Aumentar la paciencia sin superpoderes

¿Aumentar la paciencia es posible?

Hoy quiero hablarte de algo increíblemente valioso: la habilidad de ser paciente.

¿Quién no pagaría por tener un poco más de ella, especialmente en determinadas ocasiones frustrantes, conflictivas o incómodas?

Seguro que te has encontrado más de una vez en una situación en la que has perdidos los nervios, y la invitada de hoy ha brillado por su ausencia.

Has comenzando a gritar, a descargar improperios, y a responder de forma agresiva a quien quiera que en ese momento fuera un obstáculo o una razón para sacarte de tus casillas.

Un tiempo después, a veces incluso unos minutos después, te arrepientes de haber perdido las formas y haber sacado lo peor de ti, y te prometes a ti mismo contar hasta 10 la próxima vez que notes que estás a punto de explotar.

Las buenas intenciones están muy bien, siempre y cuando vayan seguidas de acciones,

Empieza a ejercitarte en el arte de desarrollar la paciencia para que cuando lleguen momentos estresantes, cuentes con más recursos para hacerles frente.

#1. Detecta el humo antes que el fuego

Sé consciente de que la paciencia no es algo que pierdes pasando del 10 al 0.

Es un goteo que se va instaurando en ti, con mayor o menor velocidad, según tus recursos y habilidades, pero eso sí, dejando señales desde la primera gota que pierdes.

Algo que puede ayudarte es familiarizarte con esas primeras señales de activación que tu cuerpo te envía a través de un aumento de tasa cardíaca, un nudo en el estómago o en pecho, la tensión de tus hombros o mandíbula, la agitación de tu respiración, etc.

Escucha bien los primeros indicios de que estás tensándote.

Cuando lo hagas, etiqueta lo que te está ocurriendo para darle un significado que rápidamente puedas interpretar como: “Me noto que estoy empezando a ponerme tenso. Siento que estoy cerca de perder mi control y paciencia”

Este es el primer paso para prestarte a ti mismo la ayuda que necesitas: identificar el inicio de un problema que está a punto de llegar. ¡Adelántate!

#2. Focaliza en tu respiración.

Si percibes que estás empezando a impacientarte, es porque tu cuerpo habrá comenzado a enviarte esos primeros mensajes de los que hablábamos, entonces es un buen momento para llevar a cabo una respiración consciente.

Es decir, deja por unos instantes de concentrarte en el estímulo externo que está activándote, para desviar tu atención hacia una respiración diafragmática. Veamos en qué consiste:

Coge aire lentamente por la nariz, intentando desplazarlo a la cavidad abdominal.

Con una mano sobre el pecho y la otra sobre el abdomen, comprueba si estás depositando el aire sólo en la parte superior de los pulmones/ pecho (incorrectamente), o si llenas también la parte baja de estos dirigiendo la cavidad abdominal hacia fuera (correctamente).

Antes de expulsar el aire, lo retienes de cinco a diez segundos para después soltarlo por la boca lentamente, como si estuvieras soplando por una pajita a intervalos.

En cada soplo, que no ha de ser brusco, debes notar como tu abdomen se contrae gradualmente hasta volver a su posición original.

A medida que vas eliminando el aire, con cada expiración ve repitiendo mentalmente la palabra “calma, relax, paz, descanso” o  cualquier término que represente la relajación para ti.

¿Aumentar la paciencia es una ciencia?

#3. Enlentece tu habla y tus movimientos

Si la situación que tienes ante ti, está retando tu paciencia, y comienza a invadirte una sensación de impotencia, injusticia y frustración, algo que puede ayudarte a no llegar a perder el control de tus impulsos es enlentecer tus movimientos, tu forma de hablar y tus gestos.

Esto te permitirá escoger mucho más las palabras que quieres expresar, cuidar las formas y responder de manera asertiva (manifestando lo que piensas, sin agresividad ni hostilidad).

#4. Sal mentalmente de la escena conflictiva.

Cuando estés delante de alguien que está desafiando tu paciencia, que se muestra negativo, demandante, reiterativo u obsesivo, piensa que tienes un reto de autocontrol ante ti.

Intenta hacer este ejercicio, sal mentalmente de la escena que estás viviendo, como si la vieras desde fuera, como espectador.

Escapa mentalmente por un momento de lo que estás viviendo, míralo como si le estuviera pasando a otro.

Empatiza con la postura del otro, mira por sus ojos, después observa de nuevo la escena desde fuera para abordarla desde la distancia, más fríamente, sin tanta implicación emocional.

Busca una explicación, que no justificación, de lo ocurrido.

Probablemente, lo que te moleste siga siendo lo mismo, pero ahora te resultara más fácil no sentirte tan afectado por ello, porque habrás aprendido a relativizar el peso de la emoción suscitada, observándola desde fuera.

#5. Entrénate en la espera.

Busca adrede situaciones que potencien la espera, no vayas siempre por el atajo, lo inmediato, o lo rápido.

Busca actividades que te permitan realizar una secuencia de pasos, y que te demanden esperar: cocinar algo que has de dejar reposar, hacer un puzzle que sabes que tendrás que dejar a la mitad durante un tiempo, leer un libro, plantar una semilla e ir viendo su desarrollo, pescar, etc.

Entrénate en la filosofía de “hoy no puedes hacer más, espera”.

Notarás como cada día va aumentando tu umbral de paciencia, porque te haces mucho más tolerante a la espera de un resultado, disfrutando tanto del camino como de la meta.

¿Consideras que tienes paciencia?

¿Pierdes la paciencia a menudo?

Por | 2019-01-03T19:44:48+00:00 febrero 18th, 2019|Psicología|Sin comentarios

About the autor:

Licenciada en Psicología por la UAM, Col. Nº M-16099. Experto en Psicoterapia Breve. Máster en Sexología y amplia experiencia como psicóloga y formadora en el área de la psicología de la salud y la educación. Fundadora de Tupsicologia.com, asesoramiento psicológico presencial y on line, un apoyo profesional y cercano

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POR LA AUTORA DE ESTE BLOG

EXPERTA EN TERAPIA PAREJA

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