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Ansiedad ante los exámenes:
Una cantidad determinada de energía para realizar cualquier actividad (incluida estudiar) es necesaria. Cierto grado de tensión es positivo, nos activa intelectual, física y emocionalmente, además de mejorar el rendimiento. El problema comienza cuando se pasa de estar activado a estar sobreactivado. Y esto nos ocurre cuando anticipamos un peligro, ya sea real o imaginado (“no me va a dar tiempo, seguro que me quedo en blanco; suspenderé como siempre”), o bien durante el propio examen. Es entonces cuando el temor a las reprimendas, al ridículo o a no conseguir las metas, ocupan más espacio en nuestra mente que los propios contenidos del examen. Además hay factores que incrementan esta tensión: malos hábitos de estudio o un “atracón” de estudio la noche previa, experiencia anterior de haberse quedado en blanco o bloqueado, excesiva presión por castigos futuros, etc.
La ansiedad se identifica: físicamente (alteraciones del sueño, pérdida de apetito, náuseas, dificultad para respirar, taquicardia, sudor frío...); en el comportamiento (falta de concentración, pasividad, malgastar tiempo, evadirse, posponer o no presentarse a un examen..) y psicológicamente (dificultad para comprender las preguntas, bloqueos de memoria, pensamientos negativos del tipo "soy incapaz de estudiármelo todo", "tengo menos capacidad que otros ", "yo no valgo para esto", "qué bien viven los que no tienen que estudiar”...
Las tres pautas principales son:
1. Preparación técnica, el aprender a estudiar: entrenarse en técnicas de estudio como la lectura comprensiva, el subrayado, los resúmenes, esquemas, estrategias de memoria y la autoevaluación; planificación del tiempo; repasar antes de entregar.
2. Preparación mental. Identificar cuáles son los pensamientos negativos, y sustituirlos por otros positivos, de carácter tranquilizador. Ej: en vez de decir “Voy a suspender” di “Tengo la habilidad para aprobar, sólo necesito trabajar más”, “Un poco de activación me puede ayudar. Así lo haré lo mejor que pueda”, "He hecho todo lo que he podido, ahora es cuestión de que salga lo que sé", "esto es sólo un examen", "dentro de unos días todo habrá pasado", "otras veces también he podido con ello", "aunque suspenda podré superarlo más tarde” etc. Analiza si lo que piensas refleja la realidad o es algo exagerado, negativo y generaliza demasiado como ¡todo me sale mal!, !no aprobaré nunca!.
3. Técnicas de relajación (tanto estudiando como en el examen): la respiración abdominal y la relajación muscular, proporcionan un mayor aporte de oxígeno, facilitan la relajación mental y relativizan el temor.
No obstante, como cada alumno tiene sus propios déficit y recursos, lo adecuado es recibir un asesoramiento psicopedagógico personalizado para optimizar su rendimiento en los exámenes, sin que éste se vea mermado por síntomas de ansiedad.
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