones tóxicas.
      Gracias de nuevo Emmanuel por tu empatía con la causa!

  2. malenalgete@hotmail.com'
    Malenachill 15 junio, 2017 en 9:20 am - Responder

    Estoy totalmente de acuerdo con Enmanuel y me parece muy buena idea la que propone.

    También me gustaría expresar mi sentimiento de apoyo a esta persona que ha sufrido esta situación durante años y estoy segura que en su nuevo proyecto podrá desarrollar su labor profesional como siempre tendría que haberlo podido hacer, con seguridad, sin miedos, valorada y respetada por su jefe, porque el que sabe mandar, respeta, valora y motiva, en ningún caso humilla.

    Gracias una vez más Patricia por dejarnos dar nuestros testimonios y sobre todo, por la ayuda que nos prestas con tus pautas.

    • Patricia Córdoba 17 junio, 2017 en 10:03 am - Responder

      Gracias a ti Malenachill por tu aporte, y por seguir transmitiendo como Enmanuel ese punto de esperanza. No dejemos que nos traten así, ni en los trabajos ni en la relaciones personales!!!

  3. diegoraul2075@gmail.com'
    Diego 17 enero, 2018 en 3:32 am - Responder

    Si uno ya analizó al jefe tóxico, ya hablaste con él con sus superiores y sigue igual solo cambia cuando hablaste con su superior cambia por un día y después sigue igual te dice que hay sobrellevarlo, lleva mas de 25 años en la empresa, siendo de trato de forma arbitraria, hace de que se peleen entre compañeros, piensa que con una palmada en el hombro ya te esta estimulando, es el primero que se apunta para alguna capacitación que el solo se inscribe mas no a sus empleados ni enterados, contrata a alguién con experiencia supuestamente que se demora mas de 15 días en hacer su trabajo y manda a alguien que haga el trabajo de dicha persona más no manda al antiguo, si le enfrentas se resiente, te manda más trabajo, más el no tiene la culpa, te sobrecarga de trabajo y etc; lo más sano es buscar otro rumbo donde tu talento sea más apreciado, en la cual se trabaja hasta que encuentres otro trabajo mejor.

  4. Patricia Córdoba 18 enero, 2018 en 12:07 am - Responder

    Hola Diego,

    Efectivamente, el clima de trabajo y el grado de toxicidad que te encuentras cada jornada, son criterios a tener muy en cuenta a la hora de plantearse dar un cambio laboral. En un trabajo valoramos el sueldo, la distancia, el prestigio, el horario, etc; pero es importante no subestimar el peso que puede tener en nuestra salud emocional y mental, el trabajar en un ambiente que nos inhibe y nos resta, en lugar de potenciar e incentivar.

    Gracias por tu comentario

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