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ANOREXIA: “tú comes y yo miro”

La anorexia nerviosa no sólo consiste en dejar de comer por miedo a engordar, también supone no gustarse a uno mismo, no aceptarse como persona. Se asocia la delgadez a la búsqueda de la perfección y de la felicidad, por ello, las personas afectadas limitan la cantidad de alimentos que ingieren. Cuando la enfermedad ya está avanzada se produce una distorsión de la imagen corporal: la persona se ve gorda aunque no sea así.

El rasgo común de este desorden alimenticio, es el intentar mantener el control sobre la cantidad de comida que se ingiere con periodos de ayuno, recuento obsesivo del contenido calórico de los alimentos, el ejercicio compulsivo, y/o la purgación después de una comida regular. A diferencia de lo que ocurre en las dietas normales, que finalizan cuando el peso deseado es alcanzado, en la anorexia la dieta prosigue llevando el peso de la paciente por debajo del límite normal correspondiente a su edad y altura, con consecuencias como: úlcera de estomago y esófago; riesgo de paro cardiaco por falta de potasio; alopecia, amenorrea, déficits en el rendimiento intelectual y físico, etc.

No podemos hablar de una única causa o causas específicas que desarrollen el trastorno, pero sí de factores influyentes: culturale: una moda contranatura que exige para triunfar una delgadez caracterizada por un cuerpo asexual, rectilíneo, más propio de un cuerpo de niña que de mujer; familiares: madres sobreprotectoras, padres y hermanos excesivamente críticos, tener familiares obesos o convivir con personas que le den mucha importancia al peso y a la apariencia física;  vulnerabilidad personal: tener una baja autoestima, falta de seguridad, ser demasiado perfeccionista, tener autoexigencias desmedidas, preocuparse en exceso por lo que los demás piensen de uno, percibir que se tiene poco control sobre la propia vida, ser poco habilidosos socialmente...

El éxito de la terapia para los trastornos de la alimentación depende de muchos factores, entre ellos: un mínimo de reconocimiento, el deseo de cambio, la edad de inicio, la duración, etc. Es importante recordar que no hay una cura milagrosa para este trastorno, pues implica problemas contra los que las pacientes han luchado y seguirán luchando durante la mayor parte de sus vidas. Pero un buen programa de psicoterapia puede ayudar a reforzar la autoestima, eliminar la percepción errónea del cuerpo, cuestionarse ideas irracionales sobre el comer, la fobia a engordar, cómo enfrentarse a sus problemas sin incurrir en conductas autodestructivas,  participación sana de la familia, etc. Es responsabilidad de todos saber que es mucho más que verse gordo, es una enfermedad que “vive de no comer”, que se oculta, pero que afortunadamente tiene tratamiento.

 

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