Estrenas el año, dejas atrás las fiestas navideñas, y sin darte apenas cuenta, estás de nuevo metido en faena, ¿verdad? Parece que las rebajas te quieren distraer un poco de la vuelta a la rutina, pero el calendario no miente, un nuevo ciclo comienza.

Ya te han deseado todos tus seres queridos y conocidos un felicísimo inicio de temporada. Ya te has llenado de buenos deseos y una tonelada de energía positiva que siempre viene bien.

Ahora llega el momento de decidir qué haces con todas esas buenas intenciones que te entraron con las doce campanadas. Ahora llega el momento de conseguir transformar esos deseos en objetivos.

Porque … ¿ tú quieres que sea realmente así, no?, ¿sientes la necesidad de abrir etapa? ¿te gustaría que las cosas fueran diferentes en algún grado o en algún área importante de tu vida?

Si tu respuesta es afirmativa, te invito a que te lo tomes con calma, con perspectiva y sin duda con entusiasmo. No se trata de hacer un sprint ahora, y que te quedes sin fuerzas a finales de mes o a principios del siguiente.

Entiendo perfectamente que te contagies del espíritu motivacional que nos impregna en este mes. Tantos propósitos, tanto por hacer, tanto por comenzar.

En estas primeras cuatro semanas del año suelo recibir un aluvión de pacientes y consultantes que demandan mis servicios, en su gran mayoría impulsados por la fuerza renovadora del año que nace.

Enero es un mes muy atractivo para subirse al tren de los cambios. Algunos sufren de lo que llamamos flechazo motivacional estacional, una fuerza arrolladora temporal por conocer más, saber más, desarrollarse más, adelgazar más, y cambiar más y a mejor.

¿Te ha pasado? ¿Te está pasando? De pronto notas cómo algo en tu interior te dice “ahora, vamos, comienza a hacer eso que arrastras como asignatura pendiente”:  apuntarte al gimnasio, a cursos, al psicólogo, a los últimos avances en estética, a renovar tu vestuario, a dejar de fumar, a sacarte el carnet de conducir, a matricularte en aquello que …etc.

Está bien, todos estos  propósitos son un primer peldaño estupendo, de hecho toda acción viene precedida de una intención, pero sabes que hace falta algo más para que llegue a concretarse en una realidad.

En otros artículos te comentaba cómo para que los deseos lleguen a transformarse en objetivos y estos se cumplan, es necesario que estén formulados de una manera concreta, realista, medible y positiva.

Al marcarte fines demasiado abstractos o complejos, es muy probable que te desanimes por el camino, te frustres y tú mismo te boicotees.

Cómo te planteas y defines tus objetivos, determina en gran medida su consecución. No obstante, más allá de eso, hay algo más importante que alcanzar tus metas.

¿De qué te sirve finalizar ese máster, conseguir ese empleo o pesar 5 kilos menos, si no sabes muy bien para qué lo haces? ¿Para qué te propones lo que te propones?

¡Dale un sentido a tus objetivos para que no se conviertan en meros premios de estantería, que no sabes para qué los ganaste o para qué están en tu vida!

El año nuevo puede ser una vida nueva, si y solo si tú quieres que así sea, dándole sentido a esos pasos que dibujas ahora.

Nadie puede, ni debe, decirte de qué te servirán tus objetivos. Tú eres el más capacitado para tomar conciencia de los beneficios que vas a obtener al adelgazar esos kilos, lo que puede reportarte en tu vida el formarte de nuevo o aprender ese idioma.

Lo que sí puedo es recordarte dos razones por las que merece la pena formularse metas y trabajar por conseguirlas. Subrayo la segunda parte “y trabajar por conseguirlas”, porque no basta con tener sueños, sino con trabajar para materializarlos.

#1. Una guía.

El ser humano necesita sentirse orientado, saber dónde pisa y hacia donde se dirige. Busca desesperadamente un mapa del territorio, bien construyéndoselo él mismo, bien tomándolo prestado de otros.

Cuando persigues un fin, das sentido al caminar, encuentras una dirección. Y es que visualizar el horizonte, apacigua la incertidumbre consustancial a la vida.

De ahí que lo pases tan mal en esas etapas de crisis, en las que no sabes qué hacer con tu vida: si estudiar esto o lo otro, si trabajar por tu cuenta o para otros, si salir de tu país o quedarte en casa de tus padres unos años más, si irte de alquiler o meterte de lleno en una hipoteca; si dejar a tu novio o continuar un poco más…

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#2. Un impulso y una motivación a la acción.

En esta etapa del año, renuevas la ilusión en forma de pequeños compromisos contigo mismo, porque eso te devuelve una imagen de ti que te gusta, que te alienta, que te anima a levantarte.

Además, a través de tus metas diseñas un marco de referencia que te facilita la toma de decisiones y la planificación de tus acciones. Por eso, es importante que tus propósitos sean congruentes con tu escala de valores.

Si te alejas de tus valores, tu mente redefinirá tus objetivos para sentir satisfacción y coherencia.

En definitiva, que la vida te pone otros doce meses por delante, si tú quieres, para que aproveches la temporalidad del ciclo para incentivarte y renovar el contrato de seguir mejorando la versión de ti mismo, y mientras, disfrutar del proceso.

¿Qué quieres hacer de forma diferente este año?

¿Sientes eso de año nuevo, vida nueva?